Con el escrutinio por encima del 99,5%, la diferencia entre Sánchez y López Aliaga ronda los 13.000 votos, a falta de resolver las últimas actas observadas e impugnadas por los organismos electorales. La segunda vuelta está prevista para el 7 de junio.
Keiko Fujimori espera rival en una final voto a voto
Perú entra en las horas decisivas de su recuento presidencial. Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, se mantiene como primera fuerza y tiene prácticamente asegurado el pase a la segunda vuelta. La gran incógnita es quién competirá contra ella: el izquierdista Roberto Sánchez o el ultraderechista Rafael López Aliaga.
La diferencia entre ambos se ha estrechado hasta dejar una final electoral mínima. Según los datos difundidos con el conteo superior al 99,5%, Fujimori se mantiene en torno al 17,17% de los votos; Sánchez aparece cerca del 11,99%; y López Aliaga se sitúa en torno al 11,91%. La distancia entre los dos aspirantes al segundo puesto ronda los 13.000 votos.
La fotografía es extraordinariamente ajustada: no se discute ya el liderazgo de Fujimori, sino el perfil ideológico de la segunda vuelta. Si pasa Sánchez, la elección enfrentará a la derecha fujimorista con una candidatura de izquierdas. Si logra remontar López Aliaga, el duelo se moverá hacia una disputa entre dos derechas con agendas muy distintas.
Qué falta por contar
El recuento está prácticamente cerrado, pero no terminado. De un total de más de 92.000 actas, quedan por resolver varios centenares que fueron enviadas a los Jurados Electorales Especiales por impugnaciones, observaciones o errores de consignación. Esa es la bolsa que mantiene en suspenso la proclamación definitiva.
El Jurado Nacional de Elecciones había fijado como horizonte el 15 de mayo para que la ONPE concluyera el conteo y quedaran definidos los dos candidatos de la segunda vuelta. La fecha de la nueva votación está marcada para el 7 de junio.
En una elección con una brecha tan pequeña, cada acta pendiente cuenta. La diferencia entre Sánchez y López Aliaga ha ido moviéndose durante los últimos días, lo que explica la tensión entre campañas, observadores y autoridades electorales.
Roberto Sánchez resiste en el segundo puesto
Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, llega a la recta final del escrutinio con una ventaja estrecha pero real sobre López Aliaga. Su candidatura ha encontrado buena parte de su apoyo fuera de Lima, en regiones donde el voto antifujimorista, el recuerdo del ciclo de Pedro Castillo y la demanda de cambios institucionales siguen teniendo peso.
Reuters ya señalaba a mediados de abril que Sánchez disputaba voto a voto el pase a segunda vuelta con López Aliaga, en un conteo prolongado y marcado por actas pendientes procedentes de zonas rurales y del voto exterior.
El candidato ha pedido que se respete el voto del “Perú profundo” y ha advertido de un posible clima de tensión si los perdedores desconocen el resultado. Su mensaje apunta directamente a la legitimidad del escrutinio y a la necesidad de esperar la resolución de las actas pendientes antes de cualquier proclamación definitiva.
López Aliaga denuncia perjuicio y eleva la presión
Rafael López Aliaga, candidato de Renovación Popular y exalcalde de Lima, ha mantenido una línea de denuncia contra el proceso electoral. Su campaña sostiene que los problemas logísticos registrados en la jornada de votación, especialmente en Lima, afectaron a sus posibilidades.
El candidato ha llegado a reclamar comicios complementarios en la capital y ha acusado a las autoridades electorales de perjudicarlo. Sin embargo, misiones de observación y organizaciones como Transparencia han señalado que los incidentes logísticos no alteraron el resultado final de la elección. Reuters y AP también han recogido que López Aliaga denunció fraude sin aportar pruebas concluyentes, mientras observadores internacionales no encontraron evidencias de manipulación.
La presión política ha subido de tono por sus advertencias contra el presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Roberto Burneo, al que ha responsabilizado del desenlace. Ese clima anticipa una segunda vuelta complicada, sea cual sea el rival de Fujimori.
