Herencias sin hijos: cómo los bienes de tus padres pueden acabar en otra familia

Morir sin descendientes y no dejar testamento puede hacer que una vivienda o un patrimonio familiar termine en manos de los parientes del cónyuge; la planificación sucesoria permite ordenar ese destino, aunque existen límites legales

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Una mujer hereda de sus padres la vivienda familiar. Años después, fallece sin tener hijos y sin haber dejado testamento. Su marido se convierte en heredero de sus bienes porque no viven sus padres ni otros ascendientes. Cuando él muere, tampoco tiene descendientes y su patrimonio pasa a sus propios familiares. El resultado es que la casa que pertenecía a la familia de ella termina en manos de la familia de él.

Este supuesto muestra por qué las herencias de los matrimonios sin hijos requieren una planificación específica. La ausencia de descendientes no significa que los bienes vayan automáticamente al cónyuge o a los hermanos: el destino del patrimonio depende de quién sobreviva al fallecido, de si existe testamento y de la legislación civil que resulte aplicable.

En España, además, no todas las comunidades autónomas siguen las mismas reglas sucesorias. Por eso, una decisión que puede parecer sencilla —dejar todos los bienes a la pareja— puede estar condicionada por los derechos de otros familiares.

 

Qué ocurre si una persona muere sin hijos y sin testamento

En el Derecho común, cuando una persona fallece sin descendientes y no ha otorgado testamento, la ley establece un orden para determinar quién hereda. Si viven sus padres, estos tienen preferencia sobre otros familiares, aunque el cónyuge viudo conserva determinados derechos sobre la herencia.

Si no viven los padres, pero sí otros ascendientes, como los abuelos, estos también pueden tener derechos sucesorios. En ese supuesto, el cónyuge viudo tiene reconocido el usufructo de la mitad de la herencia.

La situación cambia cuando no existen descendientes ni ascendientes. En ese caso, el cónyuge superviviente hereda todos los bienes antes que los hermanos, sobrinos u otros parientes colaterales. Esto explica cómo un patrimonio procedente de una familia puede terminar pasando, tras varios fallecimientos, a los familiares de la pareja.

Si tampoco existe cónyuge ni familiares con derecho a heredar, la sucesión puede corresponder al Estado o a la comunidad autónoma competente. <Cite refs=

El testamento no permite repartir siempre el patrimonio como se quiera

Hacer testamento es una de las principales herramientas para decidir quién recibirá los bienes después del fallecimiento. Sin embargo, la libertad para repartir el patrimonio no es absoluta: la ley reserva una parte de la herencia a determinados familiares, conocidos como herederos forzosos o legitimarios.

En el régimen general del Código Civil, cuando una persona no tiene hijos ni otros descendientes, sus padres y ascendientes pueden tener derecho a una legítima. Si concurren con el cónyuge viudo, esa parte reservada equivale a un tercio de la herencia. Si no existe cónyuge, la legítima de los ascendientes asciende a la mitad.

Por tanto, si una persona casada y sin hijos quiere dejar sus bienes a su pareja, deberá tener en cuenta si todavía viven sus padres o existen otros ascendientes con derechos sucesorios. Cuando no hay descendientes ni ascendientes, el cónyuge puede ser nombrado heredero de todo el patrimonio.

La legítima del viudo o viuda también varía según los familiares con los que concurra. Si existen ascendientes, tiene derecho al usufructo de la mitad de la herencia. Si no hay ni descendientes ni ascendientes, el usufructo legal alcanza dos tercios, aunque el testador puede atribuirle la propiedad de los bienes dentro de los límites legales. 

Cómo dejar una vivienda u otros bienes a una persona concreta

El testamento permite establecer disposiciones específicas sobre el destino de determinados bienes. Por ejemplo, una persona puede nombrar heredera a su pareja y dejar expresamente una vivienda a un familiar o a otra persona mediante un legado, siempre respetando los derechos de los legitimarios.

También existen fórmulas para organizar el destino de los bienes a lo largo del tiempo. Una de ellas es la sustitución fideicomisaria, que permite establecer que una persona reciba determinados bienes y que, cuando se cumpla una condición o llegue el momento previsto, pasen a otra persona designada. Su utilización está sujeta a requisitos y límites legales.

Estas opciones pueden servir para evitar que un inmueble termine en manos de personas distintas de las que el propietario tenía en mente. No obstante, cada caso exige estudiar la titularidad de los bienes, el régimen económico matrimonial, los posibles herederos forzosos y las consecuencias fiscales.

Las normas de herencia no son iguales en toda España

El Código Civil se aplica en buena parte del territorio, pero convive con legislaciones civiles propias en comunidades como Cataluña, Aragón, Navarra, Galicia, País Vasco y Baleares. Estas normas pueden modificar quién tiene derecho a una legítima, qué parte del patrimonio está reservada y qué margen existe para decidir el destino de los bienes.

Por ejemplo, en Cataluña la legítima de los descendientes y, en su defecto, de los padres, es una cuarta parte del valor de la herencia. En Aragón, la legítima corresponde a los descendientes y tiene carácter colectivo, mientras que en Navarra existe un régimen propio con una libertad de disposición mucho más amplia. En el País Vasco, además, las parejas de hecho pueden tener determinados derechos sucesorios equiparados a los matrimonios conforme a su normativa foral.

Por eso, no basta con fijarse únicamente en el lugar donde se encuentra una vivienda o en la comunidad autónoma en la que se reside. Para determinar qué legislación se aplica hay que analizar, entre otras cuestiones, la vecindad civil del fallecido y las circunstancias de la sucesión. 

Revisar el testamento con un notario puede evitar sorpresas

La planificación sucesoria resulta especialmente importante para las parejas sin hijos que quieren protegerse mutuamente o conservar determinados bienes dentro de una rama familiar. Otorgar testamento ante notario permite recibir asesoramiento sobre las posibilidades legales y comprobar que las disposiciones respetan las legítimas.

También es recomendable revisar el documento cuando cambian las circunstancias familiares o patrimoniales, por ejemplo, tras heredar una vivienda, contraer matrimonio, enviudar o adquirir nuevos bienes.

Si no existe testamento, la ley determinará quiénes son los herederos y será necesario tramitar una declaración de herederos ante notario para identificar a las personas con derecho a recibir el patrimonio. En definitiva, no tener hijos no significa que se pueda dejar la herencia a cualquier persona sin restricciones, pero sí hace especialmente importante decidir con antelación qué ocurrirá con los bienes y quién los recibirá en última instancia.