El viajero alicantino al que un tiburón le amputó una pierna durante sus vacaciones en Maldivas ha manifestado sus “ganas de volver a España” y “de reír hasta que duela, de llorar de emoción, de abrazar fuerte y de besar” a su familia y amigos “como si el tiempo se hubiera detenido”. Para él, “No hay nada más valioso que volver a casa”.
El ataque tuvo lugar el pasado 11 de abril, cuando el joven, de 31 años, disfrutaba de su luna de miel junto a su esposa, natural de Castellón. En el transcurso de una actividad acuática en la que participaban ambos, el hombre fue sorprendido por el escualo, que le provocó heridas gravísimas en una pierna y obligó a su amputación.
En una publicación difundida en Instagram coincidiendo con su primer mes de casados, el matrimonio valenciano relata su vivencia y reitera su anhelo de regresar a España. “Quién nos iba a decir que la vida nos pondría a prueba tan pronto, apenas un mes después de pronunciarnos aquellas palabras ante Dios y ante las personas más importantes de nuestras vidas”, escriben, antes de ironizar: “Empezamos fuerte, ¿no?”.
La pareja rememora que el 11 de abril se enfrentaron a lo que consideran posiblemente el capítulo “más cruel y salvaje” que han vivido. “Pero ni un solo momento dejamos de confiar en que aquello sería solo una piedra en el camino; que pasara lo que pasara encontraríamos la manera de salir adelante. Y lo hicimos”, destacan en su mensaje.
Los recién casados, que se dieron el sí quiero el pasado 28 de marzo, subrayan que “hay momentos que te cambian para siempre” y añaden: “Momentos en los que entiendes lo frágil que es la vida, pero también la fuerza que uno puede llegar a sacar cuando todo parece derrumbarse”.
El herido, que ejerce como ginecólogo en el Hospital Doctor Balmis de Alicante, insiste en que “Si algo tengo claro después de todo ello, es que no había mejor persona con quien atravesar dicha tormenta”.
“ME TRAJERON DE VUELTA”
En esa misma línea, relata: “Todas las manos que se unieron, todos los mensajes y cada oración que se hizo por mí, estoy seguro de que llegaron de forma exprés del cielo y, de alguna manera, me trajeron de vuelta”.
A continuación añade: “Qué ganas de volver a España, de reír hasta que duela, de llorar de emoción, de abrazar fuerte y de besar a los nuestro como el tiempo se hubiera detenido”.
El afectado, que continúa ingresado en un hospital de Maldivas, admite que, “después de todo, uno entiende que no hay nada más valioso que volver a casa y sentir el amor de quienes nos soltaron”.