Kutxabank defiende un modelo europeo con grandes bancos globales y entidades regionales sólidas

Anton Arriola reclama modernizar a fondo la banca europea, combinando grandes grupos y entidades regionales, para ganar competitividad y soberanía económica.

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Anton Arriola H.BILBAO

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El presidente de Kutxabank, Anton Arriola, ha señalado que el porvenir del sistema financiero europeo exige una “reflexión ineludible” sobre el tamaño óptimo de las entidades y la cercanía al cliente, en un esquema donde coexistan grandes grupos internacionales y una banca regional “con capacidades potentes como la vasca, arraigada en Euskadi, que conoce su territorio, acompaña y asesora cuando la economía aprieta o despega y da respuesta con capacidades integrales”.

Arriola ha defendido esta idea durante su intervención de apertura en las XIII Jornadas Financieras Deusto Business School-Deusto Business Alumni, impulsadas junto a Kutxabank Investment, Finnk y Bilbao Plaza Financiera, celebradas bajo el lema “Modernizar para Competir: El Futuro del Sistema Financiero Europeo”.

En su ponencia, titulada “Modernización del Sistema Financiero Europeo para la Competitividad”, el máximo responsable de la entidad vasca ha analizado los retos que afronta el modelo europeo y la urgencia de una transformación profunda del sector.

A su juicio, resulta “particularmente relevante” apostar por esa convivencia dentro del sistema financiero europeo, dado que “Europa necesita bancos con capacidad transfronteriza, con músculo para financiar grandes transformaciones tecnológicas e industriales y competir en mercados globales pero, al mismo tiempo, requiere de bancos de proximidad, pegados a los clientes y al tejido productivo, con conocimiento profundo de las pymes y la economía real”.

Desde su punto de vista, en el continente “hay espacio y necesidad de ambos”, porque el sistema financiero europeo debe “abordar su transformación para competir mejor” ya que “el futuro de Europa, su prosperidad, su autonomía estratégica y la sostenibilidad de su modelo económico y social se juegan en clave de competitividad”.

Tras apuntar que “son muchas las voces expertas las que reclaman una rápida y profunda transformación del sistema financiero para responder a la velocidad a la que el mundo compite”, ha indicado que esta transición implica “depositar en nuestro sector la responsabilidad de quien ha dejado de ser un mero facilitador para convertirse en una infraestructura estratégica”.

Soberanía económica y papel del ahorro

Para Arriola, cuando una infraestructura como la financiera es “estratégica”, no basta con seguir el ciclo económico, sino que “hay que ayudar a construirlo con un grado de integración, profundidad y resiliencia que deja de ser una cuestión técnica para convertirse en una infraestructura de soberanía económica”.

“El desafío es enorme y también su urgencia”, ha recalcado, advirtiendo de que “si Europa no moderniza de manera integral su sistema financiero, no cerrará la brecha con Estados Unidos o China, ni en innovación, ni en productividad, ni en capacidad industrial, ni en influencia global”.

En este contexto, se ha detenido en la relevancia del ahorro privado europeo, del que ha afirmado que posee “una fortaleza extraordinaria”, aunque ha lamentado que una de sus debilidades es que Europa “no está convirtiendo ese ahorro en inversión productiva con la eficacia y la escala necesarias que, en buena parte, vuela a Estados Unidos”.

Según ha explicado, la fragmentación constituye “el gran lastre silencioso”, porque, aunque la Unión Europea ha avanzado de forma notable en estabilidad, supervisión y solvencia, continúa operando “con demasiadas fronteras internas para el capital, en un mercado que no funciona como único”.

El efecto de esta situación, ha destacado, es que “las economías de escala son insuficientes, el coste de financiar crecimiento es más alto de lo que debería y la asignación de recursos termina siendo menos ágil y más conservadora de lo deseable”.

Todo ello sucede “en un mercado bancarizado muy competitivo y eficiente, pero sin el desarrollo suficiente de otros instrumentos alternativos para financiar proyectos disruptivos o de alto riesgo”.

Tras subrayar que “la banca europea sostiene a familias y empresas en los momentos buenos y en los difíciles”, ha incidido en que para “impulsar tecnologías disruptivas, requiere de “más herramientas” y que “no se trata de sustituir al crédito bancario sino de complementarlo” porque “un ecosistema competitivo es aquel donde una empresa puede financiarse en cada fase de su vida con instrumentos adecuados, desde el emprendimiento hasta la expansión global”.

Cambio de paradigma e impacto de la IA

El presidente de Kutxabank ha recordado que, durante un largo periodo, Europa ha priorizado la estabilidad tras atravesar crisis severas y ante la necesidad de reconstruir la confianza.

No obstante, ha apuntado que “hoy asistimos a un cambio de paradigma donde, sin renunciar a la estabilidad, debemos asumir un cambio de enfoque: sin competitividad no habrá ni sostenibilidad de nuestro nivel de riqueza ni eventualmente estabilidad tampoco”.

En su opinión, ese constituye “el verdadero reto”: “construir un marco que preserve la solvencia y la confianza, pero que esté más orientado al crecimiento productivo y al apoyo a sectores estratégicos, que permita y fomente la inversión, la escala y la innovación”.

En palabras de Arriola, “construir un sistema financiero europeo más moderno para competir mejor pasa también por promover un ecosistema más ágil, tecnológico y unificado”, que haga posible avanzar en productividad, eficiencia operativa, nuevas capacidades de análisis y una experiencia de cliente más sofisticada.

En este punto ha hecho referencia al papel de la inteligencia artificial, que “va a ser, probablemente, el mayor motor y multiplicador de la productividad de nuestra generación”.

Tras admitir que el sistema financiero europeo “la está abrazando” y la utiliza ya en ámbitos como la prevención del fraude, la automatización, la atención al cliente, el análisis de riesgos o el cumplimiento normativo, ha defendido que “también se debe integrar en todos los sectores empresariales, desde la industria a la energía, la salud o la logística”.

Sin embargo, considera que “en este punto, la Unión Europea se está quedando atrás por falta de inversión y de sistemas de financiación para las fases tempranas de la inversión tecnológica”, algo que ha descrito como “un punto crítico y esencial para la autonomía estratégica pero también “un foco importante de riesgo” porque, ha concluido, “la IA no es solo tecnología: es geopolítica económica y sin soberanía tecnológica, Europa dependerá de terceros en el corazón de su productividad futura”.