El activista mallorquín de la flotilla a Gaza relata agresiones, malos tratos y hacinamiento tras regresar a Palma

El activista mallorquín Toni Riera denuncia agresiones, malos tratos y hacinamiento tras ser interceptado en la flotilla a Gaza y deportado por Israel.

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El mallorquín Toni Riera, miembro de la Global Sumud Flotilla, ha hecho públicas las agresiones, los malos tratos y las condiciones de hacinamiento que, según denuncia, sufrieron los activistas durante el periodo en que permanecieron retenidos por las autoridades israelíes.

Riera ha aterrizado en la tarde de este sábado en el aeropuerto de Palma, tras varias semanas embarcado en la flotilla con destino a Gaza, que fue finalmente interceptada y sus ocupantes arrestados por las fuerzas israelís.

Posteriormente, junto con el resto de activistas españoles —al menos seis de ellos, incluido Riera, procedentes de Baleares—, fue deportado a Turquía, desde donde han podido emprender el viaje de regreso a sus domicilios.

El activista mallorquín, en declaraciones a los medios de comunicación recogidas por IB3 Ràdio, ha relatado el momento en que un grupo de soldados irrumpió en la embarcación en la que navegaba.

“Íbamos en dirección a Gaza cuando se nos acercó un barco de guerra, los soldados bajaron en una zódiac e hicimos todo lo que nos dijeron: plegamos las velas, apagamos el motor y nos pusimos en la proa con la cabeza en el suelo”, ha rememorado.

Desde allí, ha explicado, fueron trasladados a un buque de mayor tamaño, donde los mantuvieron tumbados en el suelo, con los ojos cubiertos, en una parte de la cubierta próxima a la zona del motor.

“Lo tienen todo muy bien estudiado, porque no sabes a dónde te llevan y estás horas y horas sin moverte. Los soldados pegaban gritos, hacían ruidos, todo muy preparado. Después nos dimos cuenta que nos estaban dando vueltas. Esos son sus sistemas”, ha explicado.

Transcurrido un tiempo, ha añadido, los cambiaron a una segunda embarcación, equipada con estructuras parecidas a contenedores de carga, en las que, siempre según su testimonio, llegaron a introducir a cerca de dos centenares de personas.

“No había sitio para todos, había diez o doce que siempre tenían que estar de pie, toda la noche. Si salías fuera, te ponían el puntero láser de los soldados encima, te apuntaban en la cabeza. Todo el tiempo así, sin comer, sin servicios sanitarios, con unos bidones en los que se iban acumulando los excrementos y los orines...”, ha señalado.

Riera ha descrito también cómo los soldados, en grupos de siete u ocho, les tiraban al suelo y les propinaban patadas, además de arrebatarles gorras o gafas. Antes de que intentaran dormir, ha añadido, les empapaban la ropa para mantenerles en una situación de constante incomodidad.