Menos dogmas y más realismo energético

Miguel Garrido de la Cierva, presidente de CEIM y vicepresidente primero de CEOE, reflexiona en Demócrata sobre la transición energética con motivo del primer aniversario del gran apagón que afectó a millones de ciudadanos y empresas hace un año

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Miguel Garrido de la Cierva es presidente de CEIM, Confederación Empresarial de Madrid-CEOE

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Cuando la electricidad falla, no solo se apagan las luces, se detiene la economía. Hace un año, el gran apagón que afectó a millones de ciudadanos y empresas en España y Portugal puso de manifiesto una realidad que a menudo se pasa por alto: la seguridad del suministro eléctrico no está garantizada por sí sola, sino que depende de decisiones técnicas, políticas y estratégicas muy concretas.

Para entender la magnitud de lo ocurrido, conviene recordar que el sistema eléctrico funciona como un delicado equilibrio entre generación y consumo. Cuando ese equilibrio se rompe, aunque sea durante minutos, las consecuencias son inmediatas. Industrias, comercios y servicios esenciales vieron interrumpida su actividad, con pérdidas económicas significativas. En el caso de instalaciones electrointensivas, una sola hora sin suministro puede suponer costes de hasta varios millones de euros.

La transición energética no puede construirse sacrificando seguridad de suministro, estabilidad de precios y competitividad industrial

La transición energética, orientada hacia un modelo más sostenible, es necesaria y ampliamente compartida. Sin embargo, es importante explicar que esta transición no consiste únicamente en sustituir unas fuentes de energía por otras. Requiere planificación, respaldo técnico y una visión realista del funcionamiento del sistema. No basta con aumentar la presencia de energías renovables, sino que es imprescindible garantizar que el sistema siga siendo estable, predecible y seguro.

Uno de los elementos clave en este debate es el papel de la llamada generación síncrona, es decir, aquellas tecnologías capaces de aportar estabilidad a la red eléctrica. Centrales nucleares, hidráulicas o ciclos combinados no solo producen energía, sino que también contribuyen a mantener la frecuencia y la tensión del sistema. Este aspecto técnico, a menudo desconocido, resulta fundamental para evitar fallos como el ocurrido.

Tras un apagón eléctrico, no podemos permitirnos un apagón nuclear

En este contexto, la energía nuclear ocupa un lugar relevante. Aunque representa una parte relativamente pequeña de la potencia instalada, aporta una proporción muy significativa de la electricidad generada y lo hace de forma constante. Esto la convierte en un pilar de estabilidad, especialmente en un sistema donde las renovables, por su propia naturaleza, son intermitentes.

Por eso, el debate sobre el futuro energético no debería plantearse en términos ideológicos, sino técnicos. La combinación equilibrada de distintas fuentes es lo que permite garantizar un suministro fiable. Prescindir de tecnologías que aportan estabilidad sin contar con alternativas plenamente desarrolladas puede aumentar la vulnerabilidad del sistema y traducirse en mayores costes para hogares y empresas.

Cerrar nucleares: un salto atrás en dependencia y autonomía energética

Además, hay otro factor a tener en cuenta es la dependencia energética del exterior. España sigue necesitando importar una parte importante de la energía que consume. Reducir la capacidad de generación firme interna puede incrementar esa dependencia en un momento en el que Europa busca precisamente reforzar su autonomía estratégica.

Un año después del apagón, no basta con extraer conclusiones técnicas. También es necesario abordar una rendición de cuentas. Episodios de esta magnitud exigen analizar con rigor qué falló, qué decisiones contribuyeron a esa situación y, sobre todo, quién debe asumir responsabilidades. Sin este ejercicio de transparencia, resulta difícil fortalecer la confianza en el sistema y evitar que situaciones similares se repitan.

La lección es clara: un sistema energético sólido no se construye únicamente con objetivos ambiciosos, sino con datos, planificación y sentido común. La sostenibilidad debe ir acompañada de seguridad de suministro, precios competitivos y estabilidad para el tejido productivo.

En definitiva, avanzar hacia un modelo energético más limpio es imprescindible, pero hacerlo sin tener en cuenta sus implicaciones técnicas puede generar riesgos innecesarios. Menos dogmas y más realismo energético significa, en última instancia, tomar decisiones informadas, asumir responsabilidades y garantizar que el sistema esté preparado para responder incluso en los momentos más críticos.

sobre la firma:

Miguel Garrido de la Cierva es presidente de CEIM, Confederación Empresarial de Madrid-CEOE y vicepresidente primero de CEOE. Empresario de larga trayectoria, ha sido presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Madrid (AJE Madrid) y de la Confederación Española de Jóvenes Empresarios (CEAJE). A lo largo de su carrera ha asumido responsabilidades ejecutivas en el sector público y en el ámbito asociativo.