La Comisión abre la puerta a que los gobiernos asuman el 70% del shock energético por la guerra de Irán

Bruselas permitirá a los Estados miembros cubrir hasta el 70% del aumento de los costes energéticos de empresas clave, especialmente en agricultura, transporte e industria, flexibilizando las normas de ayudas públicas en plena escalada del conflicto con Irán, aunque sin aportar financiación directa y dejando el peso del gasto en los presupuestos nacionales

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Las consecuencias de la guerra en Oriente Medio pueden prolongarse meses o incluso años. Ese es el diagnóstico que manejan en las instituciones europeas, donde estiman que la Unión ya ha asumido 27.000 millones de euros en costes no previstos, una cifra que equivale a aproximadamente 500 millones de euros diarios. Este impacto económico, derivado en gran medida de la volatilidad energética y de las tensiones en rutas comerciales clave como el estrecho de Ormuz, ha obligado a Bruselas a acelerar su respuesta.

Por ello, la Comisión Europea ha dado un paso más en su estrategia para paliar los efectos de la guerra en Oriente Medio en el bolsillo de empresas y ciudadanos europeos. El Ejecutivo comunitario apuesta ahora por introducir la flexibilidad necesaria para que los Estados miembros puedan subvencionar a las empresas de los sectores más perjudicados por el cierre del estrecho de Ormuz y por el encarecimiento de los suministros energéticos.

En línea con lo planteado por varios Estados durante la última cumbre de líderes europeos en Chipre, Bruselas ha propuesto la creación de un nuevo programa que permitirá a las empresas que cumplan determinados requisitos recibir compensaciones de hasta el 70% del aumento de los costes relacionados con el combustible y los fertilizantes.

Simplificación administrativa y mayor alcance de las ayudas

Esta iniciativa va acompañada, según la comunicación difundida este miércoles, de una serie de medidas destinadas a simplificar los procesos de solicitud, especialmente para pequeñas empresas. Asimismo, se contemplan límites de ayuda más elevados para los sectores con alto consumo eléctrico, lo que supone un alivio adicional para industrias especialmente expuestas a las fluctuaciones del mercado energético.

El objetivo de la Comisión es doble: por un lado, garantizar que las ayudas lleguen con rapidez a quienes más las necesitan; por otro, evitar que la burocracia frene la capacidad de reacción de las economías nacionales ante una crisis de carácter global.

Para la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión, Teresa Ribera, una “economía limpia” es la clave para proteger a los europeos de futuras crisis energéticas. En este sentido, mantiene que la transición energética sigue siendo la estrategia más eficaz para reforzar la autonomía, el crecimiento y la resiliencia de Europa.

No obstante, durante una rueda de prensa celebrada este miércoles, Ribera ha reconocido que el reciente aumento de los precios de la energía exige una respuesta inmediata. “Este marco permite soluciones de fácil aplicación que sustentarán el desarrollo continuo de sectores clave de la UE, como la agricultura, la pesca y el transporte, amortiguando los efectos de la crisis”, ha sentenciado.

Un marco temporal sujeto a revisión

En cualquier caso, se trata de una medida de carácter temporal que estará vigente hasta finales de año. Durante ese periodo, los servicios de la Comisión monitorizarán de forma periódica el contenido, el alcance y la duración del marco, en función de cómo evolucionen los acontecimientos en Oriente Medio y de la situación económica general.

El nuevo marco temporal está diseñado para apoyar la resiliencia de las empresas frente a la volatilidad experimentada en los últimos días en los precios de la energía, así como ante las interrupciones en las cadenas de suministro. En concreto, va dirigido a sectores como:

  • La agricultura
  • El transporte terrestre
  • La navegación de corta distancia
  • La industria electrointensiva

Estos sectores son especialmente vulnerables al aumento de los costes energéticos y a las disrupciones logísticas, lo que justifica su inclusión prioritaria en el programa de ayudas.

