El BCE mantiene los tipos de interés pese al repunte de la inflación por la guerra en Irán

La institución europea opta por la prudencia ante el impacto energético del conflicto en Oriente Próximo y mantiene el precio del dinero pese al aumento de la inflación y el frenazo económico.

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Sede del Banco Central (BCE) Europeo en Frankfurt. Arne Dedert/dpa

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El Banco Central Europeo (BCE) ha optado por la cautela y ha decidido mantener sin cambios los tipos de interés en la eurozona, en un contexto marcado por el encarecimiento de la energía y la creciente incertidumbre económica derivada de la guerra en Oriente Próximo.

El Consejo de Gobierno de la institución monetaria acordó este jueves conservar la facilidad de depósito en el 2%, las operaciones principales de financiación en el 2,15% y la facilidad marginal de crédito en el 2,40%, prolongando así la pausa iniciada tras el fin del ciclo de recortes aplicado en 2025.

La decisión llega en un momento especialmente delicado para la economía europea. El conflicto en Irán y la escalada regional han provocado un repunte de los precios energéticos, una variable especialmente sensible para una economía todavía dependiente del coste del gas y del petróleo importados.

La energía vuelve a tensionar la inflación

En su comunicado, el BCE reconoce que el conflicto bélico está generando nuevas presiones inflacionistas: “La guerra en Oriente Próximo ha dado lugar a un acusado incremento de los precios de la energía, impulsando la inflación y afectando al clima económico”.

La institución considera que el impacto definitivo dependerá de cuánto se prolongue la crisis geopolítica y de si el aumento de costes termina trasladándose a otros sectores de la economía. El temor principal es el denominado “efecto de segunda vuelta”, es decir, que empresas y servicios repercutan el incremento energético en bienes de consumo y salarios, consolidando así una inflación más persistente.

Un equilibrio difícil

La decisión del BCE refleja el complejo equilibrio que atraviesa la política monetaria europea. Por un lado, la inflación volvió a acelerarse hasta el 3% en abril, alejándose del objetivo del 2% fijado por la autoridad monetaria. Por otro, la economía de la eurozona muestra síntomas de agotamiento.

El crecimiento económico apenas avanzó un 0,1% durante el primer trimestre del año, alimentando el temor a un escenario de estanflación, es decir, bajo crecimiento combinado con inflación elevada.

El BCE considera, sin embargo, que la economía europea mantiene cierta capacidad de resistencia y recuerda que las expectativas de inflación a largo plazo siguen relativamente estabilizadas.

Una pausa compartida por los grandes bancos centrales

La prudencia del BCE no es una excepción. Los principales bancos centrales del mundo han optado también por esperar antes de modificar sus políticas monetarias. El Banco de Inglaterra mantiene los tipos en el 3,75%, la Reserva Federal de Estados Unidos dentro de unango entre el 3,50% y el 3,75% y el Banco de Japón en tasa cercana al 0,75%.

La decisión del BCE significa que, por ahora, no habrá cambios inmediatos en el coste del crédito.

Para los hogares europeos, esto implica que las hipotecas variables seguirán moviéndose en niveles similares a los actuales, mientras que los préstamos al consumo y la financiación empresarial mantendrán condiciones relativamente estables.

Sin embargo, la estabilidad monetaria no elimina los riesgos. El encarecimiento de la energía podría traducirse en nuevas subidas de precios en transporte, alimentación o suministros básicos, reduciendo el poder adquisitivo de los hogares.

La entidad insiste en que continuará aplicando un enfoque “dependiente de los datos”, evaluando la evolución económica reunión a reunión.