Óscar Puente, ¿el cortafuegos de Sánchez ante el 29N? Los precedentes de Marlaska, Ábalos y González Laya

El titular de Transportes asegura que ofreció su dimisión, pero el presidente la rechazó por considerarla "injusta". A un mes de las elecciones del 29N, su continuidad concentra las críticas de la oposición y compromete también a Moncloa

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El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, durante una rueda de prensa, en la sede del Ministerio | Eduardo Parra / Europa Press
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Óscar Puente continúa al frente del Ministerio de Transportes después de haber puesto su cargo a disposición de Pedro Sánchez. Según ha relatado este viernes a los periodistas, el presidente del Gobierno rechazó su salida porque consideraba que sería "injusta", una conversación que deja una consecuencia política difícil de eludir. 

La revelación llega cuando falta un mes para las elecciones generales del 29 de noviembre y el Gobierno trata de responder a la crisis provocada por el accidente ferroviario de Urda (Toledo), en el que han fallecido al menos 69 personas. Puente concentra buena parte de las explicaciones sobre el funcionamiento de la red, las decisiones adoptadas antes del choque y las exigencias de dimisión. Sánchez, mientras tanto, ha centrado sus intervenciones en la atención a las víctimas, el esclarecimiento de las causas y la necesidad de recuperar la confianza en la alta velocidad.

Esa distribución de papeles podría permitir al presidente conservar cierta distancia respecto a la controversia que rodea a Transportes. Pero el respaldo que Puente atribuye a Sánchez también dificulta que el desgaste político quede circunscrito al ministro. Si el titular del departamento ofreció marcharse y el presidente le pidió continuar, la responsabilidad de mantenerlo en el Gobierno alcanza directamente a Moncloa.

El respaldo de Sánchez llega por Moncloa y por boca del propio Puente

El apoyo presidencial se ha conocido hasta ahora a través de dos vías. El jueves, fuentes de Moncloa aseguraban que Sánchez conservaba su confianza en el ministro y descartaba su destitución. Esas mismas fuentes defendían que el accidente no estaba relacionado con la gestión política de Puente.

Este viernes ha sido el propio ministro quien ha explicado que puso su cargo a disposición del presidente y que este le pidió continuar. 

Sánchez ha reconocido este viernes, durante su visita al Cecopi de Toledo, que existe una "confianza quebrada" en el sistema de alta velocidad español y ha prometido soluciones para evitar que vuelva a producirse una tragedia semejante.

La ausencia de una declaración personal de respaldo no significa que el presidente haya retirado su apoyo. Sin embargo, contrasta con otras crisis en las que Sánchez sí decidió defender públicamente a ministros cuestionados.

El precedente de Marlaska y una defensa sin ambigüedades

Fernando Grande-Marlaska ofrece uno de los ejemplos más claros de resistencia de Sánchez a las peticiones de dimisión de un miembro de su Gobierno.

Tras la tragedia ocurrida en la valla de Melilla en junio de 2022, el ministro del Interior quedó sometido a una intensa presión por la actuación policial y las explicaciones de su departamento. El 4 de noviembre de aquel año, durante la cumbre hispano-portuguesa, Sánchez asumió personalmente su defensa con una declaración inequívoca: "El ministro tiene mi respaldo y también mi reconocimiento".

Seis días después, el presidente volvió a descartar su cese durante una entrevista en laSexta. Marlaska permaneció en el Ejecutivo pese a las críticas y las exigencias de responsabilidades.

Las circunstancias de Melilla y Urda son diferentes, tanto por la naturaleza de las tragedias como por las responsabilidades que deben investigarse. El precedente, no obstante, demuestra que una fuerte presión política no conduce necesariamente a la destitución de un ministro y permite apreciar una diferencia en la forma de comunicar el respaldo presidencial.

En el caso de Marlaska, Sánchez lo defendió directamente ante la opinión pública. En el de Puente, hasta ahora, la explicación más explícita sobre su continuidad ha llegado del propio titular de Transportes.

González Laya y Ábalos, los otros caminos que ha elegido Sánchez

La trayectoria de Sánchez al frente del Gobierno también ofrece ejemplos de ministros que abandonaron sus responsabilidades después de episodios de desgaste político o en remodelaciones destinadas a renovar el Ejecutivo.

Arancha González Laya dejó el Ministerio de Asuntos Exteriores en julio de 2021, después de la crisis diplomática con Marruecos desencadenada por la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. 

También en julio de 2021 abandonó el Gobierno José Luis Ábalos, hasta entonces ministro de Transportes y uno de los dirigentes de mayor proximidad política a Sánchez. Su relevo formó parte de una remodelación más amplia, en la que también salió Carmen Calvo y se produjo la marcha de Iván Redondo de la jefatura del Gabinete presidencial.

Aquellos cambios respondieron a un contexto distinto y Sánchez los presentó como una renovación para impulsar la recuperación tras la pandemia. Su interés como antecedente reside en que ni siquiera la cercanía personal y política al presidente garantiza la continuidad indefinida en el Consejo de Ministros.

Un ministro necesario para la gestión, pero incómodo para la campaña

El accidente de Urda ha alterado la campaña socialista cuando apenas queda un mes para las elecciones generales. Puente, uno de los ministros con mayor presencia pública y capacidad de confrontación política, debe dedicar ahora buena parte de sus intervenciones a explicar lo ocurrido en la red ferroviaria y responder a las peticiones de dimisión.

Ahora, el equipo electoral socialista está adaptando su estrategia ante la pérdida de protagonismo del ministro en la campaña. Así, cualquier intervención pública de Puente corre el riesgo de quedar dominada por las preguntas sobre Urda, incluso cuando pretenda abordar otros asuntos.

Su continuidad también ofrece ventajas para el Ejecutivo. Permite conservar al responsable del departamento durante la investigación y evita una remodelación ministerial en plena campaña. Además, Puente puede asumir las explicaciones técnicas y parlamentarias mientras Sánchez concentra sus comparecencias en la respuesta institucional a la tragedia.

Esa distribución de responsabilidades alimenta la hipótesis de que el ministro pueda actuar como un cortafuegos político para el presidente. 

El problema para el PSOE es que el debate ya ha desbordado la figura de Puente. Alberto Núñez Feijóo ha vinculado las responsabilidades del Gobierno con las elecciones del 29N, de modo que la oposición no limita sus reproches al Ministerio de Transportes, sino que los dirige también al presidente.

La decisión de mantener a Puente vincula su futuro al de Sánchez

El relato que el ministro ha ofrecido este viernes introduce una circunstancia que puede condicionar las próximas semanas. Al explicar que quiso apartarse y que Sánchez rechazó su salida, Puente ha hecho pública la intervención personal del presidente en la decisión de mantenerlo en el cargo.

Pero el efecto político resulta difícil de separar de las palabras elegidas. Si Sánchez considera "injusto" que Puente dimita, deberá defender esa decisión mientras continúan las investigaciones y se conocen nuevos detalles sobre las circunstancias del accidente.

El presidente ha prometido recuperar la confianza de los ciudadanos en la alta velocidad, dañada después de las tragedias de Adamuz y Urda, que suman al menos 115 fallecidos en 2026. La cuestión es si puede hacerlo con el mismo ministro al frente de Transportes y sin que la polémica condicione la campaña socialista.