El Gobierno ha decidido desgajar el área de energía de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC). Al ratón le importa poco el color del gato que lo caza; y a la gobernanza de las instituciones y de los mercados – la adecuada, la eficaz- le importa poco si existen dos organismos reguladores independientes o media docena. A los Gobiernos si les importa. Mucho.
En 2013, por ley (Ley 3/2013), con Mariano Rajoy como presidente de Gobierno y Luis de Guindos como ministro de Economía, el Ejecutivo agrupó las funciones de la Comisión Nacional de Energía (CNE); la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT); la Comisión Nacional de la Competencia (CNC); el Comité de Regulación Ferroviaria y la Comisión Nacional del Sector Postal.
Desde la creación de la CNMC se sucedieron las batallas internas. En algunas etapas, de forma continua
La justificación fue ganar eficiencia y tratar de tú a tú a las compañías supervisadas. «Ahorrará 30 millones de euros», declaró la entonces vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, «se reducirá el número de sedes, de consejeros (de 50 a 10) y los altos cargos, en un 35-40%».
