Trump quiere asfixiar a Irán: el riesgo de que la guerra económica golpee al resto del mundo

Washington quiere cortar las últimas vías comerciales y financieras que mantienen a flote a Teherán. El primer golpe será iraní, pero una ofensiva contra sus compradores puede trasladarse al petróleo, China, Europa y Estados Unidos

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Mapa del golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz Europa Press/Contacto/Andre M. Chang
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Estados Unidos quiere cortar las últimas vías que permiten a Irán vender petróleo, cobrar sus exportaciones y mover dinero fuera del circuito financiero occidental. Donald Trump ha anunciado una nueva fase de presión económica contra Teherán y ha advertido de consecuencias para los países que sigan proporcionándole apoyo. El alcance exacto de las nuevas sanciones todavía no se conoce: el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha avanzado que detallará el paquete el lunes.

La respuesta iraní ha llegado antes de conocer esas medidas. El ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, sostiene que Washington está repitiendo una estrategia que ya utilizaron anteriores administraciones estadounidenses y que tampoco ahora conseguirá forzar la capitulación de la República Islámica. Las Fuerzas Armadas iraníes han acompañado el rechazo político con nuevas advertencias de represalias ante cualquier escalada estadounidense.

La disputa no empieza ahora. Irán lleva décadas sometido a sanciones estadounidenses y la Administración Trump ya ha intensificado durante los últimos meses la persecución de sus exportaciones energéticas, redes financieras y empresas pantalla. La novedad es la voluntad declarada de cerrar también las vías que todavía conectan a Teherán con empresas y países extranjeros.

Trump todavía no ha explicado todas las nuevas sanciones

La primera precaución es importante: Washington ha anunciado un endurecimiento extraordinario, pero todavía no ha publicado el paquete completo.

Bessent ha asegurado que Estados Unidos prepara las sanciones "más duras" aplicadas hasta ahora contra Irán y ha descrito la estrategia como la combinación del bloqueo que ya sufre el país con una presión financiera adicional. Trump, por su parte, ha advertido de consecuencias para cualquier país que proporcione una "línea de vida" económica a Teherán.

Por tanto, no puede afirmarse aún que exista un mecanismo automático por el que cualquier operación comercial con Irán vaya a recibir el mismo castigo.

Lo que sí existe es una infraestructura estadounidense de sanciones que lleva meses ampliándose.

El Departamento del Tesoro puso en marcha la campaña Economic Fury para atacar las vías utilizadas por el régimen iraní para obtener ingresos, adquirir material militar y sortear las restricciones financieras. Desde entonces, la OFAC ha actuado contra casas de cambio, compañías pantalla, redes de adquisición, plataformas de activos digitales y decenas de barcos y empresas relacionadas con las exportaciones de petróleo.

El petróleo es la principal vía que Washington quiere cerrar

La presión se concentra especialmente en el crudo porque sigue proporcionando a Teherán una fuente fundamental de divisas.

Irán no comercializa buena parte de ese petróleo por los canales convencionales. Las autoridades estadounidenses han identificado redes de empresas intermediarias, transferencias de crudo entre buques y una denominada flota fantasma que permite ocultar o dificultar la identificación del origen y destino de los cargamentos.

El Tesoro lleva meses sancionando barcos, operadores y sociedades relacionadas con esas operaciones. En abril advirtió también de que podía recurrir a sanciones secundarias contra instituciones financieras extranjeras que siguieran facilitando determinadas operaciones vinculadas al petróleo iraní.

Ahí reside una de las principales herramientas de Estados Unidos. Washington no necesita controlar directamente una compañía extranjera para condicionarla: puede amenazarla con perder el acceso al sistema financiero estadounidense si continúa haciendo determinados negocios con una entidad sancionada.

Para un banco o una multinacional con intereses internacionales, quedar fuera del mercado estadounidense o tener restringidas sus operaciones en dólares puede ser mucho más costoso que renunciar al negocio iraní.

China es el gran problema para Washington

Buena parte de la eficacia de la ofensiva dependerá de China.

Pekín es el principal comprador del petróleo que Irán consigue colocar en el exterior. Según los datos de Kpler recogidos por Reuters, más del 80% del crudo iraní transportado por mar tuvo China como destino en 2025. El volumen rondó los 1,38 millones de barriles diarios durante aquel año.

El comercio se concentra en buena medida en pequeñas refinerías independientes chinas. Estados Unidos ya ha sancionado algunas de ellas y empresas vinculadas al transporte de petróleo iraní, precisamente porque las grandes petroleras estatales chinas tienen una exposición internacional mucho mayor y asumirían más riesgos si desafiaran abiertamente las restricciones estadounidenses.

El bloqueo ya está afectando a las exportaciones. La cantidad de petróleo iraní disponible para compradores chinos se ha reducido y algunas refinerías están buscando suministros alternativos procedentes de otros productores.

Trump tiene así una decisión difícil. Puede intensificar el castigo contra quienes compran petróleo iraní, pero hacerlo implica aumentar directamente la presión sobre empresas y entidades chinas.

Pekín ya ha rechazado la estrategia estadounidense y reclama una solución diplomática. La Administración Trump, en cambio, sostiene que China tiene razones para colaborar debido a su dependencia energética de Oriente Próximo.

¿Puede Estados Unidos conseguir un bloqueo económico completo?

Puede endurecer considerablemente el aislamiento. Conseguir que desaparezca por completo el comercio iraní es otra cosa.

Décadas de sanciones han empujado a Teherán a desarrollar mecanismos para operar fuera de los circuitos financieros tradicionales. Empresas instrumentales, intermediarios, operaciones en monedas distintas del dólar y redes comerciales difíciles de rastrear permiten mantener una parte de los intercambios.

