La principal alianza árabe acusa al Likud de intentar “socavar” el resultado de las elecciones

La Lista Conjunta acusa al Likud de Netanyahu de querer deslegitimar las elecciones y se ofrece como clave para un gobierno alternativo junto a Raam.

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El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu Ilia Yefimovich/dpa
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La alianza árabe Lista Conjunta, formada por tres partidos de mayoría árabe, ha denunciado este jueves que el Likud del primer ministro Benjamin Netanyahu estaría tratando de “socavar” los resultados electorales y cuestionar su “legitimidad” mediante acusaciones de presunta injerencia extranjera y fraude, al tiempo que ha instado al bloque opositor a unir fuerzas para apartarle del poder.

“Ya basta de pedir disculpas y de defendernos ante viles mentiras y acusaciones infundadas por parte de sectores de la derecha que se niegan a aceptar los resultados electorales”, ha señalado la coalición, remarcando que “estas acusaciones racistas no hacen más que poner de relieve cuánto temen el poder de nuestra comunidad”.

La Lista Conjunta ha denunciado la existencia de “una campaña coordinada, financiada por elementos en el seno del Likud y que empezó hace meses, destinada a socavar los resultados electorales y dañar su legitimidad”, de acuerdo con un comunicado difundido en sus redes sociales.

La coalición ha subrayado que la participación en las urnas fue muy elevada y que obtuvieron un resultado sin precedentes: “Acudimos a votar en cifras sin precedentes y logramos un resultado histórico, tanto para nuestra comunidad como para todo el campo democrático”. La Lista Conjunta habría logrado doce de los 120 escaños del Parlamento, a los que se suman otros siete del partido árabe Raam, configurando un bloque decisivo para un eventual pacto de gobierno.

Según la formación, el Likud y sus socios tradicionales han puesto en marcha una “campaña” para “intentar inhabilitar a todos los partidos árabes”, y han denunciado que durante la jornada electoral “cientos de activistas de extrema derecha armados fueron enviados a los centros de votación” con el objetivo de amedrentar a los votantes.

La coalición ha insistido en que “ninguna campaña de difamación puede borrar el logro de la población árabe, y ningún intento de sembrar dudas sobre la legitimidad de nuestro voto puede alterar la voluntad del electorado”. “No nos dejaremos intimidar, no nos rendiremos y no renunciaremos a nuestro derecho a influir en el futuro de este lugar y en el futuro de todos sus ciudadanos”, ha añadido.

“Nos querían pequeños y débiles. En cambio, nos han encontrado grandes y fuertes”, ha proclamado la Lista Conjunta, que ha reclamado al bloque opositor liderado por el ex jefe del Ejército Gadi Eisenkot que “deje de colaborar con las viles mentiras de Netanyahu y de los racistas ‘kahanistas’ --una ideología ultraderechista basada en las ideas del rabino Meir Kahane--”.

En la misma línea, ha pedido a la oposición que “dejen de ser marionetas en manos de Netanyahu, alimentando su campaña de incitación” contra los partidos árabes, y ha sostenido que “se han acabado las excusas” y que “ha llegado el momento de mostrar valentía política, no solo con palabras, sino con hechos”.

La Lista Conjunta ha remarcado además su papel clave en cualquier alternativa de gobierno: “Sin nosotros, la victoria es imposible, pero junto a nosotros, es perfectamente posible”, ha afirmado, recordando que un acuerdo de coalición entre el bloque de Eisenkot, la Lista Conjunta y Raam permitiría alcanzar 67 de los 120 escaños de la Knesset.

Las denuncias del Likud y el ‘Ra’amgate’

El pronunciamiento de la Lista Conjunta llega después de que el Likud denunciara a primera hora del día una supuesta trama de injerencia extranjera en las elecciones israelíes, a la que ha bautizado como ‘Ra’amgate’, y exigiera una investigación urgente por parte de los servicios de seguridad y la Policía.

El partido de Netanyahu ha descrito el caso como “un terremoto” y ha asegurado que los comicios habrían sido manipulados, llegando a hablar de “atentado contra la democracia” y alertando de que el objetivo de esta presunta operación sería favorecer la “islamización de Israel” y forzar la caída del primer ministro.

El presidente de Israel, Isaac Herzog, ha pedido que las denuncias se investiguen “exhaustivamente” y ha recalcado que los implicados “deben ser arrestados y rendir cuentas conforme a la ley”, defendiendo al mismo tiempo la solidez del sistema electoral como base de la democracia israelí.

Por su parte, Gadi Eisenkot ha afirmado que está en contacto con las autoridades y que recibe información sobre las sospechas de injerencia, al tiempo que ha reclamado examinar con rigor cualquier acusación y salvaguardar la “pureza de las elecciones” frente a posibles interferencias, manipulaciones o sesgos.

Los resultados provisionales sitúan al Likud en primera posición con 27 escaños, seguido por los 21 del partido de Eisenkot, Yashar. Sin embargo, ninguno de los dos bloques alcanza por sí solo la mayoría necesaria, dejando el equilibrio del futuro Ejecutivo en manos de los partidos árabes o de una eventual alianza derechista que deje fuera a las formaciones ultraortodoxas.