Un oftalmólogo destaca que la cirugía refractiva permite corregir varios defectos visuales en una sola operación

La cirugía refractiva personalizada permite corregir varios defectos visuales a la vez, cada vez más frecuentes entre la población adulta en España.

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Las técnicas de cirugía refractiva, entre ellas la corrección visual con láser, hacen posible abordar de forma simultánea distintos errores de graduación, como la miopía y el astigmatismo. Estos procedimientos se diseñan de manera personalizada para cada paciente, tal y como subraya el médico oftalmólogo y cofundador de Baviera, Fernando Llovet.

De acuerdo con el último “Estudio de la Visión en España”, elaborado por Baviera en 2025 a más de 2.000 personas mayores de 18 años, el 79 por ciento de la población adulta en España presenta actualmente algún problema de visión.

Dentro de estos problemas, los defectos de refracción son los más habituales. En este grupo se incluyen la presbicia (vista cansada, que afecta al 42 por ciento), la miopía (visión deficiente de lejos, que sufre el 38 por ciento), el astigmatismo (visión borrosa a todas las distancias, que padece el 38 por ciento) y la hipermetropía (dificultad para ver de cerca, con un 17 por ciento de afectados).

“Nuestros ojos disponen de dos lentes naturales, la córnea y el cristalino, que son las que nos ayudan a enfocar las imágenes. Si este proceso se produce de manera adecuada, las imágenes se formarán de manera nítida en la retina y la persona verá con claridad. Los defectos de refracción son anomalías que dificultan este proceso y ocasionan que veamos los objetos borrosos o distorsionados”, ha explicado Llovet.

Estos trastornos visuales no se excluyen entre sí y es frecuente que coincidan varios en una misma persona. Así, el 47 por ciento de los encuestados declara tener más de un defecto visual: el 29 por ciento convive con al menos dos, el 14 por ciento con tres y el 4 por ciento con más de tres problemas de visión a la vez. Por el contrario, el 32 por ciento de los españoles solo presenta un defecto refractivo.

La probabilidad de acumular varios problemas visuales aumenta con el paso de los años. Según el informe, entre los 18 y 34 años el porcentaje de personas con más de un defecto es del 34 por ciento; en el tramo de 35 a 54 años asciende al 45 por ciento y, a partir de los 55 años, se incrementa hasta el 57 por ciento.

Defectos de refracción que suelen aparecer combinados

Los resultados del estudio muestran que la combinación más frecuente es la de miopía y astigmatismo, que se presentan juntos en el 12 por ciento de la población. La presbicia también tiende a asociarse con otros defectos, ya que surge de forma progresiva a partir de los 40/45 años como consecuencia del envejecimiento del cristalino.

Por ello, los especialistas señalan que es muy común que personas con miopía o hipermetropía desarrollen además presbicia con la edad. De hecho, el 28 por ciento de los españoles presenta presbicia junto con uno o más defectos adicionales, como miopía, hipermetropía o astigmatismo.

En pacientes jóvenes cuyo grosor corneal no permite el láser, o con graduaciones muy elevadas, se recurre a la implantación de una lente intraocular que “ayudará a solucionar el problema visual”. Estas lentes se adaptan también a cada caso, de modo que pueden corregir varios defectos a la vez y, en personas jóvenes, se añaden al sistema óptico “sin sustituir ninguna estructura ocular y manteniendo el cristalino”.

“En el caso de que el paciente ya padezca presbicia, también se procederá a colocar una lente intraocular, pero en este caso será una lente multifocal. En la operación de presbicia lo que hacemos es sustituir el cristalino envejecido, que ha perdido su capacidad de enfoque, por una lente intraocular que devolverá al paciente un buen rango de visión a todas las distancias: próxima (lectura o móvil), intermedia (ordenador) y lejana. Al ser también lentes personalizadas, se podrán corregir otros defectos visuales en caso de que el paciente los padezca”, ha añadido el oftalmólogo.

La cirugía refractiva se caracteriza por “su eficacia, seguridad y predictibilidad”. Se trata de intervenciones sencillas para el paciente, que en la mayoría de los casos se realizan de forma ambulatoria, con anestesia en gotas, y con un periodo de recuperación breve y un postoperatorio generalmente “muy cómodo y llevadero”.