La llegada masiva a finales de julio de unos 80.000 migrantes a Ceuta, en su mayoría ciudadanos marroquíes, ha servido a Rabat para volver a sacar a relucir su reivindicación histórica sobre esta ciudad autónoma y sobre Melilla. Sin embargo, los especialistas consultados consideran que el Gobierno marroquí no tiene intención de ir más allá del plano retórico, dado que sus prioridades pasan por el Sáhara Occidental y por la organización conjunta con España y Portugal del Mundial de Fútbol de 2030.
“No es nada nuevo: la posición de Marruecos siempre ha sido que Ceuta y Melilla son territorios ocupados y que su estatus debe resolverse mediante negociaciones”, explica a Europa Press el director para el Norte de África del 'think-tank' Crisis Group, Riccardo Fabiani. Hasta ahora, apunta, Rabat “no tenía mucha capacidad de enfocarse” en estas dos plazas españolas, ya que “su atención estaba centrada por completo en el Sáhara Occidental”.
En su análisis, “con la actual Administración en Washington alentando a Marruecos” tras el reconocimiento por parte de Donald Trump en diciembre de 2020 de la soberanía marroquí sobre la antigua colonia española y “con Rabat sintiéndonse más confiado sobre el futuro del Sáhara Occidental, el reino siente que este es el momento adecuado para reanudar las discusiones sobre Ceuta y Melilla”.
Fabiani admite que el contexto actual “representa una oportunidad para que Rabat avance sus reivindicaciones”, sobre todo después de que la entrada de miles de personas desde territorio marroquí hacia Ceuta haya evidenciado “la vulnerabilidad y dependencia en la cooperación de Marruecos para su propia seguridad”. Por ello, insiste, “Marruecos está aprovechando el momento para reiterar su demanda tradicional”.
Esta postura cuenta con un amplio respaldo interno, ya que “todos los principales partidos están de acuerdo en que el Sáhara Occidental, Ceuta y Melilla son marroquíes”, subraya el responsable de Crisis Group. En este marco sitúa las recientes intervenciones del ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, reclamando un diálogo con España sobre estas ciudades, que interpreta como “una manera de abrir una conversación sensible pero inevitable sobre estos dos territorios”.
Uso político y cálculo interno en Rabat
Desde otra óptica, Irene Fernández Molina, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad de Exeter (Reino Unido), considera que “ciertos actores están explotando de forma oportunista” lo sucedido en Ceuta para volver a insistir en las reclamaciones territoriales. A su juicio, Ouahbi, dirigente del Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), podría estar buscando “mayor visibilidad” e incluso asegurarse “un asiento” en el Ejecutivo que salga de las urnas el 23 de septiembre.
El PAM, creado por Fuad Alí el Himma, amigo íntimo y uno de los principales asesores del monarca alauí, integra la coalición gubernamental presidida por Aziz Ajanuch, líder de Reagrupamiento Nacional de Independientes (RNI). Con vistas a los próximos comicios, la formación ha incorporado a sus listas al presidente de la Federación de Fútbol marroquí, Fouzi Lekjaa, sobre quien se especula que podría convertirse en el próximo jefe de Gobierno.
Según Fernández Molina, “es lógico pensar que en las próximas semanas suban de tono este tipo de declaraciones sobre Ceuta y Melilla” que, recuerda en declaraciones a Europa Press, han permitido en otras ocasiones al Palacio Real “adjudicarse el papel de árbitro y de acto moderado de cara al exterior”.
Responsabilidad en la crisis migratoria, pero sin plan previo
Pese a la tensión generada por la avalancha de finales de julio, tanto Fabiani como Fernández Molina coinciden en que el episodio no tuvo como objetivo directo reabrir el contencioso territorial con España. Aun así, apuntan a que, aunque no hubiera una estrategia diseñada desde la cúpula del poder, sí existe responsabilidad de las fuerzas de seguridad marroquíes por no haber reaccionado con rapidez para frenar las entradas.
Fernández Molina admite que, sin una investigación exhaustiva, no se puede afirmar que hubiera “una organización o maquinación” por parte de las autoridades marroquíes, pero sostiene que tienen una “responsabilidad innegable” por no haber evitado el aumento de accesos a Ceuta. Con todo, recalca que “no es lo mismo que ser el origen de la crisis”.
En esta línea, sugiere que detrás de lo ocurrido podría estar un sector concreto de los servicios de seguridad y pone en duda que todo respondiera a una orden directa de Mohamed VI, quien horas antes, el 29 de julio, en su discurso por la Fiesta del Trono, había destacado la estabilidad y el desarrollo alcanzados por el país. “Cuesta pensar qué interés podría tener el rey en dar al mundo esta imagen tan negativa”, recalca.
Fabiani también se inclina por un fenómeno espontáneo, amplificado por las redes sociales, aunque incide en que “las fuerzas de seguridad marroquíes probablemente subestimaron o facilitaron este flujo, pensando que sería más manejable de lo que resultó”. “En cuanto se dieron cuenta, actuaron para contener el daño hecho, pero ya era demasiado tarde”, relata.
En su opinión, “las autoridades pueden hacer poco para borrar las imágenes y la percepción de que Marruecos es menos estable y fiable de lo que anteriormente se pensaba”. Además, considera que la crisis constituye “un motivo de bochorno” en vísperas de las elecciones, al poder agravar la ya de por sí baja confianza ciudadana en las instituciones y al haber “aumentado las sospechas de instrumentalización de la migración”.
Reclamación de fondo, pero estrategia paciente
Pese al endurecimiento del discurso, los dos expertos coinciden en que Rabat no tiene previsto intensificar por ahora sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla. “La cuestión siempre ha estado ahí y va a seguir estando”, resume la académica de la Universidad de Exeter, que no considera probable que se adopten “medidas activas para cambiar el 'statu quo'”.
“No creo que Marruecos tenga prisa por resolver el estatus de estas dos ciudades”, sostiene Fabiani, que define la postura marroquí como una apuesta a largo plazo y recalca que el reino “está dispuesto a perseguir una estrategia cauta y paciente que eventualmente lleve a su 'devolución'”. Por ahora, el país “tiene suficiente” con el dosier del Sáhara Occidental y la preparación del Mundial 2030 y “no cuenta con mucha capacidad para acelerar esta cuestión”.
Para Rabat, puntualiza Fernández Molina, “el Sáhara es la verdadera prioridad en política exterior” y Marruecos “tiene mucho más que ganar de una buena relación con España”, especialmente tras el respaldo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en 2022 al plan de autonomía marroquí para el territorio saharaui.
La celebración conjunta del Mundial de fútbol también pesa en los cálculos. “No es una cuestión secundaria o decorativa”, admite la investigadora, que subraya que el torneo “se ha convertido en una política estratégica” para el reino alauí, que está destinando inversiones millonarias a infraestructuras y aspira a aprovecharlo para un “lavado de cara”.
Fabiani coincide en que el campeonato, cuya final Rabat ya ha expresado su deseo de albergar, “es una razón de peso por la que es improbable que Marruecos vaya más allá en este asunto”. A su juicio, el país ve en el Mundial “una oportunidad única para promocionarse al mundo y para la que necesita la cooperación de España”.
“Ceuta y Melilla son una cuestión que Marruecos quiere mantener viva pero está dispuesto a esperar durante mucho tiempo para verla resuelta”, concluye el analista de Crisis Group, que no descarta del todo que pueda registrarse un episodio similar en Melilla, aunque no cree que “vaya en el interés marroquí en estos momentos”.