El 'president' de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, subraya en el 9 d'Octubre la importancia de “defender la voz propia de las tres provincias”, Castellón, Alicante y Valencia; “una voz que no necesita gritar, pero que debe hacerse escuchar”. “No es la voz del conflicto. Es la de una tierra trabajadora y generosa que quiere participar en el proyecto común de España desde la lealtad y desde el respeto a sí misma”, afirma.
En su artículo de opinión por el Día de la Comunitat Valenciana, titulado este año “Un legado de futuro” y coincidiendo con su primer 9 d'Octubre como 'president', sostiene que la “mejor manera” de conmemorar la fecha es “preguntarnos qué Comunitat Valenciana queremos legar a las nuevas generaciones”, enlazando esa reflexión con el 750 aniversario de la muerte de Jaume I y con la “identidad colectiva” de los valencianos como “un legado infinito”.
El jefe del Consell recalca que el 9 d'Octubre “no es una efeméride más”, sino “una realidad viva” que pervive en las instituciones, la cultura, las tradiciones, las lenguas, los símbolos y, “sobre todo, en nuestra manera de entender la convivencia”. A su juicio, “la identidad valenciana nunca necesitó construirse contra nadie. No necesitó del conflicto para afirmarse ni del agravio para reconocerse. Se ha forjado con las aportaciones de generaciones que han construido nuestra forma de ver la vida. Somos una tierra diversa que conoce su historia, valora su personalidad y no necesita renunciar a ninguna de las dos cosas para ser, a la vez, parte y todo de la idea de España y del sueño de Europa”.
En esta línea, incide en que “nuestro autogobierno es la expresión contemporánea de esa voluntad colectiva. No es el recuerdo de aquello que fuimos, sino la herramienta con la que decidimos lo que queremos ser. Nos permite gestionar nuestros servicios públicos, defender nuestros intereses y afrontar nuestros retos. Y es también la garantía de que nuestras señas de identidad pertenecen a todos. La Senyera, nuestras instituciones, nuestras tradiciones y la lengua valenciana ni tienen propietarios ni necesitan guardianes. Son patrimonio de los valencianos y deben seguir siendo espacios de encuentro y no instrumentos para dividir”.
Por ello, Llorca remarca que “sentir orgullo por lo recibido también implica asumir una responsabilidad”: “Cada generación recibe una herencia y decide qué hace con ella. Puede conservarla o enriquecerla antes de entregársela a quienes vienen detrás”.
Cinco metas compartidas para el futuro
En su reflexión, plantea “cinco objetivos que todos debemos compartir” como respuesta a “qué Comunitat queremos” en las próximas décadas. El primero, apunta, es levantar “una Comunitat que cuide mejor y a más gente”: “Una tierra donde nuestros servicios públicos estén a la altura de las necesidades de las personas. Donde la sanidad, la educación y las políticas sociales nos acompañen cuando más las necesitamos. Donde nuestros mayores, tras toda una vida de trabajo, reciban la atención que merecen y quien necesite ayuda encuentre una administración que responda”.
El segundo objetivo se orienta hacia “una Comunitat que abra oportunidades para construir proyectos de vida”: “Un lugar en el que los jóvenes puedan formarse, encontrar trabajo, desarrollar su talento, emanciparse, crear una empresa o formar una familia”. “No debemos conformarnos con decirles que son el futuro --subraya Llorca--. Tenemos que ofrecerles opciones en el presente para que recorrer mundo sea una elección y no una obligación. Que se marchen para aprender y crecer, pero vuelvan porque aquí hay oportunidades”.
Como tercer eje, reclama “una tierra que produzca para competir” al entender que “no hay bienestar sin prosperidad, ni servicios públicos fuertes sin una economía capaz de sostenerlos”. Recuerda que “la Comunitat siempre ha sido tierra de emprendedores, autónomos, agricultores, comerciantes, trabajadores, industriales y empresas. Personas que madrugan, arriesgan, innovan y generan oportunidades”, y afirma que la Generalitat trabaja “para favorecer esa energía, facilitar la inversión y el trabajo, convertir las buenas ideas en proyectos y ayudar a nuestras empresas a competir en España, Europa y el mundo”.
El cuarto objetivo se centra en ser “una Comunitat cada vez mejor protegida”, vinculándolo a la seguridad y a la prevención ante emergencias. El 'president' rememora la dana del 29 de octubre de 2024, que causó 233 fallecidos, “cuyas víctimas y familias siempre estarán en nuestro recuerdo”: “Nos golpeó con especial crueldad y la amarga lección aprendida nos obliga a construir una tierra más segura y resiliente, con mejores medios, infraestructuras y coordinación. Una Comunitat capaz de proteger su territorio y, ante todo, a las personas que viven en él”.
Finalmente, sitúa como quinta meta la que “da sentido a todos los anteriores”: “defender la voz propia de las tres provincias”. Reitera que “la Comunitat Valenciana no quiere ser más que nadie. Pero tampoco debe aceptar ser menos que nadie”, y anima a “defender nuestros intereses con serenidad y determinación”.
“Diálogo, rigor y firmeza institucional”
Para Llorca, esto implica exigir una financiación adecuada, el agua, las infraestructuras y los recursos imprescindibles para “crecer y garantizar nuestros servicios públicos”. Reclama hacerlo “desde el diálogo, el rigor y la firmeza institucional porque alicantinos, castellonenses y valencianos tenemos una identidad que no necesita enfrentarse a nadie, pero tampoco va a callarse ante nadie”.
“Setecientos cincuenta años después de la muerte de Jaume I, quizá ese sea el mejor sentido que podemos otorgar a la palabra legado, porque un legado no es solo aquello que recibimos. Es también aquello que decidimos dejar”, expone, recordando que “hemos recibido una tierra con historia, instituciones, cultura, lengua y personalidad propia”: “Ahora tenemos la responsabilidad de añadir nuestra página a esa historia y entregar a quienes vengan después una Comunitat más próspera, segura, abierta y con más oportunidades”.
Concluye con una mirada al porvenir: “Tenemos razones para sentirnos orgullosos de nuestro pasado. Tenemos determinación para afrontar nuestro presente. Pero, sobre todo, tenemos derecho a mirar con esperanza hacia el futuro. Nuestro mejor tiempo no tiene por qué ser el que recordamos. Tiene que ser el que todavía estamos a tiempo de construir juntos. Eso significará que estuvimos a la altura de lo recibido. Que supimos convertir la herencia en oportunidad, la identidad en convivencia y el orgullo en futuro. Y entonces podremos decir que, 750 años después, el legado infinito del 9 d'Octubre es un legado de futuro”.