Por qué Lima es clave en la disputa
La pelea entre Sánchez y López Aliaga tiene una geografía muy marcada. López Aliaga concentra buena parte de su fortaleza en Lima, mientras Sánchez ha mostrado más resistencia en regiones. Esa diferencia territorial explica por qué los retrasos, actas observadas y votos pendientes han sido interpretados de forma tan distinta por cada candidatura.
La República publicó que, con varias regiones ya al 100% de actas contabilizadas, los datos confirmaban la limitación del apoyo de López Aliaga fuera de Lima, mientras Sánchez y Fujimori aparecían con mejor despliegue territorial.
Ese reparto importa mucho en Perú, un país donde el voto limeño y el voto regional suelen expresar fracturas políticas profundas: centro frente a periferia, élites urbanas frente a territorios rurales, y estabilidad institucional frente a demanda de cambio.
Fujimori, primera pero lejos de una victoria cómoda
Keiko Fujimori vuelve a colocarse en la segunda vuelta presidencial, pero lo hace con un porcentaje limitado. Su 17% confirma su capacidad de conservar una base sólida, pero también muestra la fragmentación extrema del sistema político peruano.
La lideresa de Fuerza Popular compite por cuarta vez por la presidencia. Su apellido sigue siendo uno de los grandes factores de polarización del país: moviliza a un electorado fiel, pero también activa un fuerte antifujimorismo.
La segunda vuelta será, por tanto, una elección completamente distinta. En primera ronda, más de 30 candidaturas fragmentaron el voto. En junio, el país tendrá que elegir entre dos opciones, y ahí el rechazo a cada candidato puede pesar tanto como el apoyo propio.
Dos escenarios muy distintos para la segunda vuelta
Si Roberto Sánchez termina confirmado como rival de Fujimori, Perú se encaminará a una segunda vuelta de máxima polarización ideológica: derecha fujimorista frente a izquierda. Ese escenario activaría debates sobre Constitución, modelo económico, recursos naturales, orden público y estabilidad institucional.
Si Rafael López Aliaga logra remontar, el duelo sería diferente: Fujimori contra un candidato de ultraderecha, con una disputa más centrada en seguridad, conservadurismo, mano dura, gestión económica y liderazgo dentro del espacio opositor a la izquierda.
En ambos casos, el próximo presidente heredará un país profundamente inestable. AP recuerda que Perú ha vivido una sucesión de crisis políticas y que el ganador será el noveno presidente del país en una década.
Una elección marcada por retrasos y desconfianza
El proceso electoral peruano ha estado condicionado por retrasos en la instalación de mesas, problemas logísticos y un recuento especialmente prolongado. Los organismos electorales han defendido la validez del proceso, mientras los candidatos afectados han intentado convertir esos incidentes en argumento político.
El Comercio analizó el impacto de las mesas que no se instalaron el primer día y concluyó que los principales candidatos -Fujimori, Sánchez y López Aliaga- apenas variaron sus porcentajes en esas mesas respecto al resto del recuento.
Ese dato debilita la tesis de que los retrasos alteraron de forma decisiva la disputa por la segunda vuelta, aunque no elimina la tensión política generada por un margen tan estrecho.
Todas las claves del resultado
La primera clave es que Fujimori gana la primera vuelta, pero con un resultado insuficiente para evitar el balotaje. La segunda es que Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga llegan separados por una diferencia mínima, pendiente de las últimas actas. La tercera es que la identidad del rival de Fujimori cambiará por completo el tono de la segunda vuelta.
La cuarta clave es institucional: Perú vuelve a una elección decisiva en un clima de desconfianza hacia los organismos electorales y de alta fragmentación política. La quinta es territorial: el resultado muestra otra vez la distancia entre Lima y el resto del país.
La ONPE entra en la recta final del conteo. El JNE tendrá que proclamar a los candidatos. Y Perú, una vez más, se prepara para elegir presidente en una segunda vuelta cargada de tensión.