Miles de personas han vuelto a concentrarse este sábado en Tirana, capital de Albania, en una nueva jornada de movilizaciones contra el Ejecutivo albanés, protagonizadas por estudiantes y formaciones opositoras, mientras la Policía ha recurrido a cargas, gas lacrimógeno y cañones de agua para dispersar a grupos numerosos de manifestantes.
Las autoridades han indicado que se han desplegado 2.500 agentes con el objetivo de contener posibles altercados en unas protestas iniciadas en mayo. Este sábado se han registrado ataques contra edificios oficiales, decenas de arrestos y más de 300 heridos entre manifestantes y policías.
Profesores universitarios, artistas y partidos de la oposición como el Partido Democrático han instado a la ciudadanía a sumarse a las protestas y responsabilizan de la situación al primer ministro Edi Rama.
Uno de los primeros gestos de la jornada ha sido una concentración ante la sede del Gobierno, donde se han quemado siete sillas tapizadas en rojo con un cartel con la palabra “diálogo” sobre el asiento, colocadas por orden de Rama como gesto de invitación a los estudiantes. Posteriormente, la marcha ha continuado hasta el Ministerio de Educación.
Alumnos de secundaria y universitarios reclaman una reducción de las tasas, un aumento del gasto público en educación y denuncian la corrupción en el sistema educativo. A estas reivindicaciones se ha sumado ahora la oposición, que exige la dimisión de Rama. No obstante, los estudiantes también rechazan al líder opositor y ex primer ministro Sali Berisha y corean consignas como “Rama a prisión; Berisha a prisión”.
Rama, por su parte, ha lanzado una advertencia ante los episodios de violencia y ha insistido en que las instituciones actuarán ante cualquier incidente. “Quienes glorifican la violencia, quienes se hacen eco de la violencia y quienes perpetran actos violentos tienen que entender que aunque haya terror ubano intenso, concentrado y prolongado, también lo será la respuesta del Estado, prolongada y persistente”, ha explicado.
Estas protestas se inscriben en la denominada Revolución de los Flamencos que, aunque en este momento se centra en las demandas educativas, también funciona como plataforma de rechazo a un proyecto inmobiliario en la costa adriática vinculado al yerno del expresidente estadounidense Donald Trump, Jared Kushner.