Varios testigos del joven procesado por la muerte de su padre con un hacha en Muros (A Coruña), en abril de 2023 y en el domicilio familiar, han rechazado que el día de los hechos estuviese bajo los efectos de pastillas u otras sustancias, tal y como él mismo sostuvo durante el juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de A Coruña.
Una de las testigos, casada con un primo del fallecido y vecina del mismo inmueble en el que residían víctima y acusado, que tenía entonces 19 años, ha asegurado que “Estaba tranquilo, muy coherente”. Ha explicado que el procesado casi nunca le dirigía la palabra, pero que aquel día se acercó para preguntarle por qué una puerta del edificio estaba abierta. A preguntas de la Fiscalía, insistió en que “Estaba tranquilo, perfectamente”, sin aparentes signos de haber consumido sustancias, pese a lo declarado por el joven.
En su versión, el acusado afirmó que “Estaba colocadísimo”, atribuyendo su estado a algún porro y a una caja y media de pastillas de un tratamiento médico. Sin embargo, hasta cuatro familiares han desmentido también este relato y han rechazado que el padre lo desatendiese o lo agrediese, como sostiene el procesado. Uno de ellos, primo del fallecido, ha indicado que el progenitor se ocupaba de su hijo, cubría sus necesidades y lo llevaba al psicólogo por los episodios de conducta agresiva que presentaba el chico.
Perfil del padre y amenazas previas
Los primos del fallecido y sus esposas han coincidido en describirlo como una “persona tranquila” y volcada en el cuidado de su hijo. Una de las mujeres ha declarado tener “miedo” del acusado y ha recordado que la amenazó cuando ella tenía 16 años. Varios familiares han corroborado, además, que la víctima había recibido amenazas de muerte por parte del joven antes de los hechos.
Otro de los primos y su esposa han añadido que el procesado llegó a culpar a unos sicarios del crimen y que, tras el hallazgo del cadáver, pidió que se retirase cuanto antes el cuerpo de su padre para poder limpiar la sangre y acceder a la vivienda, alegando que ahora él era el propietario del domicilio.
Relatos contradictorios sobre lo ocurrido
Mientras algunos testigos que vivían en el mismo edificio relataron haber escuchado golpes, pero no una discusión previa, el acusado sostuvo en la primera sesión del juicio que sí hubo una pelea con su padre porque este se negó a comprarle un móvil y que, en el transcurso de la misma, el progenitor le lanzó un cuchillo que le causó un corte en la cara.
“No me puse agresivo, pero le grité”, declaró el joven sobre ese enfrentamiento, en el que, según su versión, se produjo el lanzamiento del arma blanca. Sobre el momento exacto del ataque, afirmó no recordarlo con claridad porque “estaba colocadísimo”, aunque negó haber consumido otras drogas como, dijo, hacía cuando tenía 16 años.
Petición de penas y calificación jurídica
Por estos hechos, la Fiscalía solicita 23 años de prisión por un delito de asesinato con la agravante de parentesco, la misma pena que reclama la acusación particular, que sostiene que “Quería y lo hizo”. La defensa, por su parte, mantiene que el acusado tenía afectadas sus capacidades volitiva y cognitiva, lo considera inimputable y pide la absolución o, de forma subsidiaria, una rebaja de la pena para que el caso se califique como homicidio.
En su escrito, el Ministerio Público sitúa los hechos en la noche del 21 al 22 de abril de 2023, en torno a las 22.00 horas, cuando padre e hijo se encontraban en la zona de Esteiro, en Muros. “En un momento dado, estando padre e hijo en la cocina de la vivienda, el acusado, con ánimo de atentar contra la vida de su padre, valiéndose de un hacha, le atacó, propinándole fuertes y repetidos golpes en la cabeza que le causaron la muerte en el acto por destrucción de centros vitales”.
La vivienda donde sucedieron los hechos era el hogar compartido de ambos, donde desarrollaban actividades cotidianas como las comidas, aunque el padre a veces dormía en otro piso situado en plantas superiores del mismo edificio. Según la Fiscalía, el procesado atacó a su progenitor “de forma súbita e inesperada, cuando este se encontraba confiadamente en la cocina del domicilio familiar, a solas con su propio hijo y sin posibilidad de auxilio por parte de terceras personas”. La víctima falleció por una lesión craneal.
La acusación particular sostiene que existió un “plan premeditado”, mientras que la defensa insiste en que el joven actuó en legítima defensa al sentirse atacado por su padre. El tribunal deberá decidir ahora entre estas versiones enfrentadas y las declaraciones de los testigos.