Ampliación | Empate entre derecha e izquierda en unas reñidas elecciones en Nueva Zelanda

Las elecciones de Nueva Zelanda dejan un empate técnico entre bloques y sitúan al centrista Partido de la Oportunidad como árbitro del próximo Gobierno.

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El Parlamento en Wellington, Nueva Zelanda, durante la jornada de votación de las elecciones generales de 2026 Meng Tao / Xinhua News / Europa Press
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El Partido Nacional del actual primer ministro neozelandés, Christopher Luxon, y el Partido Laborista del exmandatario Chris Hipkins se disputan voto a voto el triunfo en las elecciones generales celebradas este sábado, unos comicios en los que el centrista Partido de la Oportunidad (Opportunity), encabezado por Qiulae Wong, podría convertirse en pieza clave para articular el próximo Ejecutivo.

El Partido Laborista de Chris Hipkins se ha situado como fuerza más votada con un 29,4% y 36 escaños, ligeramente por delante del Partido Nacional, que obtiene un 29,2% de las papeletas, pero se traduce en 42 diputados. Con este reparto, ambos bloques se ven obligados a negociar con otras formaciones para intentar amarrar una mayoría estable.

El partido de Luxon tratará de apoyarse en ACT, que suma un 10,9% y 13 diputados, y en NZP, con un 9,8% y 12 representantes, lo que elevaría su bloque a 61 escaños, todavía por debajo de los 67 necesarios para revalidar la actual coalición de gobierno y asegurarse el control de la Cámara.

En el otro lado, los laboristas aspiran a tejer una alianza con el Partido Verde (13,3% y 16 escaños) y el partido maorí Te Pati Maori (0,6% y 5 asientos), un escenario que dejaría al Partido Oportunidad, con un 6% de los votos y 7 diputados, como árbitro decisivo para inclinar la balanza hacia uno u otro bloque.

“Nacional es otra vez el partido más grande del Parlamento y tenemos una vía para formar el próximo gobierno, pero tengo que deciros ahora mismo que está demasiado ajustado”, ha explicado Luxon en sus primeras declaraciones tras conocerse el resultado definitivo.

Además, ha expresado el “increíble honor” que siente por el apoyo que le han dado a su partido en las urnas. “Me ha llegado una gran energía”, ha añadido.

Por su parte, el líder laborista, Chris Hipkins, ha reconocido que “puede que tardemos un poco más en saber exactamente” el resultado. “Cada voto cuenta y hay que contarlos todos”, ha apelado antes de hacer un llamamiento al compromiso de todos los partidos políticos “para trabajar juntos y buscar espacios comunes”.

El escrutinio está condicionado por el denominado 'overhang' o exceso de representación, una particularidad del sistema proporcional mixto de Nueva Zelanda que podría elevar la Cámara de los habituales 120 diputados hasta un máximo de 131, fijando la mayoría absoluta en 66 escaños.

En este contexto, Nacional y Te Pati Maori podrían obtener más representantes por circunscripciones de los que les corresponderían según su porcentaje de voto en las listas nacionales.

En el caso de los conservadores, las primeras proyecciones llegaron a dejar fuera del Parlamento a figuras históricas como la ministra de Finanzas, Nicola Willis, y el presidente de la Cámara, Gerry Brownlee.

Los Verdes cargan contra el sistema electoral

En el bloque progresista, la colíder de Los Verdes, Chloe Swarbrick, ha advertido de que “el sistema ha sido manipulado” y ha reclamado un debate constitucional sobre el funcionamiento de la democracia neozelandesa.

Aunque ha admitido que su partido parte de una posición complicada para entrar en el Gobierno, ha subrayado que “es demasiado pronto para cantar victoria” debido a los votos especiales aún pendientes de recuento.

Swarbrick ha cuestionado además los cambios introducidos por el Ejecutivo de Luxon en las normas de inscripción electoral, asegurando que algunas personas encontraron dificultades para registrarse y ejercer su derecho al voto, al tiempo que ha asegurado que el Gobierno “mintió” sobre las razones de esas medidas y que la incertidumbre y las modificaciones legislativas han influido en el resultado de los comicios.

Desde la formación han defendido también su trabajo durante la campaña y han criticado la gestión del Ejecutivo saliente. “Los neozelandeses merecen algo mejor”, han sentenciado, reivindicando una política capaz de superar las divisiones.

La contienda supone un examen para Luxon, cuyo partido no ha logrado despejar del todo las dudas sobre su capacidad para aliviar el coste de la vida y reactivar la economía. Al mismo tiempo, el laborismo de Chris Hipkins no ha conseguido consolidarse como alternativa suficiente, mientras una parte significativa del electorado ha optado por reforzar a las formaciones minoritarias.