Tres años después del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, Israel se encamina hacia las primeras elecciones legislativas celebradas desde una jornada que alteró su política interior y el conjunto de Oriente Próximo. El próximo 27 de octubre, los israelíes elegirán una nueva Knéset con Benjamin Netanyahu de nuevo como candidato y con las responsabilidades por los fallos que precedieron al ataque como uno de los principales asuntos de la campaña.
La proximidad de ambas fechas ha reforzado esa conexión. Mientras Israel recordaba este miércoles a las alrededor de 1.200 personas asesinadas y a los 251 rehenes capturados por Hamás y otros grupos armados, manifestantes se concentraban ante el Parlamento en Jerusalén para reclamar responsabilidades al Gobierno y una investigación independiente. Una encuesta del Israel Democracy Institute señala además que el ataque tendrá bastante o mucha importancia en la decisión electoral del 62% de los consultados.
Una responsabilidad política que Netanyahu no asume
Los fallos que hicieron posible el ataque han dado lugar desde 2023 a investigaciones internas en las Fuerzas Armadas y los servicios de seguridad, pero el debate sobre la responsabilidad del poder político permanece abierto. Netanyahu no ha aceptado personalmente la responsabilidad por el 7-O y ha dirigido buena parte de sus críticas hacia los responsables militares y de inteligencia, mientras reivindica la actuación posterior de Israel contra Hamás, Hezbolá e Irán.
La oposición y parte de las familias de las víctimas defienden, por el contrario, que las responsabilidades no pueden circunscribirse a los errores operativos. Un grupo de víctimas y familiares presentó en septiembre un informe elaborado a partir de documentación pública en el que atribuye a las políticas desarrolladas durante años bajo gobiernos de Netanyahu parte de las condiciones que permitieron el fortalecimiento de Hamás, una acusación que corresponde a sus autores y que el primer ministro rechaza.
La controversia se concentra especialmente en la creación de una comisión estatal de investigación independiente. Netanyahu se ha opuesto a constituirla en los términos reclamados por sus adversarios y ha cuestionado que sus miembros sean designados por el presidente del Tribunal Supremo, mientras su Gobierno ha defendido una fórmula alternativa con intervención política en la elección de los investigadores.
La cuestión llegará a las urnas sin haberse resuelto. El Gobierno comunicó al Tribunal Supremo que no pondría en marcha esa comisión antes de las elecciones y la fiscal general, Gali Baharav-Miara, ha defendido que la decisión quede ya en manos del próximo Ejecutivo.
Unas elecciones proporcionales y sin elección directa del primer ministro
Los israelíes no votarán directamente entre Netanyahu y sus rivales para elegir primer ministro. Las elecciones sirven para repartir los 120 escaños de la Knéset mediante un sistema proporcional en una única circunscripción nacional, en el que cada candidatura necesita superar el 3,25% de los sufragios para obtener representación.
Una vez conocidos los resultados, el presidente de Israel consulta a los partidos y encarga a un diputado la formación de Gobierno. En un sistema tradicionalmente fragmentado, la cifra decisiva son los 61 escaños necesarios para armar una mayoría, por lo que ser la fuerza más votada no garantiza por sí mismo la jefatura del Ejecutivo.
Para estos comicios se han registrado 38 candidaturas, desde las principales formaciones hasta numerosos partidos con escasas posibilidades de superar el umbral electoral. Será además la primera elección desde 1988 celebrada después de que una Knéset haya completado íntegramente sus cuatro años de mandato.
Netanyahu, Eisenkot y una oposición fragmentada
Netanyahu vuelve a encabezar el Likud, alrededor del cual se articula el bloque que ha sostenido su último Gobierno junto a los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá y las formaciones de derecha radical Otzma Yehudit, de Itamar Ben-Gvir, y Sionismo Religioso, de Bezalel Smotrich. Las distintas fuerzas concurren por separado y deberán negociar después cualquier eventual coalición.
Uno de sus principales adversarios es Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor y exmiembro del gabinete de guerra formado después del 7-O, que encabeza la nueva formación centrista Yashar. Eisenkot, cuyo hijo murió combatiendo en Gaza en diciembre de 2023, ha situado la creación de una comisión estatal sobre los ataques y la ampliación del servicio militar a los ultraortodoxos entre sus principales compromisos.
