Bolsonaro llega como favorito a la segunda vuelta en Brasil, pero con Lula dispuesto a pelear hasta el final

El hijo del expresidente Bolsonaro parte con la ventaja de su inesperada victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas y los acuerdos alcanzados con la derecha. Lula, por su parte, ha respondido con movilizaciones multitudinarias y una ofensiva social que ha estrechado las encuestas hasta el empate técnico

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Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil | Paulo Lopes
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Por Hugo Pérez

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La Presidencia de Brasil se decidirá este domingo entre dos candidatos separados por una distancia mucho menor de la que auguraban los primeros pronósticos tras las elecciones del 4 de octubre.

Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, comparece ante las urnas con el respaldo de buena parte de la derecha brasileña y la ventaja política de haber derrotado, contra todo pronóstico, a Luiz Inácio Lula da Silva en la primera vuelta. Por su parte, el actual jefe del Estado, que aspira a un cuarto mandato, ha conseguido recuperar terreno durante las últimas tres semanas y llega a la votación con posibilidades de reelección.

El candidato de la derecha obtuvo el 47,03% de los sufragios en la primera ronda, frente al 45,16% del dirigente del Partido de los Trabajadores (PT). Apenas 2,2 millones de votos separaron a ambos aspirantes en un país con más de 150 millones de electores, una diferencia que otorgó a Bolsonaro la iniciativa para negociar nuevos apoyos y obligó a Lula a replantear su campaña.

Desde entonces, el senador por Río de Janeiro ha incorporado a su candidatura el respaldo de varias formaciones de centroderecha, mientras Lula ha recurrido a las organizaciones sindicales, los movimientos sociales y los sectores progresistas para ampliar su base electoral.

Ambos han recorrido los principales estados del país, protagonizado enfrentamientos televisados y convertido las calles de São Paulo en uno de los principales escaparates de su capacidad de movilización.

De la sorpresa electoral al empate técnico

La victoria de Flávio Bolsonaro el primer domingo de octubre alteró los cálculos de una campaña en la que Lula confiaba en hacer valer su condición de presidente y el peso electoral de su trayectoria política. El candidato del Partido Liberal (PL), de 45 años, consiguió reunir prácticamente la mitad de los votos válidos en su primera candidatura presidencial, beneficiado por la fidelidad del electorado de su padre y el descontento de una parte de los brasileños con la gestión del Gobierno.

Los primeros sondeos posteriores a la votación apuntaban a una ventaja más holgada para el aspirante conservador, con estimaciones que le atribuían entre el 52% y el 53% de los votos válidos. Sin embargo, la distancia se ha reducido progresivamente y Datafolha ha registrado esta semana un empate del 50% para cada candidato, después de que Lula recuperase dos puntos respecto a la anterior medición.

Las encuestas antes de la segunda vuelta

Instituto Trabajo de campo Flávio Bolsonaro Lula
Datafolha 20-22 octubre 50% 50%
Gerp 19-21 octubre 53% 47%
AtlasIntel 13-18 octubre 51,1% 48,9%
Veritá 15-19 octubre 50,7% 49,3%
Futura 19-20 octubre 51,1% 48,9%
Vox Brasil 15-17 octubre 49% 51%

Fuente: institutos demoscópicos y recopilaciones de sondeos electorales. Porcentajes sobre voto válido. Los márgenes de error y las metodologías varían según el instituto. Algunas cifras se presentan redondeadas.

Las diferencias entre los principales estudios muestran una competición ajustada, aunque no todos los institutos coinciden en la distancia que separa a los candidatos. Bolsonaro conserva sus mayores apoyos en el sur y el sureste de Brasil, así como entre los votantes evangélicos, mientras Lula obtiene sus mejores resultados en los estados del nordeste y entre los sectores de menores ingresos.

Con los principales bloques electorales prácticamente definidos, los equipos de campaña han concentrado sus esfuerzos en los indecisos y en quienes se abstuvieron el 4 de octubre.

La derecha cierra filas con Bolsonaro

Tras imponerse en la primera vuelta, el senador por Río de Janeiro dedicó buena parte de sus esfuerzos a ampliar los acuerdos políticos que podrían facilitarle tanto la victoria electoral como la formación de un Gobierno estable. Varios partidos de derecha y centroderecha se han incorporado a su órbita, en una sucesión de adhesiones que puede interpretarse como el primer esbozo de una futura coalición con posibilidades de controlar las dos cámaras del Congreso.

Flávio Bolsonaro ha defendido durante la campaña propuestas para endurecer la política de seguridad, reducir las trabas económicas y estrechar las relaciones con Estados Unidos. También ha reivindicado la trayectoria de su padre, condenado por su participación en la tentativa golpista posterior a las elecciones de 2022.

La última gran exhibición de fuerza de sus seguidores tuvo lugar el pasado domingo en la avenida Paulista de São Paulo, donde decenas de miles de simpatizantes participaron en una concentración del denominado "Bloco do 22". Ante la multitud, Bolsonaro prometió designar a cuatro magistrados del Tribunal Supremo contrarios al aborto y a la legalización de las drogas, al tiempo que presentó a su padre como referente de su futuro Gobierno.

