La ciudadanía de Bulgaria está convocada este domingo a unas elecciones legislativas decisivas en las que la coalición del expresidente Rumen Radev, de orientación prorrusa, parte con ventaja para imponerse en unos comicios con los que el país aspira a cerrar un largo periodo de inestabilidad política.
Se trata ya de las octavas elecciones en cinco años, nuevamente adelantadas tras el enésimo fracaso en las negociaciones para constituir Ejecutivo. Los búlgaros, acostumbrados a un bloqueo institucional casi permanente, vuelven a las urnas con la posibilidad de superar una fragmentación parlamentaria que se ha convertido en crónica.
La última crisis estalló tras la dimisión del ex primer ministro Rosen Zheliazkov, que abandonó el cargo después de no conseguir que el Parlamento aprobara unos Presupuestos que contemplaban una subida de impuestos y que desencadenaron fuertes protestas en las calles.
Su breve gabinete en minoría sí consiguió avanzar en las conversaciones para la entrada de Bulgaria en la moneda única de la Unión Europea, otorgando al país un asiento en las decisiones sobre la política monetaria de la eurozona. Sin embargo, terminó dejando el poder en manos de socios muy impopulares, señalados por los manifestantes como símbolo de la corrupción y del secuestro de las instituciones.
Tras ello, el Ejecutivo interino encabezado por Andrei Giurov asumió el mando con el objetivo de organizar unas “elecciones justas” para este 19 de abril, aunque advirtió que prefería “no prometer milagros, reformas exprés, ni puntos de inflexión históricos”. Con estas palabras, buscaba despejar sospechas de fraude electoral, una sombra que planeó sobre la anterior cita con las urnas.
Los sondeos de intención de voto colocan ahora a la coalición de Radev —que presentó su dimisión en enero como jefe del Estado, a pocos meses de la votación— como clara favorita para imponerse en estas legislativas. La alianza de centro-izquierda Bulgaria Progresista podría alcanzar en torno al 33,2% de los sufragios, muy por delante del conservador GERB, liderado por el veterano ex primer ministro Boiko Borisov, que rondaría el 20% de los apoyos.
La mayoría de encuestas, que otorgan al expresidente al menos diez puntos de ventaja, sitúan en tercer puesto a la coalición PP-DB y en cuarto al Movimiento por los Derechos y las Libertades, fuerza que concentra buena parte del voto de las minorías étnicas del país.
Tras abandonar la Presidencia, Radev hizo balance de los últimos años de vida política en Bulgaria y de sus retos pendientes. Llamó además a la unidad nacional en un país que ha sufrido “crisis encadenadas” y “obstáculos”, entre ellos las masivas movilizaciones de 2025.
El dirigente, al que algunos comparan con Viktor Orbán, ha cultivado una imagen de crítico con las élites. A sus 62 años, fue comandante de las Fuerzas Armadas y alcanzó un alto rango militar. Durante su mandato presidencial, entre 2017 y 2026, mantuvo fuertes choques con Borisov, uno de los políticos más influyentes del país, al que acusó reiteradamente de mantener una postura “tolerante” con la corrupción en el Estado miembro más pobre de la Unión Europea.
Pese a su ventaja, el actual mapa político complica que Radev pueda gobernar en solitario. Así lo señala José Manuel Corrales, profesor de Economía, Empresa y Relaciones Internacionales en la Universidad Europea. “Si Radev gana, no gobernará en solitario. Aunque quede primero, necesitará pactos en un Parlamento muy fragmentado. El escenario más probable es un Gobierno débil, apoyado en acuerdos puntuales, no una mayoría sólida”, ha aseverado en declaraciones a Europa Press.
En el plano exterior, Corrales considera que su llegada al poder sí implicaría un giro en el tono diplomático: “Radev ha sido crítico con el envío de armas a Ucrania, con las sanciones a Rusia y con la rapidez de la integración europea, incluida la entrada en el euro”. “No sacará a Bulgaria de la UE ni de la OTAN, pero sí podría convertirse en un actor incómodo, más cercano a posiciones pragmáticas hacia Moscú en un momento de máxima tensión en Europa”, ha sostenido.
Unos comicios con un posible ganador claro
Para el experto, la cita de este domingo marca una diferencia respecto a procesos anteriores, ya que por primera vez las encuestas apuntan a un vencedor nítido. “La nueva coalición Bulgaria Progresista (compuesta por tres partidos políticos) ronda el 30-32% del voto, muy por delante del partido conservador GERB”, ha destacado.
Corrales subraya que “Bulgaria se juega salir del bucle de inestabilidad que arrastra desde 2021”. “Recordemos que ha tenido siete gobiernos y ninguno ha durado más de un año. En términos económicos, esta parálisis ha provocado retrasos en reformas, mala absorción de fondos europeos y una caída continuada de la confianza ciudadana. No es casualidad que Bulgaria siga siendo el país más pobre de la UE, con un PIB per cápita en torno al 65% de la media europea”, ha insistido.
A su juicio, la fragmentación política en Bulgaria es “estructural”; responde a la combinación de un “sistema de partidos débil, una corrupción endémica y una profunda desconfianza institucional”. Recuerda que, según Transparencia Internacional, el país figura junto a Hungría como el peor valorado de la UE en percepción de corrupción.
Una de las claves, apunta, es que “cada elección castiga al Gobierno anterior y premia a nuevos actores, pero ninguno logra consolidarse”. “Esto genera partidos personalistas, coaliciones artificiales y gobiernos muy frágiles. Además, el sistema electoral proporcional --con un umbral bajo, del 4%-- favorece la entrada de muchos partidos pequeños y hace casi imposible formar mayorías estables.
Pese a las comparaciones, Corrales rechaza equiparar a Radev con Orbán por considerarlo un paralelismo “desacertado y desenfocado”, ya que el búlgaro mantiene un perfil de centro-izquierda y socialdemócrata y “no dispone del poder institucional ni el control mediático que Orbán construyó en Hungría durante más de una década”. “Bulgaria está, además, políticamente mucho más fragmentada”, ha aclarado.
“Dicho esto”, sostiene, “podría seguir una estrategia similar en lo externo: bloquear consensos, adoptar un discurso soberanista y relativizar el apoyo a Ucrania”. “Más que un Orbán búlgaro, sería un factor de fricción dentro de la UE, sobre todo en política exterior y energética”, ha afirmado.
Todo apunta a que la contienda electoral desembocará en un Ejecutivo frágil y con escaso margen, por lo que el vencedor tendrá que volcarse en la búsqueda de acuerdos duraderos si quiere romper la dinámica actual y evitar una nueva repetición electoral el próximo otoño.