Qué está pasando en Francia: las razones de las protestas contra Macron y cómo han desembocado en graves disturbios

Más de medio millón de personas han salido a las calles de Francia para protestar por el encarecimiento de la vida, el deterioro de los servicios públicos y la situación de la educación. Las movilizaciones, protagonizadas inicialmente por estudiantes, han terminado con incendios, saqueos, enfrentamientos con la Policía y alrededor de 1.800 detenidos en plena crisis política del Gobierno de Emmanuel Macron

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Disturbios durante la manifestación por el coste de la vida en Francia Васильев Александр / Zuma Press / Europa Press
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Francia atraviesa una de sus mayores oleadas de protestas sociales de los últimos años. Lo que comenzó en septiembre como un movimiento estudiantil contra la falta de profesores y el deterioro de los centros educativos ha desembocado en manifestaciones multitudinarias, disturbios y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en ciudades como París, Marsella, Lyon, Burdeos o Lille.

La situación alcanzó su punto más crítico este sábado 17 de octubre, cuando más de 500.000 personas participaron en movilizaciones convocadas en distintas ciudades francesas para denunciar el aumento del coste de la vida, la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de los servicios públicos.

Aunque buena parte de las manifestaciones transcurrió pacíficamente, algunos grupos protagonizaron graves incidentes, con comercios saqueados, vehículos incendiados, edificios públicos atacados y enfrentamientos con la Policía. Según el último balance comunicado este domingo por el Ministerio del Interior francés, la jornada se saldó con unas 1.800 detenciones y más de 500 policías y gendarmes heridos.

La violencia ha añadido presión al presidente Emmanuel Macron y al Gobierno del primer ministro, Sébastien Lecornu, cuando Francia se prepara para las elecciones presidenciales de 2027.

Por qué hay protestas en Francia: educación, precios y recortes sociales

El origen de las movilizaciones se encuentra en las protestas organizadas durante septiembre por estudiantes de institutos y universidades, que denunciaban la falta de profesores, las malas condiciones de algunas instalaciones educativas y la insuficiencia de recursos públicos.

Las concentraciones se extendieron progresivamente a otras ciudades y acabaron incorporando reivindicaciones más amplias. El encarecimiento de los alimentos, la energía y los combustibles, junto con la dificultad para acceder a una vivienda y la pérdida de poder adquisitivo, han alimentado un malestar que afecta a distintos sectores de la población.

A los estudiantes se han sumado sindicatos, trabajadores del sector público, agricultores, transportistas y otros colectivos, que cuestionan las prioridades económicas del Gobierno francés y reclaman mayores inversiones en servicios esenciales.

El contexto presupuestario también ha contribuido a intensificar las protestas. Francia afronta importantes dificultades para reducir su déficit y su deuda pública, mientras el Ejecutivo plantea ajustes del gasto que generan rechazo entre los sectores que consideran insuficiente la financiación de la educación, la sanidad y la protección social.

La politóloga Ruth Ferrero, en declaraciones a la Cadena SER, ha relacionado el descontento juvenil con una sucesión de crisis económicas y sociales que han dificultado las expectativas de progreso de las nuevas generaciones. A su juicio, existe una creciente distancia entre las demandas de los jóvenes y las respuestas ofrecidas por las instituciones.

El regreso de los chalecos amarillos y la extensión de las movilizaciones

Uno de los elementos más destacados de esta nueva crisis social es la reaparición de los chalecos amarillos, el movimiento que surgió en Francia en 2018 contra la subida de los impuestos sobre los carburantes y terminó convirtiéndose en una protesta general contra la desigualdad económica.

La convocatoria de este sábado, difundida también a través de las redes sociales, ha permitido que parte de aquel movimiento coincida en las calles con los estudiantes y las organizaciones sindicales.

Las manifestaciones se han extendido a cientos de localidades, uniendo reivindicaciones que inicialmente parecían independientes: desde la mejora de la educación pública hasta la exigencia de salarios suficientes para afrontar el aumento de los precios.

Esta diversidad explica la magnitud de las protestas, aunque también dificulta identificar una única organización que represente a todos los participantes o una lista cerrada de exigencias comunes.

Cómo han comenzado los disturbios: incendios, saqueos y enfrentamientos

La jornada del sábado terminó marcada por episodios de violencia en varias de las principales ciudades francesas, especialmente cuando grupos de manifestantes se enfrentaron a los dispositivos policiales desplegados para controlar las concentraciones.

En París, se levantaron barricadas, se produjeron enfrentamientos en las inmediaciones de la plaza de la República y se registraron incidentes en zonas próximas al Palacio del Elíseo. La Policía informó de 855 detenciones en el área metropolitana de la capital.

Uno de los episodios más graves ocurrió en Limoges, donde un incendio provocó importantes daños en el histórico Ayuntamiento. También se registraron ataques contra edificios municipales en Marsella y otras ciudades, además de saqueos en establecimientos comerciales.

Durante las protestas falleció un manifestante tras sufrir una parada cardiorrespiratoria en París, mientras que otra persona sufrió heridas graves en una mano por la explosión de una granada policial.

Las autoridades francesas atribuyen buena parte de los destrozos a grupos violentos que actuaron al margen de las manifestaciones pacíficas. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, ha señalado a integrantes de la ultraizquierda y a grupos dedicados a los saqueos. Se trata de la interpretación del Gobierno, que ha generado controversia en un contexto de creciente debate sobre la actuación policial.

La respuesta del Gobierno de Macron y el impacto político

El presidente Emmanuel Macron ha condenado los actos violentos y ha defendido que los responsables de los daños respondan ante la Justicia. Por su parte, el primer ministro Sébastien Lecornu ha anunciado una respuesta firme frente a los disturbios y ha cuestionado el papel de determinadas organizaciones políticas en las movilizaciones.

Sin embargo, la actuación de las fuerzas de seguridad también está bajo escrutinio. El uso de material antidisturbios y las lesiones sufridas por algunos manifestantes han reabierto el debate sobre la proporcionalidad de la respuesta policial, especialmente después de las denuncias formuladas por colectivos estudiantiles.

La crisis llega en un momento delicado para la política francesa. Macron afronta el tramo final de su segundo mandato y no podrá presentarse a una tercera elección presidencial consecutiva en 2027. La situación económica, el desgaste del Ejecutivo y la fragmentación política complican la respuesta del Gobierno ante unas movilizaciones que reúnen a sectores sociales muy diferentes.

El desafío para las autoridades será doble: restablecer la normalidad tras los disturbios y responder a las reivindicaciones sociales que originaron las protestas. Las imágenes de los incendios y los saqueos han marcado la actualidad francesa, pero detrás de las movilizaciones persisten las quejas sobre el coste de la vida, la educación y el acceso a los servicios públicos.