El Ejecutivo de Brasil ha rechazado con contundencia las últimas manifestaciones del presidente argentino, Javier Milei, al considerar que constituyen un “inaceptable intento de injerencia externa” en la vida política del país. Las críticas del mandatario argentino, que ha puesto en entredicho la transparencia del sistema de voto electrónico brasileño a pocos días de las elecciones, han abierto un nuevo frente diplomático entre ambos Gobiernos.
El origen del conflicto se sitúa en un mensaje difundido por Milei en sus redes sociales, en el que arremete contra el presidente saliente y aspirante a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, al que califica de “progre machirulo” tras unas declaraciones del dirigente brasileño sobre la reciente reducción de la jornada laboral semanal en Brasil. “No podemos seguir con un régimen laboral en el que las personas trabajan seis días y descansan solo uno. Y, en el caso de las mujeres, el día que se quedan en casa es, en realidad, el día que más trabajan, porque tienen que limpiar la casa de toda la semana”, dijo Lula.
Acto seguido, el jefe del Estado argentino elevó el tono y lanzó una advertencia sobre las elecciones brasileñas previstas para el próximo 25 de octubre: “Espero que su último truco de campaña sucia no incluya robarse la elección... zurdo ladrón”. Estas palabras, interpretadas en Brasil como un cuestionamiento directo a la integridad del proceso electoral, han provocado una airada reacción institucional.
En contestación, el Ministerio de Asuntos Exteriores brasileño ha hecho público un comunicado en el que denuncia que estas “ofensas”, dirigidas tanto al Poder Judicial como al sistema de votación, representan una “manifestación antidemocrática” y un comportamiento que “resulta desequilibrada y no se condice con la postura que debe tener el jefe de Estado de un país amigo”.
La nota de la diplomacia brasileña reprocha a Milei que sus acusaciones solo sirven para “reiterar mentiras difundidas por quienes perdieron las elecciones y protagonizaron el fallido golpe militar de hace cuatro años”, en clara referencia a los sectores próximos al expresidente Jair Bolsonaro, que ya cuestionaron sin pruebas la fiabilidad de las urnas electrónicas.
Frente a este escenario, el Gobierno brasileño ha defendido con firmeza su sistema de voto electrónico, remarcando que “ha demostrado ser seguro y nunca registró irregularidades”, un extremo que, insiste el Ministerio, ha sido avalado por los observadores electorales internacionales presentes durante la primera vuelta de los comicios.
El comunicado concluye subrayando que “la decisión sobre el futuro de Brasil corresponde exclusivamente al pueblo brasileño, que se expresará libremente en las urnas, sin ningún tipo de injerencia externa, el domingo 25”, dejando claro que no aceptará cuestionamientos externos sobre la legitimidad de su proceso democrático.