El Gobierno ruso ha condenado este lunes el ataque atribuido a Ucrania contra las instalaciones de la central nuclear de Zaporiyia, en el que ha fallecido uno de sus empleados, y ha afirmado que demuestra el desinterés del “régimen de Kiev” por la seguridad nuclear, alentado por sus socios europeos mediante préstamos multimillonarios.
“La tragedia ocurrida es un ejemplo de adónde se dirigen estas inversiones”, ha criticado la portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, Maria Zajarova, que ha expresado su repulsa por esta “atrocidad” en la que ha muerto un trabajador, a quien ha elogiado por su profesionalidad pese a las “amenazas” del Ejército de Ucrania.
“Es evidente que Ucrania tiene una visión diferente, dejando claro que no valora la seguridad nuclear”, ha insistido Zajarova, que también ha cargado contra quienes respaldan “las aventuras nucleares” del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, según figura en un comunicado difundido por el Ministerio de Exteriores ruso.
“Al crear deliberadamente amenazas radiológicas en el corazón de Europa, Kiev no tiene reparos en 'provocar' a sus patrocinadores occidentales para obligarlos a desembolsar fondos con mayor rapidez”, ha añadido, en referencia al reciente préstamo de 90.000 millones de euros concedido por la Unión Europea.
En este contexto, ha indicado que Moscú confía en que el director general del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, se mantenga “inflexible” ante esta “ilegalidad” atribuida a Ucrania. “La comunidad internacional debe imponer al régimen de Kiev el duro y merecido castigo”, ha remachado la portavoz.
Previamente, el OIEA había emitido una nota en la que reiteraba que este tipo de ataques en las inmediaciones de la central “no deben tener lugar” por el riesgo que suponen, y anunciaba que analizaría lo sucedido, sin ofrecer más información.
La dirección de la planta ha denunciado que un dron ucraniano acabó con la vida de uno de sus trabajadores tras atacar el edificio de transportes de la central nuclear, la mayor de Europa y uno de los principales puntos de fricción en las negociaciones de paz.