Air India ha cerrado el último ejercicio con unas pérdidas netas de 220.000 millones de rupias (1.999 millones de euros), un agujero financiero que ha llevado a la aerolínea a pedir respaldo económico a sus actuales accionistas.
De este modo, el resultado negativo del año fiscal concluido el 31 de marzo ha superado con creces las previsiones iniciales y está fuertemente condicionado por el accidente sufrido el pasado verano por uno de los aviones de la compañía.
El principal accionista de Air India, el conglomerado Grupo Tata, junto con Singapore Airlines —que controla el 25,1% del capital de la aerolínea— mantienen conversaciones para aportar nuevos fondos, según adelanta “Bloomberg”.
Sin embargo, esta inyección de liquidez podría ser “inferior” a las necesidades reales de la empresa, ya que el importe definitivo continúa en fase de negociación.
La delicada situación de Air India se ha prolongado durante los últimos doce meses y su consejero delegado, Campbell Wilson, comunicó la semana pasada su decisión de dejar el cargo a finales de este año.
La compañía había iniciado el año fiscal con beneficios operativos en las primeras semanas de abril de 2025, pero el escenario cambió cuando Pakistán decidió cerrar su espacio aéreo a las aerolíneas indias tras un breve conflicto en mayo, obligándolas a desviar sus vuelos por rutas más largas hacia Estados Unidos y Europa.
Posteriormente, la aerolínea sufrió un accidente en junio en el que murieron más de 240 personas y que la obligó a recortar parte de sus operaciones tanto internacionales como domésticas.
Además, los aranceles aplicados por EEUU a la India y las restricciones adicionales en la concesión de visados para trabajadores extranjeros impactaron negativamente en las cuentas de Air India. A ello se suman ahora las limitaciones al transporte en Oriente Medio y el encarecimiento del combustible, que siguen presionando la rentabilidad de la compañía.