Cómo funcionarán las compensaciones

En el caso de la agricultura, la pesca y el transporte, la Comisión concederá permiso a los Estados miembros para otorgar ayudas bajo dos modalidades principales: la compensación de sobrecostes y una opción simplificada para pequeñas empresas.

A través de este mecanismo, los Estados podrán cubrir hasta el 70% de los costes adicionales derivados del aumento de los precios de los combustibles o fertilizantes. Para calcular este sobrecoste, Bruselas propone restar un precio de referencia histórico al precio de mercado actual y multiplicar el resultado por el consumo real o el consumo previo a la crisis.

Además, con el objetivo de reducir la carga administrativa, se permitirá conceder ayudas basadas en estimaciones generales o indicadores, como el tamaño de la flota o la superficie cultivada, en lugar de exigir pruebas detalladas de consumo. Esta opción simplificada establece un límite máximo de 50.000 euros por empresa, lo que facilitará el acceso a las ayudas para pequeñas y medianas empresas, tradicionalmente más afectadas por los costes administrativos.

En cuanto a la industria electrointensiva, la propuesta introduce modificaciones temporales en el marco de ayudas estatales vinculado al Pacto Industrial Limpio. El objetivo es responder al pico de precios de la electricidad mediante un aumento de la intensidad de las ayudas. En concreto, se eleva del 50% al 70% la cobertura de los costes de electricidad para el consumo elegible, lo que puede cubrir hasta el 50% del consumo total del beneficiario. Todo ello sin exigir esfuerzos adicionales de descarbonización más allá de los ya previstos para acceder a este incremento.

Subvenciones al gas: una opción bajo condiciones estrictas

La Comisión también deja abierta la posibilidad de evaluar, caso por caso, medidas transitorias destinadas a subvencionar el coste del gas utilizado en la generación de electricidad, con el objetivo de reducir los precios para todos los consumidores.

Sin embargo, estas medidas deberán cumplir condiciones estrictas: estar limitadas en el tiempo, preservar los incentivos para la inversión en energías limpias y garantizar que el beneficio se traslade íntegramente a los consumidores finales.

Aunque la prioridad sigue siendo avanzar hacia una economía limpia a largo plazo, la Comisión reconoce que el nuevo marco permite a los Estados miembros actuar de inmediato para evitar que el crecimiento de las empresas más expuestas se vea perjudicado de forma irreparable por la coyuntura actual. Este equilibrio entre respuesta urgente y estrategia estructural define la política energética europea en un momento marcado por la incertidumbre geopolítica.

Estabilidad financiera 

En este contexto, el Gobierno español ha trasladado a los Veintisiete la posibilidad de alargar un año más el desembolso de los fondos de recuperación, con el fin de reforzar la apuesta por la electrificación y las energías renovables. Una propuesta que buscaba consolidar las inversiones en infraestructuras energéticas en un momento en que la seguridad del suministro se ha convertido en una prioridad.

Ante esta iniciativa, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, respondió animando a los Estados miembros a seguir destinando recursos de forma masiva a proyectos clave para la transición verde. No obstante, evitó pronunciarse sobre una posible ampliación del periodo de estos fondos, cuyo final está previsto para agosto de este año. Su postura refleja la cautela de Bruselas a la hora de modificar los calendarios financieros, así como la intención de mantener la disciplina presupuestaria en un contexto de elevada incertidumbre.

Desde el entorno de la rotonda Schuman, corazón institucional de Bruselas, se insiste en la necesidad de impulsar inversiones de gran escala en almacenamiento energético, baterías y flexibilidad del sistema eléctrico. Este último concepto hace referencia a la capacidad de adaptar la oferta y la demanda de energía en tiempo real, apoyándose en tecnologías como la inteligencia artificial, capaces de dirigir los flujos energéticos hacia donde se necesitan y de determinar el “mix energético” más eficiente en cada momento. “Esto necesita mucha inversión”, subrayan desde la Comisión, que considera estas infraestructuras esenciales para garantizar la estabilidad del sistema energético europeo a largo plazo.