El llamado candidato por descarte, Flávio Bolsonaro, se encuentra ya a un paso de la Presidencia de Brasil tras imponerse este domingo con el 47% de los sufragios, apoyado en gran medida por el voto oculto de un electorado desencantado con el desgaste del proyecto representado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, incapaz durante la campaña de plantear alternativas sin mirar constantemente al pasado.
En esta primera vuelta, Flávio ha obtenido un resultado superior al que logró su padre en las presidenciales de 2022, el expresidente Jair Bolsonaro, que se vio obligado a irrumpir en la campaña, aun a riesgo de vulnerar las medidas cautelares, para apuntalar la candidatura de su hijo mayor en plena crisis interna con su madrastra, Michelle, convertida ahora en la aspirante más votada al Senado por Brasilia.
La consolidación del senador por Río de Janeiro como opción presidencial se vio favorecida por los frentes judiciales que acorralan al resto del clan Bolsonaro y por la renuncia del gobernador de Sao Paulo, Tarcísio de Freitas, que ha sido reelegido con más del 60% de los votos, infligiendo una nueva derrota al candidato de Lula, el ministro Fernando Haddad. Flávio ha tratado de tomar distancia del estilo populista y del carisma del padre, proyectando una imagen de mayor contención.
“Inicialmente había muchos sectores dentro del bolsonarismo que preferían a Tarcísio porque lo veían poco peligroso”, ha explicado a Europa Press Anna Ayuso, investigadora sénior para América Latina de CIDOB, aludiendo al fuerte rechazo que el apellido Bolsonaro despierta en amplias capas de la sociedad.
“El rechazo de Lula y el rechazo de Bolsonaro son casi idénticos, están en torno al 45%” y el objetivo era convencer a ese 10% de indecisos de los que acaba dependiendo el resultado, ha profundizado Ayuso.
Pese a esa estrategia de moderación, el programa de Flávio replica prácticamente punto por punto el de su progenitor: endurecimiento frente a la delincuencia, penas más severas, desregulación, recortes en servicios públicos, impulso a políticas extractivas en materia ambiental y alineamiento con las directrices de Washington, en sintonía con el nuevo clima político de la región.
“Tradicionalmente no ha sido el más cercano a su padre. Sus hermanos menores eran mucho más cercanos ideológicamente. Él ha querido venderse como moderado, (...) pero en el fondo sus propuestas no se diferencian mucho”, ha valorado la investigadora.
Ayuso considera que Flávio Bolsonaro es “menos carismático” que Jair Bolsonaro, pero al mismo tiempo “una persona que está más preparada” y que intenta presentarse como el más apto para negociar con las distintas fuerzas políticas a las que deberá contentar, aunque parte con la ventaja de un Congreso favorable.
Si se confirma su victoria el próximo 25 de octubre, fecha de la segunda vuelta, se mantendría la pauta vigente desde el retorno de la democracia en 1989, cuando el ganador de la primera ronda ha terminado imponiéndose también en la segunda. En ese escenario, el nuevo Ejecutivo de Bolsonaro se encontraría con un Parlamento mucho menos hostil que el que tuvo que afrontar Lula.
La actual correlación de fuerzas sitúa al Partido Liberal (PL) de Bolsonaro como la formación más votada en ambas cámaras y al influyente ‘centrão’, un bloque de corte claramente derechista pese a su denominación, con el peso suficiente para respaldar las iniciativas de seguridad y liberalización económica del futuro gobierno.
La duda reside en si Flávio Bolsonaro logrará amarrar el apoyo del ‘centrão’ mediante el reparto de ministerios, fórmula que empleó Lula, o si optará por repetir la vía de su padre, basada no solo en la entrega de puestos clave, sino también en el control de fondos y partidas presupuestarias, un mecanismo que, en palabras de Ayuso, “de alguna manera promociona la corrupción”.
Relación con la Justicia y peso del clan
Que Flávio haya terminado siendo el candidato por descarte se explica en buena medida por los procesos judiciales que afectan tanto a su padre como a su hermano Eduardo, actualmente prófugo en Estados Unidos y acusado de maniobrar en ese país para promover la imposición de aranceles y sanciones contra autoridades brasileñas.
En el centro de su ofensiva se encuentra el juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes, instructor de las principales causas contra los Bolsonaro y salpicado por un caso de presunta corrupción y tráfico de influencias que la familia está utilizando para impulsar una reforma profunda de la judicatura.
El plan pasa por someter a este magistrado a un juicio político, reconfigurar el Supremo con tres nuevos jueces de perfil conservador, más otro que sustituya a De Moraes, aprovechando la mayoría en el Senado, y así alterar el equilibrio ideológico del tribunal, además de fijar nuevos mecanismos de control desde el Poder Legislativo.
Otro de los ejes centrales de la campaña es la promesa de una amnistía para todos los condenados, más de 1.400, por su participación, directa o indirecta, en la violencia postelectoral de enero de 2023.
“Él lo ha dicho directamente, que lo que va a hacer va a ser amnistiar a todos los que participaron, no solamente a su padre, sino a todos los que han sido condenados. Eso lo ha dicho desde el principio”, ha apuntado Ayuso, doctora en Derecho Internacional Público por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).
“Eso es verdad que puede generar tensión porque el padre ha deliberado a su favor en esa pugna que ya se ha dado con la madrastra, pero al final el ejercicio del poder une mucho más que cuando eran oposición”, ha valorado Ayuso, que subraya el enorme peso del clan en la política brasileña.
Además del expresidente y de la más que probable llegada de su hijo mayor al Palacio de la Alvorada tras la cita del 25 de octubre, sus vástagos Carlos y Jair Renan han obtenido escaño en el Senado y en la Cámara de Diputados, respectivamente, al igual que su hermano Renato, así como su esposa, Michelle. “Son ya un núcleo familiar que imagina si se turnan en el poder”, ha advertido Ayuso.
Proyección internacional y giro exterior
Con el eventual triunfo de Flávio Bolsonaro, la ultraderecha latinoamericana se haría con la gran plaza que le faltaba en la región, después de los éxitos electorales de los últimos años y del desplome del chavismo en Venezuela.
Para Ayuso, el cambio más significativo en la política exterior brasileña sería el previsible alineamiento con la Administración de Donald Trump, especialmente en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, una apuesta que, sin embargo, ha suscitado recelos dentro del propio campo conservador.
“Flávio plantea plegarse a la política de seguridad de Estados Unidos, que es hegemónica, intervencionista y militarista en la lucha contra el narcotráfico. Esto es un cambio muy fuerte porque Lula ha sido de los pocos que se ha enfrentado a Trump dentro de la región”, ha argumentado la experta.
Ayuso ha indicado que esta clara voluntad del hijo de Bolsonaro de alinearse con Washington también “ha generado algún malestar” en determinados sectores, incluso en algunos de los más conservadores, ya que en “Brasil la idea de independencia y soberanía está muy marcada” y existe “mucho nacionalismo”.
Ese nacionalismo impregna igualmente a un “muy profesionalizado” Ministerio de Asuntos Exteriores, que, con independencia del presidente de turno, se guía por la defensa de la soberanía brasileña, el multilateralismo y la aspiración de consolidar al país como actor internacional de primer orden, en buena medida por su peso regional.
“Eso de plegarse a Estados Unidos durante la campaña lo ha escondido”, ha dicho Ayuso, que prevé no obstante una relación con China menos estrecha que la de Lula, pero marcada por el pragmatismo, que obliga a Brasil a no confrontar con su principal socio comercial y a seguir impulsando la integración regional a través de Mercosur.