El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, ha jurado el cargo este martes para iniciar su séptimo mandato al frente del país africano, después de imponerse en los comicios celebrados en enero con más del 70% de los sufragios, unos resultados cuestionados por el líder opositor Robert Kyagulanyi, que ha denunciado un presunto fraude.
Durante la ceremonia en la capital, Kampala, Museveni, de 81 años, ha asegurado en su intervención que impulsará nuevos avances en la lucha contra la pobreza y promoverá mejoras sociales. El acto se ha desarrollado bajo un amplio dispositivo de seguridad y ha congregado a miles de simpatizantes, así como a numerosos jefes de Estado.
En su discurso, ha subrayado que las autoridades “han sentado las bases con carreteras, electricidad y paz” y ha insistido en la necesidad de “garantizar que todos los ugandeses entran en la economía” del país, haciendo hincapié en “la entrada en la fase de producción de petróleo” con el objetivo de destinar esos recursos a “educación científica, ferrocarriles y generación de electricidad”.
Museveni ha estado arropado por su hijo y jefe del Ejército, Muhoozi Kainerugaba, y ha cargado contra el partido de Kyagulanyi —conocido como Bobi Wine—, al que ha acusado de participar en episodios de violencia previos a las elecciones de enero, unas acusaciones rechazadas por la Plataforma Unitaria Nacional (NUP, según sus siglas en inglés).
En el poder desde 1986, el dirigente ugandés concurrió a las presidenciales como candidato del partido oficialista, el Movimiento Nacional de Resistencia (NRM), y logró cerca del 72% de los votos, de acuerdo con los datos difundidos por la comisión electoral del país, cifras que fueron posteriormente confirmadas por los tribunales.
La cita con las urnas llegó tras una campaña electoral salpicada por denuncias de abusos y violaciones de Derechos Humanos atribuidos a las fuerzas de seguridad. Este contexto llevó a Naciones Unidas a advertir de que la votación se celebraría en un clima de “represión generalizada e intimidación” y a instar a Kampala a garantizar que el proceso fuera “libre y seguro”.
Museveni alcanzó la jefatura del Estado tras la toma de Kampala por parte de su Ejército de Resistencia Nacional (NRA), que expulsó del poder a Tito Okello, quien un año antes había encabezado un golpe de Estado que puso fin al régimen de Milton Obote, acusado de graves abusos y vulneraciones de Derechos Humanos.
No obstante, la imagen inicial de Museveni como liberador no se tradujo de inmediato en elecciones presidenciales, que no se celebraron hasta diez años después, en 1996. Desde entonces, ha ido renovando su mandato en sucesivas convocatorias electorales, siempre rodeadas de acusaciones de fraude y violaciones de Derechos Humanos, denuncias que las autoridades de Kampala han rechazado de forma reiterada.