Lula busca los votos de los abstencionistas

El presidente brasileño ha tratado de contrarrestar los acuerdos de su adversario mediante una movilización de las organizaciones sociales y de los votantes progresistas, especialmente en las grandes ciudades. Las concentraciones en defensa de su reelección han reunido a decenas de miles de personas y han convertido la avenida Paulista, donde también se han manifestado los partidarios de Bolsonaro, en uno de los escenarios más disputados de la campaña.

Consciente de la dificultad de atraer a los votantes más conservadores, Lula ha dirigido buena parte de sus llamamientos a los aproximadamente 33 millones de ciudadanos que no acudieron a las urnas en la primera vuelta. El dirigente del PT considera que una mayor participación entre los sectores populares y los jóvenes puede resultar decisiva para compensar la ventaja inicial de su rival.

A la movilización electoral se ha sumado una batería de decisiones gubernamentales con importantes consecuencias económicas. Más de veinte millones de familias han comenzado a recibir un incremento del 15% en la prestación Bolsa Família, mientras el Ejecutivo ha impulsado medidas para aliviar las deudas particulares, reducir la fiscalidad de los combustibles y ampliar las ayudas públicas. El conjunto de iniciativas ha suscitado críticas por su coste presupuestario, en un país cuya deuda pública podría alcanzar el 82% del PIB.

El presidente también ha presentado su gestión como una garantía para la continuidad de las políticas redistributivas y la protección de los trabajadores, uno de los principales argumentos con los que pretende recuperar a los electores desencantados. Bolsonaro ha prometido preservar las ayudas sociales, aunque las diferencias entre ambos se extienden a su financiación, las prioridades económicas y la intervención del Estado.

Corrupción y ataques personales en el cara a cara entre candidatos

El primer enfrentamiento televisado entre ambos candidatos, celebrado el domingo 18 de octubre en la cadena Band, estuvo dominado por las acusaciones cruzadas de corrupción y los reproches sobre sus respectivas trayectorias políticas. Lula exigió explicaciones a su adversario por sus presuntas relaciones con el banquero Daniel Vorcaro, mientras Bolsonaro recurrió a las investigaciones que afectan al hijo del presidente y a un escándalo de fraude en las pensiones.

Durante el encuentro, el senador caminó repetidamente por detrás de Lula mientras este intervenía, aprovechando la libertad de movimientos permitida por la organización. El presidente llegó a rechazar la proximidad física de su rival y lo llamó "miliciano", en alusión a sus presuntos vínculos con grupos paramilitares de Río de Janeiro. Bolsonaro respondió con alusiones a los antecedentes judiciales del mandatario, cuya condena por corrupción fue anulada por la Justicia brasileña.

En materia económica, Lula defendió los incrementos del salario mínimo y las políticas redistributivas de sus anteriores gobiernos, mientras el aspirante conservador prometió endurecer la persecución del crimen organizado, clasificar a las principales bandas como organizaciones narcoterroristas y construir más de medio millón de plazas penitenciarias. También discreparon sobre las relaciones de Brasil con Estados Unidos y las afinidades internacionales del bolsonarismo, especialmente con Donald Trump y Javier Milei.

La confrontación continuó durante los días siguientes, hasta el punto de que ambos candidatos acordaron ante el Tribunal Superior Electoral autorizar el levantamiento recíproco de sus secretos bancario, fiscal y telefónico, incluidos los de familiares. La iniciativa surgió después de que Lula retase públicamente a Bolsonaro a hacer transparentes sus cuentas.

La amnistía a Jair Bolsonaro y las mayorías del Congreso

Flávio Bolsonaro ha prometido impulsar una amnistía que podría beneficiar a su padre si consigue llegar a la Presidencia, después de que el expresidente fuera condenado a 27 años de prisión por su participación en la conspiración golpista posterior a las elecciones de 2022. Jair Bolsonaro, que permanece bajo arresto domiciliario por motivos de salud, conserva una considerable influencia entre los votantes de la derecha.

De conseguir la victoria, el candidato del PL dispondría de una posición parlamentaria considerablemente más favorable que la que encontró Lula al regresar al poder en 2023. Según los cálculos recogidos por Reuters, su partido y las formaciones aliadas podrían reunir más de 280 diputados y hasta 50 senadores, suficientes para disponer de mayorías ordinarias en ambas cámaras y negociar reformas de mayor alcance.

El presidente ha apelado al recuerdo de los acontecimientos que siguieron a su victoria de 2022 para advertir de las consecuencias de devolver el poder al bolsonarismo. Sus partidarios consideran que la reelección permitiría preservar las políticas sociales y la orientación institucional de su Gobierno, mientras sus adversarios reclaman un cambio de rumbo ante el coste de la vida, la inseguridad y el deterioro de las cuentas públicas.

Con una tasa de rechazo próxima al 48% para ambos candidatos, según Datafolha, la elección dependerá en buena medida de los votantes que todavía no han tomado una decisión definitiva y de la participación en los territorios donde cada uno conserva mayores reservas electorales.

Desde el restablecimiento de la democracia, ningún candidato que terminase segundo en la primera vuelta ha conseguido remontar en la votación definitiva. Lula necesita quebrar ese precedente para continuar en el Palacio de Planalto. Bolsonaro aspira a confirmar el resultado que hace tres semanas sorprendió a Brasil y devolver a su familia a la jefatura del Estado.