El Colectivo de Víctimas del Terrorismo, Covite, ha mostrado su apoyo a las resoluciones dictadas por el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria que dejan sin efecto la aplicación del artículo 100.2 a los presos de ETA Soledad Iparraguirre, alias ‘Anboto’, y Juan Ramón Carasatorre, lo que supone la revocación de su situación de semilibertad.
En una nota pública, Covite ha destacado que ambos autos representan un “respaldo inequívoco” a la denuncia que viene formulando sobre el hecho de que “se está vaciando de contenido la legalidad penitenciaria para facilitar regímenes de semilibertad a presos de ETA, vulnerando con ello el derecho de las víctimas del terrorismo a la justicia”.
Según el colectivo, las dos decisiones judiciales “corrigen decisiones administrativas del Gobierno vasco que nunca debieron adoptarse”. En sus resoluciones, el magistrado recuerda que el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario “es una vía extraordinaria que exige una justificación individualizada, una motivación reforzada y, sobre todo, la existencia de un programa específico de tratamiento que no pueda ejecutarse dentro de prisión”.
Respecto a ‘Anboto’, el auto determina que “no concurrían los requisitos necesarios para aprobar una flexibilización de esa naturaleza”, mientras que, en relación con Carasatorre, el juez “constata expresamente que no se presentó ningún plan de ejecución tratamental, pese a haber sido requerido”, remarcando que la aplicación del artículo 100.2 “no puede aprobarse sin ese requisito esencial”.
Covite subraya que la resolución añade, además, que en este último caso “se alteró el procedimiento legalmente previsto”, dado que la medida fue acordada por la Viceconsejería de Justicia del Gobierno vasco “sin que constara una propuesta previa de la Junta de Tratamiento para aplicar el 100.2, ni el correspondiente programa específico de tratamiento”.
“El Gobierno vasco activó una medida excepcional sin cumplir los requisitos mínimos y básicos que la ley exige para poder hacerlo, una actuación administrativa extremadamente grave, rayando la prevaricación”, ha denunciado Covite.
En cuanto a Carasatorre, el colectivo insiste en que el juez ha dejado sin efecto el 100.2 “porque faltaba lo más básico: el plan específico de ejecución tratamental, es decir, quisieron conceder una medida excepcional sin cumplir ninguno de los requisitos que exige la ley”.
“MECANISMO FRAUDULENTO”
La presidenta de Covite, Consuelo Ordóñez, ha advertido de que “se sigue utilizando como supuesto aval del arrepentimiento el mismo mecanismo fraudulento de siempre: cartas privadas redactadas únicamente para obtener esos beneficios penitenciarios, sin valor real alguno mientras no vayan acompañadas de hechos verificables y de una desvinculación pública, clara e inequívoca del entramado político y social que sostuvo y legitimó a ETA durante décadas, y que todavía hoy prohíbe a los presos arrepentirse de sus crímenes, tal y como la propia izquierda abertzale lo recuerda cada cierto tiempo”.
“Las víctimas no tenemos por qué creernos lo que estos presos escriban en cartas redactadas para conseguir la semilibertad. No se nos puede exigir un acto de fe. Mientras no haya un arrepentimiento público, claro y respaldado por hechos, esas cartas no son más que un trámite instrumental para aparentar una reinserción que no se acredita de verdad”, ha añadido Ordóñez.
El colectivo ha rememorado, igualmente, que “la propia Audiencia Nacional ya dejó claro en 2023, al revocar el tercer grado del etarra Xabier Atristain, que este tipo de manifestaciones no son suficientes si no van acompañadas de signos inequívocos de desvinculación del entramado político y social que sostuvo a ETA y que todavía hoy la legitima”.
Desde Covite se ha instado al Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria y a la Fiscalía de la Audiencia Nacional a que “extremen el control y actúen con mayor celeridad y firmeza ante este tipo de beneficios penitenciarios concedidos a presos de ETA sin el rigor legal exigible”.
“En la fase de ejecución de las condenas, las víctimas no podemos estar personadas, de modo que son estas instituciones las que tienen la responsabilidad de proteger de forma efectiva nuestro derecho a la justicia. Solo un control judicial y fiscal verdaderamente exigente puede frenar esta deriva de impunidad que avanza, cada vez con menos disimulo, hacia el cumplimiento de la última gran exigencia histórica de la izquierda abertzale en el final de ETA negociado que vivimos: vaciar las cárceles sin exigir un arrepentimiento sincero”, ha concluido Consuelo Ordóñez.