El PSOE ha vuelto a situarse en su suelo histórico en Andalucía, con 28 escaños, de la mano de una candidata de la máxima confianza del presidente del Gobierno y secretario general, Pedro Sánchez, prolongando así una cadena de tropiezos en el último ciclo autonómico que arrancó en Extremadura el pasado mes de diciembre.
La socialista María Jesús Montero, que fue vicepresidenta primera en el Ejecutivo de Sánchez y continúa como 'número dos' del partido a nivel federal, retrocede hasta los 28 diputados, dos menos que los 30 que obtuvo Juan Espadas en 2022.
Hasta ahora, ese resultado de Espadas marcaba el peor registro del PSOE en una comunidad que dominó casi cuarenta años de forma hegemónica y que, desde el inicio de la democracia, ha sido su principal granero de votos. En las primeras autonómicas andaluzas de 1982, los socialistas llegaron a 66 diputados y encadenaron cinco mayorías absolutas, la última con Manuel Chaves en 2008.
Ciclo de derrotas socialistas
La derrota de Montero se suma a la cosechada por otra colaboradora muy cercana a Sánchez, Pilar Alegría, que dejó la portavocía del Gobierno y el Ministerio de Educación para encabezar la lista en las elecciones de Aragón del pasado 8 de febrero y cayó hasta los 25 escaños, igualando el peor resultado histórico del PSOE en esa comunidad.
En las otras dos citas de este ciclo, Extremadura y Castilla y León, ya con aspirantes menos ligados orgánicamente a Sánchez, las urnas tampoco sonrieron al PSOE. En Extremadura el desplome fue total, con la pérdida de 10 escaños, y solo el soriano Carlos Martínez consiguió mejorar ligeramente al ganar dos diputados, aunque sin opciones de gobernar.
Dentro de un año, en las autonómicas de 2027, deberán enfrentarse a las urnas otros ministros de Sánchez reciclados como candidatos socialistas: Óscar López en la Comunidad de Madrid; Diana Morant en la Comunidad Valenciana y Ángel Víctor Torres en Canarias.
Pese a la estrecha relación entre Sánchez y Montero, que forma parte de su Gobierno desde su llegada a La Moncloa en 2018 y se integró en su núcleo duro en 2022, en el Ejecutivo y en la dirección del PSOE intentan acotar el alcance del revés al terreno estrictamente autonómico y rechazan que se trate de un plebiscito sobre el jefe del Gobierno.
El papel de Sánchez en la campaña
Durante la campaña, Sánchez se implicó de forma directa y acudió a cuatro mítines en Andalucía, en Málaga, La Línea de la Concepción (Cádiz), Pulianas (Granada) y Sevilla, tres de ellos en la última semana, centrando sus mensajes en poner en valor la gestión de su propio Gobierno.
En el acto final, en la capital andaluza, Sánchez destacó el “cambio para bien” que, a su entender, ha experimentado el país en los “casi 3.000 días” que lleva al frente del Ejecutivo central. Además reiteró que, después de ocho años en Moncloa todavía está “a mitad de tarea” y volvió a expresar su disposición a seguir gobernando hasta 2034.
En Ferraz sostienen que a su electorado le cuesta movilizarse en autonómicas, pero se activa con fuerza en unas generales. Recuerdan que en las elecciones del 23 de julio de 2023, solo en Andalucía, respaldaron a Sánchez más de medio millón de votantes que un año antes no apoyaron al socialista Juan Espadas en las autonómicas.
La campaña de Montero se diseñó precisamente para intentar activar a esa bolsa de votantes, pero la estrategia no ha dado el fruto esperado y el PSOE pierde dos parlamentarios, pese a sumar más de 50.000 papeletas respecto a las autonómicas de 2022.