La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) ha reclamado intensificar las estrategias de prevención frente al síndrome cardio-reno-metabólico, al considerar que en España una parte muy elevada de la población reúne factores de riesgo para desarrollarlo.
Así lo ha señalado la doctora Alejandra Gullón, del Hospital Universitario La Princesa de Madrid, durante la XXVIII Reunión de Insuficiencia Cardiaca y Fibrilación Auricular celebrada en Zaragoza.
Según ha detallado Gullón, alrededor del 30 por ciento de los adultos en España presenta síndrome metabólico, un 15 por ciento padece diabetes y cerca de un 20 por ciento sufre obesidad. Estos tres problemas de salud actúan como base para la aparición del síndrome cardio-reno-metabólico y, además, constituyen un importante reto sanitario global, de acuerdo con el IDF Diabetes Atlas de la International Diabetes Federation.
En este contexto, la especialista recuerda que el síndrome cardio-reno-metabólico es todavía un concepto relativamente reciente, definido por la Sociedad Americana del Corazón (American Heart Association) hace apenas tres años, en 2023. Por ello, insiste en la necesidad de aumentar la sensibilización tanto entre la ciudadanía como entre los profesionales sanitarios.
“Es un trastorno sistémico caracterizado por la interacción de alteraciones metabólicas, el desarrollo de la enfermedad renal crónica y de patologías cardiovasculares. El daño orgánico no solo es aditivo, sino que se potencia y retroalimenta. Se asocia a exceso de adiposidad, grasa visceral, inflamación, daño oxidativo y resistencia a la insulina, que afectan a arterias, riñones y corazón, por lo que es clave identificar a los pacientes en fases precoces, antes de que aparezcan manifestaciones clínicas”, ha explicado Gullón.
La internista recalca que la prevención resulta esencial, ya que este síndrome se vincula a una elevada mortalidad prematura y a una importante carga de discapacidad. Las personas afectadas presentan un riesgo muy alto de complicaciones cardiovasculares (infarto, insuficiencia cardiaca e ictus), así como de progresión a enfermedad renal crónica que, en algunos casos, puede terminar requiriendo diálisis o trasplante.
En esta línea, Gullón ha incidido en que los principales detonantes del síndrome cardio-reno-metabólico son la obesidad y el exceso de adiposidad, el sedentarismo, una dieta rica en productos ultraprocesados, el consumo de tabaco y patologías como la hipertensión arterial (HTA), la diabetes o las alteraciones de colesterol y triglicéridos.
Características y evolución del síndrome cardio-reno-metabólico
La SEMI explica que el síndrome cardio-reno-metabólico se desarrolla de forma progresiva a lo largo de varios años. En su curso natural se distinguen diferentes fases. En la etapa preclínica (estadio 1) solo se observan factores de riesgo como sobrepeso, obesidad o resistencia a la insulina, pero sin síntomas evidentes. En las fases intermedias (estadios 2 y 3), los pacientes ya pueden presentar diabetes, hipertensión, dislipemia y/o enfermedad renal crónica, a lo que se suma posteriormente daño subclínico arteriosclerótico y cardiaco. Finalmente, en el estadio 4 aparecen los eventos cardiovasculares manifiestos, como ictus, cardiopatía isquémica, enfermedad arterial periférica o insuficiencia cardiaca (IC).
En los estadios intermedios, las manifestaciones clínicas pueden pasar desapercibidas. Entre ellas se incluyen el aumento de las cifras de presión arterial (PA), hiperglucemia en rango de diabetes, presencia de proteínas en orina o microalbuminuria, sensación de falta de energía, cansancio, hinchazón de piernas o la aparición de disnea o dolor torácico al realizar esfuerzos habituales como subir escaleras.
No obstante, la SEMI subraya que, en sus fases tempranas, el síndrome cardio-reno-metabólico puede revertirse o al menos corregirse de forma significativa. Una pérdida de peso superior al 10 por ciento del peso corporal podría conseguir una reducción o incluso reversión de la diabetes, una mejoría notable de la HTA y la normalización de los triglicéridos, entre otros parámetros.
Cuando el daño ya está establecido, el objetivo del abordaje terapéutico pasa por frenar la progresión y estabilizar la enfermedad. “Una parte muy importante de la población tiene insuficiencia renal sin diagnosticar y, a menudo, la situación renal no se evalúa si no hay síntomas. El síndrome cardio-reno-metabólico tiene una evolución de años, por lo que tenemos una ventana de oportunidad para prevenirlo antes de que dé síntomas y nunca debemos esperar a que surjan complicaciones graves como el fracaso renal, o problemas cardíacos como la insuficiencia cardíaca, para empezar a intervenir”, subraya Gullón.
Por último, la SEMI remarca que el médico internista cuenta con un “perfil idóneo” para liderar y coordinar el manejo del síndrome cardio-reno-metabólico, gracias a su visión global de los pacientes pluripatológicos y complejos. Sin embargo, insiste en que el enfoque multidisciplinar es imprescindible, comenzando por la prevención y la promoción de la salud a nivel poblacional, impulsadas desde la Atención Primaria (AP) y las políticas de Salud Pública.
“El abordaje de estos pacientes requiere un enfoque integral y multidisciplinar, especialmente en aquellos con múltiples comorbilidades como hipertensión, diabetes, insuficiencia cardiaca u obesidad. En este contexto, la Medicina Interna desempeña un papel clave por su visión global, coordinando la atención entre especialidades y evitando la fragmentación del manejo clínico”, finaliza Gullón.