La enfermedad venosa crónica afecta a casi la mitad de la población y eleva el riesgo cardiovascular, advierte una cirujana

La enfermedad venosa crónica afecta a casi la mitad de los españoles, se infradiagnostica y eleva el riesgo cardiovascular y el deterioro de la calidad de vida.

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La enfermedad venosa crónica (EVC), conocida comúnmente como varices, se ha consolidado como un problema de salud pública de primer orden en España. Casi la mitad de la población convive con esta patología, que no se limita a un simple asunto estético, ya que está “estrechamente relacionada” con un incremento de las enfermedades cardiovasculares y con un notable deterioro de la calidad de vida, tal y como subraya la cirujana vascular y secretaria del CEFyL, Cristina Feijoo.

En concreto, el 48,5 por ciento de los españoles presenta EVC, lo que la convierte en la patología vascular “más frecuente”. Sin embargo, pese a su enorme presencia, continúa siendo una “enfermedad banalizada” por la sociedad, en gran medida por la falta de información y sensibilización.

Esta falta de conciencia hace que se considere una patología “infradiagnosticada e infratratada”, que suele manifestarse con síntomas como pesadez, dolor o hinchazón en las piernas, aparición de arañas vasculares y varices y, en fases más avanzadas, úlceras venosas.

Ante este escenario, el Capítulo Español de Flebología y Linfología (CEFyL), la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC) y el Consejo General de Enfermería (CGE) han elaborado y presentado un informe que recalca la relevancia de la EVC y busca llamar la atención de las administraciones, los profesionales sanitarios y la ciudadanía.

En paralelo, se ha dado a conocer la segunda edición de la campaña de concienciación “VenDetecta”, promovida por Laboratorios Servier, que ofrecerá formación específica a profesionales y facilitará la detección precoz de la enfermedad en casi 40 centros de salud de 10 comunidades autónomas.

El informe incorpora enfoques novedosos en el abordaje de la EVC, como el papel clave del personal de enfermería y, especialmente, la visión de los propios pacientes que conviven con esta dolencia.

“Debido a que no es una enfermedad mortal ni que genere una gran incapacidad a las personas que la sufren, ha sido históricamente subestimada, incluso por los propios profesionales sanitarios”, ha señalado Cristina Feijoo.

La especialista advierte además de que la cifra real de afectados podría ser aún mayor, ya que en las primeras fases los signos son leves y pueden pasar desapercibidos, de modo que hasta un 70 por ciento de la población podría padecerla sin saberlo.

Asimismo, la cirujana ha puntualizado la necesidad de situar al paciente en el “eje central” de la cuestión, destacando que “no solo se debe explorar su vivencia con la patología y su evolución clínica, sino también los factores que condicionan negativamente su evolución, como la banalización de los síntomas, la presencia de comorbilidades y la baja adherencia a los tratamientos prescritos”.

Una patología con elevada morbimortalidad

Feijoo insiste en que no se trata de una dolencia leve, ya que cursa con dolor, inflamación y sensación de pesadez. “Es una enfermedad que tiende a complicarse, que tiene una elevada morbimortalidad derivada de las complicaciones que produce esta enfermedad. Estamos hablando de pacientes que pueden tener una trombosis, una ulceración, o un sangrado, que llamamos varicorragia”, ha declarado.

Cuando la EVC progresa hasta estadios avanzados, el impacto sobre la calidad de vida es profundo, no solo en el plano físico, sino también en el ámbito emocional y social.

“Son pacientes que han sufrido una adolescencia que no se ponen faldas, que no salen a la calle, que en verano no se van a la playa o a la piscina, no se ponen pantalón corto, y eso hace que su autoestima sea muy baja”, ha apostillado.

El enfermero de práctica avanzada en heridas crónicas complejas y presidente de la Asociación Española de Enfermería Vascular y Heridas, David Pérez-Barreno, ha recalcado que la intervención desde enfermería resulta “esencial” para frenar la progresión de la EVC, gracias a la detección precoz, el seguimiento continuado y el trabajo de concienciación con los pacientes.

Por su parte, el coordinador del Grupo de Trabajo de Vasculopatías de SEMERGEN, Juan Peiró, ha explicado que esta patología condiciona los horarios y las rutinas diarias, lo que repercute directamente en el estado de ánimo y en el bienestar general de quienes la sufren.

“La percepción de estar limitada en muchas tareas cotidianas provoca una sensación de incomodidad constante que dificulta la forma de vivir día a día”, ha sumado.

En esta línea, ha remarcado el papel crucial de la prevención para preservar la calidad de vida y evitar que la enfermedad avance hacia fases más graves.

“El bienestar de las personas comienza en uno mismo, por lo que los pacientes deben tener claro que evitar el sobrepeso y mantener algunos hábitos como practicar ejercicio con regularidad, descansar con las piernas elevadas o no estar de pie sin moverse durante muchas horas, pueden prevenir la insuficiencia venosa”, ha expuesto.

La úlcera venosa, un “fracaso terapéutico”

En los estadios más evolucionados, la EVC puede desembocar en la aparición de úlceras venosas, situación que Peiró ha descrito como un “fracaso terapéutico” y también de las estrategias preventivas. Ha llegado a equiparar la calidad de vida de estos pacientes con la de personas que padecen enfermedades como la insuficiencia cardíaca progresiva.

Además, ha precisado que las úlceras venosas representan en torno al 2 por ciento del gasto sanitario anual en los países europeos, y que curarlas resulta “diez veces más caro que prevenirlas”. De ahí la importancia de informar a la población y de diagnosticar a tiempo a quienes corren riesgo de alcanzar este estadio.

El abordaje terapéutico se apoya en varios pilares: el control de los factores de riesgo, las medidas higiénico-dietéticas, el uso de sistemas de compresión elástica y, cuando es necesario, la cirugía. Desde Atención Primaria también se puede actuar sobre la cronicidad de la enfermedad y su seguimiento a largo plazo.

La miembro de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC), Irene Escudero, ha afirmado que la implicación del farmacéutico es “esencial” tanto para detectar el infradiagnóstico como para reforzar la concienciación sobre la enfermedad y sus tratamientos.

Escudero ha recordado que es fundamental que los pacientes tomen conciencia de su situación, y que las farmacias comunitarias, gracias a su cercanía, pueden fortalecer la adherencia a la medicación y el seguimiento farmacológico.

“Dada la cercanía y accesibilidad de la farmacia para los pacientes y gracias a la implantación de Servicios Profesionales Farmacéuticos Asistenciales, podemos hacer una correcta derivación al profesional sanitario correspondiente, así como indicar un tratamiento adecuado y trabajar en coordinación con ellos para garantizar la adherencia al tratamiento farmacológico y abordar el seguimiento”, ha concluido.

La segunda edición de la campaña “VenDetecta” se llevará a cabo entre el 4 y el 14 de mayo en 37 centros sanitarios de 10 comunidades autónomas, donde se ofrecerán actividades de cribado mediante pruebas rápidas de detección de insuficiencia venosa y se facilitará información a la ciudadanía.