Según el II Barómetro sobre Seguridad y Defensa elaborado por GAD3 para TEDAE, el 57% de los españoles se muestra a favor de fomentar un servicio militar voluntario. El respaldo es todavía mayor entre los jóvenes: hasta un 64% de los ciudadanos de entre 18 y 29 años apoyaría una fórmula de este tipo, siempre que no fuese obligatoria.
El dato reabre una pregunta sensible en España: si, 25 años después del final de la mili, existe espacio social para una nueva relación entre juventud, defensa nacional y Fuerzas Armadas.
El servicio militar voluntario gana fuerza entre los jóvenes
El mayor respaldo a esta fórmula aparece precisamente en la franja más joven. Entre los españoles de 18 a 29 años, el apoyo al servicio militar voluntario alcanza el 64%, por encima de la media general.
A partir de ahí, el respaldo baja de forma gradual según aumenta la edad. Entre los ciudadanos de 30 a 44 años se sitúa en el 58%; entre los de 45 a 64 años, en el 56%; y entre los mayores de 65 años, en el 53%.
La lectura política y social es relevante. La generación que no vivió la mili obligatoria es la que muestra mayor disposición a una fórmula voluntaria. No arrastra el recuerdo directo de aquel servicio forzoso y parece mirar la cuestión desde otro lugar: formación, disciplina, experiencia, empleabilidad, compromiso público o simple interés por la defensa.
No es el regreso de la mili obligatoria
El matiz es fundamental. La opinión pública en España no se plantea recuperar la mili obligatoria. El servicio militar obligatorio quedó suspendido a finales de 2001, dentro del proceso de profesionalización de las Fuerzas Armadas.
Lo que entra ahora en el debate es otra cosa: una vía voluntaria, temporal y limitada para que ciudadanos puedan prestar servicio o recibir formación en el ámbito de la defensa, en línea con fórmulas que otros países europeos han empezado a estudiar o reforzar.
España ya cuenta con la figura del reservista voluntario. Se trata de ciudadanos que, cumpliendo determinados requisitos, pueden incorporarse temporalmente a las Fuerzas Armadas en áreas concretas y durante periodos determinados. No es un sistema masivo ni equivalente a la antigua mili, sino una fórmula profesionalizada y acotada.
La defensa vuelve al centro del debate europeo
El cambio de clima no se entiende sin el contexto internacional. La guerra de Ucrania ha obligado a Europa a revisar sus capacidades de defensa. A eso se suman la inestabilidad en Oriente Próximo, la presión de Estados Unidos para que los aliados europeos asuman más responsabilidad y el compromiso de los países de la OTAN de aumentar su gasto militar.
En ese escenario, varios países han empezado a recuperar o reforzar fórmulas de instrucción, reserva o servicio militar. Algunos mantienen modelos obligatorios; otros exploran esquemas voluntarios o mixtos.
El 57% de los españoles avala una fórmula voluntaria
La encuesta de GAD3 para TEDAE refleja que el apoyo general a un servicio militar voluntario alcanza el 57% de la sociedad española.
También hay diferencias por sexo. Entre los hombres, el respaldo se sitúa en el 60%; entre las mujeres, en el 54%. La distancia existe, pero no altera la conclusión central: la fórmula voluntaria tiene más aceptación que rechazo en todos los segmentos analizados.
Qué son los reservistas voluntarios
La figura más cercana que existe hoy en España es la de los reservistas voluntarios. Son ciudadanos que se comprometen con las Fuerzas Armadas y que pueden ser activados temporalmente para funciones concretas, normalmente vinculadas a su formación, experiencia profesional o especialidad.
No se trata de soldados de reemplazo ni de jóvenes llamados por obligación. Es un modelo limitado, con plazas concretas, requisitos de edad, nacionalidad, aptitud psicofísica y ausencia de antecedentes penales.
Para 2026, el BOE autoriza una oferta máxima de 500 plazas para acceder a la condición de reservista voluntario. Es una cifra modesta si se compara con un sistema de servicio militar amplio, pero suficiente para alimentar el debate sobre si España debería ampliar este tipo de vías.
Por qué vuelve ahora el debate sobre la mili
La palabra “mili” sigue teniendo una enorme fuerza emocional en España. Pero la conversación actual no se está produciendo en el mismo país ni en el mismo contexto que hace 25 años. Ahora el debate llega en una Europa más insegura, con guerras cerca, aumento del gasto militar, preocupación por la autonomía estratégica y una ciudadanía más consciente de que la defensa no es solo una cuestión lejana o abstracta.
La encuesta muestra precisamente ese giro: una parte creciente de los españoles acepta que la defensa nacional es responsabilidad del Estado, pero también cree que la ciudadanía debería estar preparada para colaborar si fuera necesario.
La pregunta de fondo: preparación, no reclutamiento
El debate real no es si España debe recuperar la antigua mili. Esa puerta no está políticamente abierta. La pregunta más precisa es si el país debería crear o ampliar una fórmula de servicio militar voluntario, con formación básica, duración limitada y conexión con las necesidades reales de las Fuerzas Armadas.
Los defensores de esta opción argumentan que permitiría acercar las Fuerzas Armadas a la sociedad, mejorar la cultura de defensa, formar a jóvenes en competencias útiles y reforzar la capacidad de reserva del país.