“Es tecnofascismo”: así han reaccionado algunos expertos sobre el manifiesto de Palantir

Críticas desde la academia y el periodismo alertan de una deriva autoritaria en el papel político de las grandes tecnológicas y piden cortar lazos con la compañía

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Bandera de Estados Unidos Europa Press/Contacto/Jen Golbeck

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El manifiesto político difundido por Palantir ha generado una oleada de reacciones críticas en el ámbito académico, político y del periodismo especializado, con acusaciones que van desde la deriva autoritaria hasta la advertencia de romper cualquier vínculo comercial con la compañía.

El economista y exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis fue uno de los primeros en reaccionar, compartiendo el documento con una frase contundente: “¡Si el mal pudiera tuitear, este sería el contenido!”, en referencia al tono y las implicaciones políticas del texto.

Desde el ámbito académico, el politólogo neerlandés Cas Mudde interpretó el manifiesto como una señal de alarma sobre el papel creciente de las grandes tecnológicas en la arquitectura del poder global. En su análisis, describió el documento como un llamamiento a un orden internacional dominado por Estados Unidos bajo un modelo de fuerte control tecnológico y vigilancia corporativa, al que calificó directamente como “tecnofascismo”. Mudde fue más allá y sostuvo que este posicionamiento debería llevar a reconsiderar cualquier relación comercial con la empresa, incluyendo la posibilidad de detener nuevas colaboraciones y retirar inversiones en Europa.

Extremely normal and fine for a company to put this in a public statement

Eliot Higgins (@eliothiggins.bsky.social) 2026-04-19T09:56:27.182Z

En la misma línea crítica, el periodista y fundador de Bellingcat, Eliot Higgins, reaccionó con ironía ante el contenido del manifiesto, cuestionando que este tipo de posicionamientos ideológicos corporativos se presenten como algo normal en el debate público. Su comentario apuntó a la creciente implicación política de las grandes empresas tecnológicas en cuestiones sociales y culturales, subrayando la tensión entre poder empresarial y esfera pública.

En conjunto, las reacciones reflejan un debate cada vez más intenso sobre el papel de las grandes compañías de datos e inteligencia artificial en la política global, donde la frontera entre innovación tecnológica, influencia geopolítica y control social aparece cada vez más difusa.