La guerra entre Irán, tras los ataques de Israel y Estados Unidos, ha provocado ya la pérdida de 14 millones de barriles diarios de petróleo en el mercado mundial, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). La cifra, comunicada por el director ejecutivo del organismo, Fatih Birol, refleja el fuerte impacto que está teniendo el conflicto sobre el suministro energético global tras el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz.
La AIE calcula que el petróleo perdido equivale aproximadamente al 13,5% del consumo mundial diario previsto para este año. El dato ha disparado la preocupación de gobiernos, mercados y organismos internacionales ante el riesgo de una nueva crisis energética global.
La principal inquietud se centra ahora en las consecuencias económicas que puede desencadenar la situación si el conflicto se prolonga y continúan las restricciones al tráfico marítimo en el Golfo Pérsico.
El estrecho de Ormuz, clave para el petróleo mundial
El estrecho de Ormuz es una de las rutas energéticas más importantes del planeta. Según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), por ese corredor marítimo circulaba antes del conflicto cerca de una quinta parte del petróleo comercializado a nivel mundial.
Países como Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Catar dependen de esta vía marítima para exportar buena parte de su producción energética hacia Europa y Asia.
El bloqueo parcial de la zona y la inseguridad provocada por la guerra han reducido drásticamente el tránsito de petroleros y alterado las cadenas internacionales de suministro.
La AIE reconoce que la situación afecta especialmente a Asia por su elevada dependencia del crudo procedente del Golfo, aunque advierte de que las consecuencias ya se están extendiendo al conjunto de la economía mundial.
El temor a nuevas subidas de precios
Uno de los efectos más inmediatos del conflicto está siendo la presión sobre los precios internacionales del petróleo.
Los mercados energéticos han reaccionado con fuertes movimientos desde el inicio de la escalada militar y distintos analistas internacionales alertan de que la situación podría traducirse en nuevas subidas del combustible si no se restablece parcialmente el tráfico en Ormuz.
La AIE ya ha activado parte de sus reservas estratégicas para intentar estabilizar el mercado. Hace semanas aprobó la liberación de 400 millones de barriles, la mayor operación de este tipo desde la creación del organismo tras la crisis petrolera de los años setenta.
El objetivo es amortiguar el impacto sobre el suministro y evitar tensiones todavía mayores en los precios internacionales.
Además del petróleo, el conflicto también está afectando al transporte marítimo y a los costes logísticos. Las aseguradoras han elevado las primas para los buques que atraviesan la zona y varias compañías energéticas han reducido temporalmente operaciones en el Golfo Pérsico.
Riesgo de inflación y frenazo económico
Organismos internacionales y entidades financieras llevan días advirtiendo de las posibles consecuencias económicas derivadas de una crisis energética prolongada.
Entre los principales riesgos señalados por analistas figuran un aumento de la inflación, encarecimiento del combustible, mayores costes industriales, presión sobre el transporte y posibles efectos sobre el crecimiento económico global.
La subida del petróleo suele trasladarse directamente a sectores como el transporte, la electricidad o determinados productos industriales, lo que puede terminar afectando también a los precios que pagan consumidores y empresas.
La AIE ha comenzado incluso a plantear medidas de ahorro energético para reducir el consumo mientras persista la crisis. Entre las recomendaciones mencionadas por el organismo figuran impulsar el teletrabajo, fomentar el transporte público o limitar determinados desplazamientos.
Presión diplomática para frenar la crisis
Mientras continúa el impacto energético global, distintos gobiernos mantienen contactos diplomáticos para intentar reducir la tensión militar y reabrir parcialmente el tránsito marítimo en Ormuz.
Estados Unidos mantiene presencia militar reforzada en la zona y varios países occidentales continúan coordinando operaciones de protección para convoyes comerciales y petroleros.
Irán, por su parte, ha asegurado en los últimos días que sigue dispuesto a negociar determinadas condiciones relacionadas con la seguridad marítima en la región, aunque las conversaciones continúan bloqueadas.
La situación mantiene en alerta a gobiernos y bancos centrales ante el temor de que el conflicto termine provocando una nueva crisis energética internacional en un momento de fuerte incertidumbre económica global.