El profesor de Relaciones Internacionales Sergio Castaño explica, en el contexto facilitado a Demócrata, que Washington conserva una capacidad considerable para presionar económicamente debido al peso de Estados Unidos en el sistema financiero internacional. Sin embargo, Irán ha desarrollado durante años formas de adaptación a esas restricciones.

Hay también una diferencia entre dañar la economía y conseguir un objetivo político.

Las sanciones pueden reducir ingresos públicos, dificultar importaciones, presionar la moneda y encarecer la financiación. Eso no garantiza por sí mismo que el Gobierno iraní acepte las condiciones de Washington.

Es precisamente el argumento que utiliza Araqchi: Teherán recuerda que ya soportó otras campañas de máxima presión y sostiene que el régimen no cedió entonces.

Irán llega a esta nueva ofensiva en una situación económica muy deteriorada

La resistencia política no elimina el coste económico.

El Fondo Monetario Internacional proyecta para Irán una contracción del PIB del 5,4% en 2026. La previsión de inflación media alcanza el 68,9%. El propio FMI advierte de que sus cálculos están sometidos a una incertidumbre excepcional por la guerra y las sanciones.

Las restricciones financieras y energéticas se trasladan a la población a través de una moneda debilitada, menor capacidad para importar y una fuerte subida del coste de vida. AP ha documentado este viernes las crecientes dificultades de numerosas familias iraníes para adquirir productos básicos.

Conviene, sin embargo, distinguir los términos. Una inflación cercana al 70% es extraordinariamente elevada, pero los datos disponibles no permiten calificar técnicamente la situación iraní como hiperinflación.

Una nueva reducción de los ingresos petroleros estrecharía todavía más el margen económico del país.

Ormuz multiplica la importancia económica del enfrentamiento

La presión sobre Irán tiene una dimensión que excede ampliamente su propio comercio exterior: el estrecho de Ormuz.

Antes del comienzo de la guerra, por este paso marítimo circulaban alrededor de 21,6 millones de barriles diarios de petróleo y otros líquidos, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos. En el segundo trimestre de 2026, el volumen medio había caído hasta 4,9 millones de barriles diarios.

La situación sigue siendo excepcional. Este jueves, los datos de Kpler recogidos por Reuters contabilizaron únicamente siete buques de mercancías atravesando el estrecho. Entre ellos no había grandes petroleros de crudo ni buques de gas natural licuado.

Por eso las nuevas amenazas económicas de Trump afectan inmediatamente al mercado energético.

El Brent cotizaba este viernes alrededor de 93,86 dólares por barril, después de subir tras el anuncio estadounidense. El mercado teme tanto una caída adicional de las exportaciones iraníes como una nueva perturbación del tráfico regional.

El precio para Europa no está en comerciar con Irán, sino en la energía

La exposición directa de las grandes economías europeas al mercado iraní es limitada después de años de sanciones. El problema principal está en otra parte.

Europa compra petróleo y gas en un mercado internacional que se encarece cuando disminuye la oferta de Oriente Próximo.

Ese impacto ya está incorporado a las previsiones económicas de Bruselas. La Comisión Europea calcula que el crecimiento de la UE se frenará hasta el 1,1% este año y señala la perturbación energética provocada por el conflicto como uno de los factores que explican el deterioro. La inflación prevista para el conjunto de la Unión alcanza el 3,1%.

Los datos de julio muestran hasta qué punto la energía vuelve a presionar los precios. La inflación de la eurozona se situó en el 2,9%, mientras que el componente energético avanzó un 10% interanual.

Una nueva escalada que reduzca la disponibilidad de petróleo o complique el tránsito marítimo mantendría esa presión.

España también está expuesta a una nueva subida energética

España no necesita comprar petróleo directamente a Irán para verse afectada.

La Comisión Europea proyecta para este año un crecimiento del 2,4% y una inflación del 3% en España. Bruselas atribuye el repunte de los precios en buena medida al encarecimiento energético derivado del conflicto de Oriente Próximo.

El canal de transmisión es conocido: el crudo más caro aumenta los costes de los carburantes y del transporte y termina afectando también a determinadas empresas y productos.

La propia Comisión ha incorporado a sus cálculos el coste de las medidas aprobadas en España para amortiguar el shock energético, entre ellas rebajas fiscales sobre combustibles, electricidad y gas y ayudas a sectores especialmente expuestos.

Por eso lo que ocurra con Ormuz resulta más relevante para la economía española que el volumen de intercambio directo entre Madrid y Teherán.

El límite de las sanciones: cuánto está dispuesto Trump a tensionar a terceros países

La ofensiva estadounidense tiene dos objetivos diferentes. Uno consiste en hacer cada vez más difícil que Irán obtenga dinero de sus exportaciones. El otro, mucho más complejo, sería conseguir que sus principales socios abandonen completamente esas relaciones.

En el primer terreno, Washington dispone de una enorme capacidad financiera y regulatoria. Durante meses ha bloqueado activos y sancionado intermediarios, barcos y sociedades en distintas jurisdicciones.

En el segundo aparece China, junto con países que mantienen distintas relaciones comerciales, energéticas o financieras con Irán. Turquía, Irak, Omán, Pakistán e India figuran, con volúmenes y características muy diferentes, entre las economías que han conservado algún intercambio con Teherán.

La amenaza de Trump pretende obligarlas a calcular cuánto vale ese comercio frente al coste de enfrentarse a Estados Unidos.

Hasta dónde está dispuesto Washington a llevar esa presión se conocerá mejor el lunes, cuando Bessent presente las nuevas medidas. Hasta entonces, hablar de un "bloqueo total" describe la ambición política anunciada por la Casa Blanca, pero no un cierre económico completo que Estados Unidos haya conseguido ejecutar.