¿Ha entrado España en modo adelanto electoral? ¿Acudirán los ciudadanos a las urnas antes de lo previsto? ¿Se preparan ya los partidos ante un eventual final anticipado de la legislatura? Las preguntas circulan con insistencia en el debate político, aunque la respuesta, por ahora, sigue siendo más prudente que concluyente. Entre la presión judicial, el desgaste político y la aritmética parlamentaria, el debate sobre unas elecciones anticipadas vuelve a instalarse en el centro del escenario.
En opinión de la politóloga Allende Salazar, Mujer Influyente Compol 2025, el marco actual hace “muy difícil” prever una convocatoria anticipada de elecciones generales, especialmente si se atiende a las últimas declaraciones del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, único con la prerrogativa constitucional para disolver las Cortes.
En efecto, durante su reciente encuentro con el Papa en el Vaticano, Sánchez reiteró su intención de agotar la legislatura y llegar hasta 2027 sin convocar elecciones antes de tiempo.
Tres razones para un adelanto… y un freno principal
Sin embargo, la estabilidad aparente convive con una presión creciente. La sucesión de escándalos políticos que afectan al entorno del PSOE podría alterar esa hoja de ruta. “Hay demasiados frentes judiciales, prácticamente salimos a sumario o auto por día”, señala la consultora política Allende Salazar en declaraciones recogidas por Demócrata.
En ese entorno, añade, la política española vive una especie de “estado de espera”, condicionado por tres factores: la presión de los socios de investidura, la tensión interna en el PSOE y la evolución de los procedimientos judiciales que afectan a figuras cercanas al presidente, entre ellas su entorno familiar, antiguos altos cargos como José Luis Ábalos o Santos Cerdán, y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, en relación con el caso Plus Ultra.
Salazar, no obstante, evita un diagnóstico concluyente: “Los números no le dan al Gobierno para un adelanto electoral”, sostiene, subrayando que el margen político sigue siendo estrecho, pese a la encuesta que hoy ha publicado el CIS.
El factor Zapatero y el clima político
El denominado “caso Zapatero”, vinculado a una presunta trama de tráfico de influencias en torno al rescate de la aerolínea Plus Ultra, ha intensificado el ruido político y mediático. En paralelo, ha reabierto el debate interno dentro del socialismo sobre la conveniencia de agotar o no la legislatura.
En este contexto, el expresidente del Gobierno Felipe González ha sido una de las voces más críticas. González considera que la legislatura ha entrado en una fase de desgaste difícil de revertir, no solo por la presión de la oposición, sino por el deterioro progresivo del clima político dentro del propio PSOE.
A su juicio, gobernar sin Presupuestos Generales del Estado y con mayorías frágiles supone un riesgo creciente para la estabilidad institucional. Sin embargo, no plantea una moción de censura, sino una salida ordenada para este otoño, y que el propio Gobierno anticipe las elecciones y devuelva la palabra a los ciudadanos.
División interna en el socialismo
La posición de González no es aislada. También dirigentes territoriales y referentes del socialismo histórico han mostrado su preocupación por el desgaste de la legislatura.
Entre ellos, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha advertido del impacto político que los casos de corrupción están teniendo sobre la organización y sobre su base electoral. En la misma línea se sitúan otros nombres del PSOE como Tomás Gómez, Jordi Sevilla o Juan Lobato, además de diversos alcaldes y dirigentes territoriales que consideran agotado el ciclo político.
El diagnóstico común apunta a una erosión progresiva del apoyo electoral socialista, visible —según esta lectura— en los últimos ciclos electorales autonómicos.

La presión de la oposición y los socios
Mientras tanto, la oposición parlamentaria intensifica la presión. El Partido Popular ha logrado reprobar al Gobierno en el Senado con el apoyo o la abstención de fuerzas como el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Junts per Catalunya, partidos clave en la actual aritmética parlamentaria.
Desde el PP se insiste en que la legislatura atraviesa una fase terminal, mientras se abre paso la hipótesis de una eventual moción de censura, aunque sin los números garantizados para prosperar.
Por su parte, dirigentes como la vicesecretaria de Coordinación Sectorial del PP, Alma Ezcurra, han reclamado públicamente a los socios del Gobierno que reconsideren su apoyo a la mayoría parlamentaria y que levanten el teléfono para decirle al presidente que esto se ha acabado ya, pues de otra forma, serán cómplices de no haber ayudado a limpiar la corrupción en España.
Junts y PNV: presión desde la periferia del poder
El papel de los socios de investidura se ha convertido en un factor determinante. Desde el PNV se han lanzado mensajes en favor de un adelanto electoral antes del cierre del ciclo político -antes de que acabe el año-, mientras que Junts ha endurecido su discurso, vinculando su apoyo parlamentario a la evolución del clima político y judicial.
La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, reiteró este viernes que su formación no fue a Madrid “para sostener gobiernos”, elevando la presión sobre La Moncloa en un momento de creciente fragilidad parlamentaria.
En cualquier caso, ninguna de las dos formaciones se ha atrevido a plantear el respaldo público a una moción de censura, asunto que, según Artículo 14, estas dos formaciones habrían abordado este asunto en una cita privada celebrada recientemente en Zaragoza, con un reparto de papeles en caso de llegar a esa moción.
El desconcierto socialista
Entretanto, en el seno del PSOE, el ambiente oscila entre la cautela oficial y la inquietud interna. Aunque públicamente se evita cualquier pronunciamiento sobre un eventual adelanto electoral, en privado algunos dirigentes reconocen un escenario de incertidumbre prolongada.
La lectura dominante es que la decisión depende exclusivamente de Sánchez, mientras que una moción de censura dependería de una improbable, por ahora, convergencia de la oposición. Lo que parece quedar claro es que desde los ayuntamientos está germinando una posición, y es que los consistorios socialsitas no quieren que la cita electoral de las generales coincida con las suyas, en una suerte de superdomingo.
Popularidad, desgaste y cálculo político
El politólogo Xavier Pastor introduce otro elemento en la ecuación: la gestión del tiempo político. A su juicio, el Gobierno no afronta ahora un incentivo claro para anticipar elecciones. “Si algo tiene Pedro Sánchez como activo es el Gobierno; abandonarlo sería perderlo todo”, sostiene.
En su análisis, la clave está en la evolución de la popularidad: los líderes, recuerda, suelen convocar elecciones cuando su ciclo de apoyo se encuentra en fase ascendente. En este caso, la percepción es la contraria, pasado el efecto anti Trump, de una etapa de estabilidad decreciente que aconsejaría resistir antes que arriesgar.
Una legislatura abierta
Formalmente, España no ha entrado, al menos en “modo adelanto electoral”. Pero la legislatura sí transita por un terreno de alta presión política, parlamentaria, y casos judiciales relevantes, como el caso Zapatero por el rescate de la aerolínea Plus Ultra, la apertura del juicio de David Sánchez Pérez-Castejón, la citación de Begoña Gómez y, el registro que la UCO practicó esta semana en la sede nacional del PSOE en la calle Ferraz, en busca de pruebas que sostengan el amplio sumario del juez Pedraz, en el que se matiene, que desde esta sede y con dinero irregular, presuntamente se han pagado campañas para difamar a jueces y policías.
No en vano, entre la voluntad declarada del presidente del Gobierno de agotar el mandato y la creciente presión de la oposición, de los socios y de una parte del propio espacio socialista, el escenario permanece abierto. Y, por ahora, la clave no es si habrá elecciones anticipadas, sino cuándo y, bajo qué condiciones.