El presidente francés, Emmanuel Macron, ha condenado con firmeza el “tiroteo racista” registrado este viernes en las inmediaciones de París, en el que ha fallecido una persona —un adulto de origen africano, según ha precisado el alcalde de Trappes, una de las localidades afectadas— y han resultado heridas otras cinco, tres de ellas en estado grave, incluida una niña de 12 años.
Macron se ha desplazado al departamento de Yvelines para reunirse con las familias de las víctimas y con los cargos locales. Desde allí ha subrayado que el ataque supone un “punto de inflexión” porque, aunque Francia ha sufrido numerosos atentados terroristas en la última década, “es la primera vez que se ataca a personas por el color de su piel”.
El jefe del Estado ha vinculado este crimen con el clima de tensión social acumulado en las últimas semanas, marcado por las movilizaciones de estudiantes, sindicatos y el movimiento de los ‘chalecos amarillos’, un contexto que, a su juicio, ha alimentado la “estigmatización” de las minorías.
En este marco, Macron ha denunciado que un agresor haya “perdonado la vida a la gente por el color de su piel” y ha reiterado su llamamiento a no “caer en la trampa de la confrontación”, apelando a la responsabilidad colectiva para evitar una escalada.
“La república es una e indivisible. Que nada nos divida”, ha proclamado el inquilino del Elíseo, reivindicando la unidad republicana frente al odio racial.
El presunto autor del tiroteo ha sido identificado como Kévin T., un ciudadano francés de 39 años, con antecedentes conocidos por la Policía, aunque no figura en los archivos de personas “radicalizadas” del país, según han indicado fuentes policiales a varios medios franceses.
Paralelamente, la Fiscalía Nacional Antiterrorista ha informado en un comunicado de la apertura de diligencias por “homicidio en relación con una empresa terrorista, con la circunstancia de que los actos se cometieron por pertenencia real o supuesta a una presunta raza, etnia, nación o religión específica”.