La UCO crea una herramienta para que las farmacias valoren la calidad de vida de pacientes crónicos

La UCO prueba un modelo de redes neuronales en farmacias comunitarias para detectar qué factores marcan la calidad de vida de pacientes crónicos.

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De izquierda a derecha: María José Reyes, José Luis Ávila y Vanesa Cantón. UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA

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Investigadoras del Departamento de Enfermería, Farmacología y Fisioterapia de la Universidad de Córdoba (UCO) han desarrollado una herramienta apoyada en redes neuronales que permite a las farmacias comunitarias detectar las variables que condicionan la calidad de vida de personas con patologías crónicas.

Según ha informado la institución académica en una nota, las farmacias comunitarias son aquellos establecimientos de barrio o de pueblo con vocación de servicio sanitario en el entorno no hospitalario. Actúan como primera puerta de entrada al sistema de salud y, gracias a su accesibilidad, proximidad y vínculos de confianza con los usuarios, ofrecen una atención que trasciende la mera dispensación de fármacos. En el caso de pacientes crónicos que acuden periódicamente a por su medicación, la oficina de farmacia se convierte en un punto clave de seguimiento de su enfermedad y de su calidad de vida.

En este marco, las investigadoras del Departamento de Enfermería, Farmacología y Fisioterapia de la UCO María José Reyes y Vanesa Cantón, junto con el investigador de Ingeniería Electrónica y de Computadores de la UCO y miembro del instituto DaSCI José Luis Ávila y la investigadora de la Universidad de Jaén María Pilar Carrera, han diseñado un modelo de aprendizaje profundo para determinar, desde la propia farmacia, qué factores tienen mayor peso en la calidad de vida de estos pacientes.

“El estudio se desarrolló con información de 347 pacientes crónicos, patologías cardiovasculares como hipertensión arterial, cardiopatías o arritmias; diabetes tipo II, artrosis, artritis reumatoide o patologías mentales como depresión y ansiedad. Los datos se recogieron en las dos farmacias comunitarias de Espejo (Córdoba), incluyendo 257 variables distintas a partir de datos socio demográficos, historias clínicas, analíticas o diferentes diagnósticos de los pacientes y se hizo un seguimiento a lo largo de nueve meses”, explica María José Reyes, autora principal del trabajo.

A partir de esta base de datos se ensayaron cinco modelos predictivos diferentes y se logró “el mejor desempeño con un modelo basado en aprendizaje profundo que combina las respuestas de cinco redes neuronales”, señala José Luis Ávila. Para abordar el problema de la opacidad de estos sistemas, que ofrecen una salida sin detallar el proceso interno, se recurrió a técnicas de explicabilidad que permiten interpretar qué sucede dentro del modelo y por qué genera determinadas predicciones, algo esencial para que el personal sanitario pueda confiar y contrastar los resultados.

Las conclusiones del modelo indicaron que el dolor, las limitaciones en la movilidad, el uso de ciertos tratamientos farmacológicos como los betabloqueantes, los síntomas emocionales y las dificultades para llevar a cabo las tareas cotidianas fueron los elementos que más impactaron en la percepción de calidad de vida de los pacientes crónicos.

En esta línea, para la investigadora Vanesa Cantón “el objetivo era tratar de explicar qué variable determina que un paciente tenga calidad de vida”. A menudo se asume “que puede ser la patología o la severidad de la misma pero hay cuestiones que se consideran más secundarias, pero que cobran mayor protagonismo como puede ser el dolor o la movilidad. Eso deja ver que la interferencia que tenga la patología en su vida diaria es lo que repercute en la visión que tienen de su calidad de vida”.

La predicción de la calidad de vida y del factor que más influye en ella, generada por el modelo, se contrastó con los datos reales obtenidos mediante cuestionarios de autopercepción cumplimentados por los mismos pacientes, lo que permitió verificar la viabilidad de la propuesta.

De este modo, el modelo se plantea como una futura herramienta de apoyo para el personal farmacéutico, orientada a centrar la atención en aquellas variables que están deteriorando la calidad de vida de los pacientes crónicos y avanzar hacia una asistencia más personalizada, ajustando las intervenciones sanitarias para evitar el empeoramiento o la aparición de nuevas patologías.

“Este trabajo se encuadra en un contexto en el que la farmacia comunitaria comienza a cobrar mucho protagonismo en el control del paciente y ofrece una herramienta para conocer cuál es la calidad de vida del paciente”, ha apostillado Vanesa Cantón.

Al subrayar que, pese a la complejidad de las enfermedades crónicas, el bienestar físico y emocional resulta decisivo, este estudio contribuye a reforzar la medicina personalizada aprovechando las redes de confianza, la cercanía y la atención humanizada que caracterizan a las farmacias comunitarias.