El mitin de Valencia o silbato de ‘perro’? Anunciado el lunes, con Mazón de fondo y Puente aún como ministro

El PSOE anunció el acto cuando Moncloa todavía defendía la continuidad del ministro de Transportes. Un día después, Puente dimitió por sorpresa y el presidente pudo regresar a la campaña reivindicando su renuncia frente a la gestión de Carlos Mazón durante la DANA. ¿Fue una sucesión de acontecimientos imprevistos o había una salida política en marcha?

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Pedro Sánchez y Óscar Puente | Ilustración Demócrata
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Este viernes, Pedro Sánchez ha regresado a la precampaña electoral en Valencia con un argumento que habría resultado mucho más difícil de defender apenas cuatro días antes. Ante miles de simpatizantes, el presidente del Gobierno ha reivindicado la dimisión del ya exministro de Transportes, Óscar Puente, como un ejercicio de responsabilidad política y la ha contrapuesto a la actuación del PP ante otras crisis, con Carlos Mazón y la dana como referencia inevitable. "El ejercicio de dignidad que ha hecho no lo practican PP y Vox ante ninguna crisis", ha proclamado Sánchez.

Sin embargo, cuando el PSOE anunció el mitin el lunes, Puente todavía estaba al frente de Transportes y Moncloa defendía su continuidad tras el accidente ferroviario de Urda. El martes 3, apenas unas horas antes de su dimisión, fuentes del Gobierno aseguraron a EFE y otros medios que el ministro no dimitiría, que Sánchez tampoco lo cesaría y que seguiría encabezando la lista socialista por Valladolid el 29N. Aquella misma noche, Puente anunció por sorpresa su renuncia al término de su comparecencia en el Congreso.

En comunicación política existe un concepto para describir los mensajes que solo determinados destinatarios saben interpretar: dog whistle, literalmente "silbato para perros", una señal en clave cuyo significado pasa inadvertido para el resto. ¿Pudo ser la convocatoria del mitin de Valencia una de esas señales? 

La frase tenía especial significado en Valencia, donde los socialistas han convertido la gestión de la dana en uno de sus principales argumentos contra los populares. Pero también invitaba a revisar lo ocurrido durante los días anteriores. El mitin había sido anunciado el lunes 2 de noviembre, cuando Puente seguía al frente de Transportes y el Gobierno rechazaba que tuviera que abandonar el cargo.

Entre aquella convocatoria y la intervención de Sánchez del viernes ocurrió algo decisivo: el ministro dimitió, según parece, por propia voluntad y contra la de Sánchez. Una decisión que el Ejecutivo había descartado hasta pocas horas antes terminó proporcionando al PSOE uno de sus principales argumentos electorales.

Un mitin convocado con Puente todavía en el Gobierno

El accidente ferroviario de Urda se produjo el miércoles 28 de octubre y dejó 69 fallecidos. Cinco días después, el lunes 2 de noviembre, el PSOE anunció que Sánchez retomaría su agenda electoral el viernes siguiente en Valencia.

La convocatoria llegó en un momento especialmente delicado. El Gobierno había decretado tres días de luto oficial, la investigación sobre el accidente seguía abierta y Puente acumulaba peticiones de dimisión tanto de la oposición como de varios socios parlamentarios.

Moncloa, sin embargo, mantenía su respaldo al ministro. El viernes 30 de octubre, fuentes próximas al Ejecutivo trasladaban que Sánchez no contemplaba cesarlo. El argumento era que Puente debía continuar al frente de la gestión de la crisis, explicar lo sucedido y adoptar las medidas necesarias para reforzar la seguridad ferroviaria.

El lunes 2, cuando se anunció el mitin, esa seguía siendo la posición oficial. No obstante, dentro del PSOE ya existían dudas sobre el coste político de llegar a las elecciones del 29 de noviembre con Puente todavía en el Consejo de Ministros.

La contradicción era evidente. Sánchez se disponía a regresar a la campaña precisamente en Valencia, donde el PSOE había exigido responsabilidades políticas a Mazón por la DANA, mientras defendía la continuidad de su propio ministro tras dos accidentes ferroviarios mortales en menos de un año.

El acto podía celebrarse. Otra cuestión era qué podía decir Sánchez desde aquella tribuna.

Una dimisión decidida desde el primer día, pero comunicada en el último minuto

La noche del martes 3 de noviembre, después de más de cuatro horas de comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso, Puente anunció para sorpresa de todos que dejaba el Ministerio de Transportes y renunciaba también a encabezar la candidatura socialista por Valladolid.

