¿Es el impeachment de Trump el mejor escenario para el Partido Demócrata?

El control de las dos cámaras del Congreso permitirá a los demócratas investigar a Trump e impulsar un proceso de destitución, pero su salida de la Casa Blanca podría abrir la puerta a que JD Vance prolongue el mandato republicano hasta una década.

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El presidente estadounidense, Donald Trump Matt Kaminsky / Zuma Press / Europa Press
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Por Daniel Olmos

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Con los resultados electorales conocidos durante la pasada madrugada, el Partido Demócrata se ha hecho con el control de las dos cámaras del Congreso estadounidense, iniciando así los dos años restantes de legislatura con una oposición que promete ser especialmente firme frente al presidente Donald Trump y su Administración.

Más allá de limitar la capacidad legislativa de Trump y su Gobierno, el grupo azul, al controlar la Cámara de Representantes, tiene la capacidad de iniciar investigaciones sobre el propio presidente y su entorno, además de citar a declarar a altos cargos del Ejecutivo por presuntas irregularidades. Pero esto no termina ahí: una de las herramientas con mayor impacto político que proporciona el control de la Cámara Baja es la posibilidad de iniciar un proceso de impeachment, aunque su aprobación definitiva no dependería únicamente del Partido Demócrata, ya que sería necesario contar con el respaldo de dos tercios del Senado para hacer efectiva la destitución.

Donald Trump ya ha afrontado dos procesos de impeachment durante su primer mandato, convirtiéndose en el primer presidente de Estados Unidos en ser sometido dos veces a este procedimiento constitucional. El primero tuvo lugar en diciembre de 2019, cuando la Cámara de Representantes le acusó de abuso de poder y obstrucción al Congreso por sus presiones a Ucrania para investigar a Joe Biden. El segundo llegó en enero de 2021, tras el asalto al Capitolio, cuando fue acusado de incitación a la insurrección. En ambos casos, el Senado terminó absolviéndole, al no alcanzarse la mayoría de dos tercios necesaria para condenarlo y apartarlo de la presidencia.

¿Qué es el impeachment?

El impeachment es un procedimiento constitucional de naturaleza política mediante el cual las instituciones estadounidenses pueden acusar al presidente de cometer delitos graves o incurrir en conductas que justifiquen su destitución. Se trata de un mecanismo de control del poder ejecutivo que permite al Congreso exigir responsabilidades al máximo representante del país.

La primera fase de este proceso se desarrolla en la Cámara de Representantes. El partido que considere que existen motivos suficientes puede impulsar investigaciones sobre posibles irregularidades cometidas por el presidente. Una vez examinadas las pruebas y si se considera que existen fundamentos para formular una acusación, esta se somete a votación. Para salir adelante, basta con obtener una mayoría simple de los representantes.

El candidato demócrata al Senado por el estado de Texas, James Talarico, durante un mitin en Austin. Sandra Dahdah / Zuma Press / Europa Press -

Una vez aprobada la acusación, el procedimiento se traslada al Senado, que asume la función de tribunal político. En esta segunda fase, los senadores estudian las pruebas aportadas y escuchan los argumentos de las partes antes de emitir su voto. A diferencia de lo que ocurre en la Cámara de Representantes, para que la destitución sea efectiva hacen falta dos tercios de los senadores presentes. Es decir, una mayoría simple ya no sería suficiente. En caso de que el Senado aprobase la condena y Trump fuese apartado de la presidencia, JD Vance, como vicepresidente, asumiría automáticamente el cargo de presidente de Estados Unidos. La sucesión está contemplada en la Constitución estadounidense y permitiría al actual vicepresidente completar el mandato hasta enero de 2029.

¿Por qué la posible destitución de Trump no es tan buena noticia para el Partido Demócrata?

Con Trump fuera de la ecuación, JD Vance asumiría la presidencia de Estados Unidos. A priori, este escenario podría parecer favorable para los intereses demócratas, especialmente después de conseguir el control de las dos cámaras del Congreso. Sin embargo, conviene analizar las consecuencias políticas que podrían derivarse de este cambio en la Casa Blanca.

Al inicio de su mandato, Vance podría centrar buena parte de sus esfuerzos en abordar algunos de los problemas que más preocupan a los estadounidenses y que han contribuido al desgaste electoral del Partido Republicano. Si consiguiese distanciarse de las políticas más criticadas de Trump y adoptase decisiones mejor valoradas por el ciudadano de a pie, algunos aspectos de la vida cotidiana estadounidense podrían experimentar una mejora.

Este escenario podría traducirse en un incremento del índice de aprobación del nuevo presidente, que afrontaría las elecciones presidenciales de 2028 desde una posición de mayor fortaleza y con una imagen pública potencialmente más favorable que la de la anterior Administración. En esas circunstancias, una nueva victoria del Partido Republicano no sería un escenario descartable. Vance podría presentarse a las elecciones y conseguir que los republicanos permaneciesen otros cuatro años en la Casa Blanca, frustrando así las expectativas de los demócratas de recuperar la presidencia.

 

El vicepresidente de EEUU, JD Vance, durante los actos por el aniversario del 11-S. Lev Radin/ZUMA Press Wire/dpa -

Para rizar el rizo, a esta situación hay que añadirle una cuestión constitucional que podría ampliar todavía más el horizonte político de Vance. La vigesimosegunda enmienda de la Constitución estadounidense limita a dos el número de veces que una persona puede ser elegida presidente. Sin embargo, existe una particularidad para aquellos vicepresidentes que acceden a la presidencia durante el mandato de otro presidente: si ejercen el cargo durante dos años o menos del mandato original, pueden presentarse a dos elecciones presidenciales adicionales.

Por lo tanto, los dos años transcurridos entre una hipotética destitución de Donald Trump y el final de su mandato no se tendrían en cuenta para limitar las futuras candidaturas presidenciales de JD Vance. En consecuencia, si Trump fuese apartado del cargo durante el próximo curso político y Vance lograse dos victorias electorales consecutivas, podría llegar a permanecer en la presidencia durante un periodo de hasta diez años.

Así, una herramienta concebida para exigir responsabilidades al presidente podría terminar ofreciendo al Partido Republicano una oportunidad para reorganizarse, renovar su imagen y prolongar su presencia en la Casa Blanca. Un escenario que demuestra que, en política estadounidense, la salida de un presidente no implica necesariamente una victoria para sus adversarios.