En el espacio contrario a Netanyahu compite también B'Yachad, encabezada por el ex primer ministro Naftali Bennett y en la que se ha integrado Yair Lapid, además de los Demócratas de Yair Golan y Yisrael Beytenu, de Avigdor Liberman. La oposición reúne así a partidos con posiciones diferentes sobre seguridad, religión, economía o la relación con los partidos árabes, lo que vuelve especialmente relevante la aritmética posterior a las elecciones.
También concurren las fuerzas que representan principalmente a la minoría árabe israelí. Ra'am, liderada por Mansour Abbas, se presenta separadamente, mientras otras tres formaciones lo hacen agrupadas en la Lista Conjunta.
La oposición mira a la posguerra
El resultado del 27 de octubre tendrá consecuencias que irán más allá de la continuidad de Netanyahu. La formación de una mayoría alternativa podría modificar la gestión de la posguerra, el futuro de Gaza y las relaciones de Israel con sus principales aliados, aunque los partidos de la oposición mantienen diferencias importantes y, en su mayoría, no plantean abandonar la presión militar sobre Hamás, Hezbolá o Irán.
Gadi Eisenkot propone acompañar esa presión de una alternativa para el gobierno de Gaza y vincular su reconstrucción al desarme de Hamás. Aunque descarta un Estado palestino a corto y medio plazo, plantea recuperar la cooperación con Egipto, Jordania y los países del Golfo y mantener abierto un horizonte político posterior para los palestinos.
Naftali Bennett mantiene posiciones más duras en materia territorial y de seguridad, pero ha reprochado a Netanyahu que los éxitos militares no hayan terminado convirtiéndose en resultados políticos duraderos. Yair Lapid, integrado en su candidatura, ha puesto mayor énfasis en recomponer las relaciones con Estados Unidos y Europa y reforzar la coordinación con Egipto a la hora de abordar el futuro de Gaza.
Más alejados de Netanyahu se encuentran los Demócratas de Yair Golan, partidarios de frenar la expansión de los asentamientos, rechazar una anexión de Cisjordania y conceder mayor peso a la vía diplomática. Una eventual mayoría alternativa tendría así que conciliar posiciones muy diferentes sobre Gaza y la cuestión palestina, aunque sus principales dirigentes coinciden en la necesidad de recuperar la interlocución con unos aliados occidentales y árabes con los que las relaciones se han deteriorado durante la guerra.
El 7-O entra también en las listas
La huella del ataque alcanza a las propias candidaturas. Al menos nueve aspirantes directamente afectados por el 7 de octubre concurren en distintas listas, entre ellos familiares de asesinados y secuestrados, supervivientes y personas que participaron en la respuesta a la incursión.
Yashar ha incorporado a familiares de víctimas, mientras B'Yachad incluye al general retirado Noam Tibon, que acudió aquel día al sur del país para rescatar a su familia. El Likud también ha reservado puestos a personas directamente afectadas por el ataque.
Su presencia en bloques enfrentados refleja que el 7-O no conduce a una única lectura política. Mientras buena parte de la oposición reclama un cambio de Gobierno y una investigación independiente, Netanyahu centra su campaña en la respuesta militar desarrollada desde entonces y reivindica la recuperación de la capacidad de disuasión de Israel.
Tres décadas alrededor de Netanyahu
Netanyahu afronta estas elecciones como el primer ministro que más tiempo ha ocupado el cargo en la historia de Israel. Llegó por primera vez al poder en 1996, perdió las elecciones en 1999 y regresó en 2009, permaneciendo al frente del Gobierno hasta 2021. Después de un año y medio en la oposición, volvió al cargo en diciembre de 2022 al frente de una coalición formada por el Likud, partidos ultraortodoxos y fuerzas de la derecha religiosa y nacionalista.
El ataque de Hamás llegó menos de diez meses después de aquel regreso y abrió una de las etapas más difíciles de su prolongada trayectoria política. Desde entonces, Netanyahu ha dirigido a Israel durante la guerra de Gaza y los enfrentamientos con Hezbolá e Irán, mientras la política interior ha permanecido atravesada por las consecuencias del 7-O.
Las elecciones del 27 de octubre trasladarán ese debate a las urnas. El reparto de los 120 escaños no decidirá automáticamente quién será primer ministro, pero determinará si Netanyahu dispone de aliados suficientes para alcanzar los 61 diputados y continuar al frente de Israel después de más de tres años marcados por el ataque.