El ministro explicó que había tomado la decisión en los primeros momentos posteriores al accidente de Urda, aunque había preferido continuar durante los días más difíciles de la emergencia.

Pero su renuncia no fue improvisada. Puente llevaba preparado el discurso con el que se despediría del cargo y, según la información publicada posteriormente por laSexta, había redactado el lunes el mensaje de WhatsApp con el que comunicaría su decisión al presidente. Es decir, el mismo día en que el PSOE anunciaba el mitin de Valencia, Puente ya estaba preparando su despedida.

Según el relato del propio Puente, Sánchez no conoció su decisión definitiva hasta unos minutos antes de que la anunciara en el Congreso. Fuentes gubernamentales corroboraron esa versión y aseguraron que el presidente había mantenido su confianza en el ministro hasta el último momento.

La información publicada por laSexta aporta un detalle especialmente revelador. Puente pidió a Sánchez en aquel mensaje que no interpretara su renuncia como una traición. El presidente, según esa misma información, respondió pidiéndole que no dimitiera.

Si esa secuencia fue exactamente como la han descrito sus protagonistas, la salida no respondió a un acuerdo previo para facilitar la campaña. Fue una decisión personal del ministro que terminó beneficiando políticamente al Gobierno.

Pero el desenlace permite formular otra pregunta: ¿hasta qué punto era previsible que Puente acabara abandonando el cargo antes del regreso de Sánchez a los mítines?

La responsabilidad política que el martes no exigía Moncloa

Horas antes de la dimisión, el Gobierno seguía defendiendo que Puente debía permanecer al frente de Transportes. La explicación era que abandonar el cargo en plena crisis no suponía necesariamente una respuesta responsable y que lo prioritario era esclarecer las causas del accidente. La renuncia alteró ese argumento.

Desde aquella noche, Sánchez y su entorno comenzaron a reivindicar precisamente la decisión de marcharse como una demostración de dignidad política. El ministro que debía continuar para gestionar la emergencia pasó a convertirse en ejemplo de cómo un dirigente puede asumir responsabilidades sin que exista una atribución directa de culpabilidad.

Valencia y Mazón, el escenario que daba sentido a la comparación

La dimisión de Puente permitió a Sánchez acudir a Valencia con un argumento que habría tenido un recorrido mucho más limitado si el ministro hubiera seguido en el cargo.

El PSOE podía reivindicar que uno de sus responsables había renunciado seis días después de una tragedia ferroviaria, mientras Mazón había tardado un año en abandonar la Presidencia de la Generalitat tras la dana y conservaba su escaño en Les Corts.

El contraste ya había comenzado a utilizarse antes del mitin. El miércoles 4 de noviembre, Pilar Bernabé defendió que Puente había dado explicaciones y asumido responsabilidades, frente a lo que consideraba la falta de respuesta política de Mazón.

El viernes, Sánchez llevó esa comparación al escenario electoral. La dimisión había resuelto así uno de los problemas más evidentes para el discurso socialista. Con Puente todavía en Transportes, cualquier reproche dirigido al PP por no haber asumido responsabilidades tras la DANA habría encontrado una réplica inmediata en la situación del propio Gobierno.

Sin Puente, el PSOE podía utilizar su renuncia para defender que había actuado de manera diferente.

La coincidencia que alimenta las preguntas

Hay hechos que permiten reconstruir la secuencia sin necesidad de atribuir intenciones que no están acreditadas.

El lunes, el PSOE anunció el mitin y Puente preparó el mensaje de su dimisión. El martes, Moncloa todavía defendía su continuidad y el ministro abandonó el cargo por sorpresa. El miércoles, el Gobierno comenzó a reivindicar su renuncia como ejemplo de responsabilidad política. El viernes, Sánchez utilizó ese argumento en Valencia para contraponer su actuación a la del PP.

La dimensión política de lo ocurrido no puede ignorarse. La dimisión llegó cuando el PSOE necesitaba recuperar la iniciativa electoral, después de una semana dominada por la tragedia ferroviaria y con un mitin ya convocado en una comunidad donde la exigencia de responsabilidades por otra catástrofe ocupaba buena parte del debate político.

El resultado fue extraordinariamente conveniente para el discurso socialista. Quizá todo sucedió como relatan sus protagonistas. Quizá la dimisión fue una decisión estrictamente personal que terminó encajando en el calendario electoral mejor de lo que nadie había previsto. O quizá, y solo quizá, las coincidencias son demasiadas.