La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha confirmado que el brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius corresponde al virus de los Andes, una de las variantes más peligrosas de esta familia viral y la única con capacidad demostrada de transmisión entre personas.
El brote ha provocado ya ocho casos confirmados, con tres fallecimientos y una persona en estado crítico ingresada en cuidados intensivos en Johannesburgo. La confirmación ha elevado la preocupación internacional debido a la elevada letalidad asociada a esta cepa y a su comportamiento epidemiológico inusual dentro del grupo de los hantavirus.
Un virus poco común con un comportamiento excepcional
El hantavirus no es un único agente, sino una familia amplia de virus con decenas de variantes identificadas, de las cuales varias pueden infectar a humanos. Sin embargo, el virus de los Andes destaca dentro de este grupo por dos características especialmente relevantes: su elevada mortalidad, que puede situarse en torno al 30–40% en los casos más graves, y su capacidad única de transmitirse de persona a persona.
El contagio habitual de los hantavirus se produce a través de la inhalación de aerosoles generados por roedores infectados, es decir, partículas en suspensión procedentes de la orina, heces o saliva de estos animales. En el caso concreto del virus de los Andes, a esta vía se suma otra mucho menos frecuente en el resto de la familia: la transmisión entre humanos mediante contacto estrecho y prolongado, especialmente en situaciones donde hay exposición a fluidos corporales.
De los roedores al contagio humano
El reservorio natural de este virus no son los humanos, sino los roedores. En el Cono Sur de América, el principal portador del virus de los Andes es el ratón colilargo, una especie ampliamente distribuida en la región. Durante años se consideró que el contagio humano era un fenómeno indirecto, limitado al contacto con ambientes contaminados por estos animales.
Sin embargo, esta hipótesis cambió tras varios brotes en Argentina. En 1996, en El Bolsón, se identificaron casos sin contacto con roedores pero con vínculos estrechos entre los afectados, lo que abrió la sospecha de transmisión interpersonal. Más tarde, en el brote de Chubut (2018–2019), esta posibilidad quedó confirmada de forma más clara. En aquel episodio, algunos pacientes asistieron a eventos sociales multitudinarios durante la fase inicial de la infección, lo que facilitó la aparición de cadenas de transmisión y llevó a la identificación de posibles “supercontagiadores”.
Las investigaciones posteriores demostraron que el aislamiento de los casos y sus contactos reducía de forma significativa la propagación del virus, lo que permitió contener el brote cuando el número reproductivo bajó por debajo del umbral epidémico.
Vigilancia reforzada ante un brote en entorno cerrado
El brote actual resulta especialmente relevante por haberse producido en un entorno cerrado como un crucero, donde la convivencia estrecha entre pasajeros y tripulación puede favorecer la transmisión si no se detectan y aíslan rápidamente los casos.
En paralelo, la situación epidemiológica en Argentina, país de origen del virus, ya mostraba en 2026 un aumento de la actividad del virus, con decenas de casos confirmados y una letalidad superior a la observada en años anteriores. Este contexto ha reforzado la atención de los organismos sanitarios internacionales, que consideran este brote como un escenario crítico para evaluar la capacidad de respuesta ante la transmisión interpersonal del virus.