La irrupción de herramientas cada vez más sofisticadas para copiar en los exámenes ha obligado a universidades y administraciones educativas a actualizar sus protocolos de vigilancia. Frente a los tradicionales apuntes escondidos o los mensajes en papel, los responsables de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), que ha comenzado en toda España este lunes en Madrid, se enfrentan ahora a dispositivos casi imperceptibles capaces de comunicarse con el exterior en tiempo real.
Detectores de frecuencia para localizar dispositivos ocultos
La principal novedad en varias comunidades autónomas es el uso de detectores de frecuencia de radio. Estos aparatos permiten identificar emisiones inalámbricas procedentes de teléfonos móviles, dispositivos bluetooth, auriculares ocultos o determinados sistemas de comunicación electrónica.
Su función no es interceptar conversaciones ni acceder al contenido de las comunicaciones, sino alertar de la presencia de equipos que están transmitiendo señales dentro del aula. Cuando se detecta actividad sospechosa, los vigilantes pueden realizar comprobaciones adicionales.
Algunas comunidades llevan años utilizando estos sistemas, mientras que otras los han incorporado o reforzado de cara a la PAU de 2026 ante el aumento de casos relacionados con el uso de inteligencia artificial y dispositivos electrónicos ocultos.
El desafío de los pinganillos invisibles
Uno de los sistemas que más preocupa a los organizadores de los exámenes son los llamados nanopinganillos o auriculares invisibles.
Se trata de pequeños dispositivos que se introducen en el canal auditivo y resultan extremadamente difíciles de detectar a simple vista. Normalmente funcionan conectados a un teléfono móvil escondido entre la ropa o en una mochila y permiten recibir instrucciones o respuestas desde el exterior.
Su tamaño reducido ha obligado a extremar la vigilancia y ha impulsado el uso de tecnologías capaces de detectar los equipos con los que se comunican.
Gafas inteligentes y cámaras ocultas
La popularización de las gafas inteligentes con cámara integrada son otro frente para los responsables de la PAU.
Estos dispositivos permiten capturar imágenes del examen y transmitirlas a terceros o a sistemas de inteligencia artificial que generan respuestas en cuestión de segundos.
También existen bolígrafos, llaveros y otros objetos aparentemente inofensivos que incorporan cámaras o sistemas de comunicación inalámbrica, motivo por el que los vigilantes prestan cada vez más atención a los accesorios que llevan los estudiantes.
Relojes inteligentes y dispositivos conectados
Los relojes inteligentes continúan siendo uno de los aparatos más vigilados durante las pruebas. Por este motivo, muchas universidades exigen que permanezcan apagados y guardados junto con los teléfonos móviles durante toda la duración del examen.
La prohibición se extiende a cualquier dispositivo con capacidad de conexión o almacenamiento de información, independientemente de que se utilice o no durante la prueba.
La vigilancia humana sigue siendo la principal herramienta
Pese al avance de la tecnología anticopia, las universidades insisten en que la principal medida de control sigue siendo la supervisión presencial de los examinadores.
La distribución de los alumnos, la observación constante dentro del aula, el control de entradas y salidas y la atención a comportamientos inusuales continúan siendo los mecanismos más eficaces para detectar irregularidades.
Los responsables de la PAU subrayan que no existe ningún sistema capaz de identificar automáticamente a quien copia, pero sí una combinación cada vez más sofisticada de vigilancia humana y herramientas tecnológicas destinada a garantizar que todos los estudiantes compitan en igualdad de condiciones.