Cerca del 90 por ciento de las personas que ingresan en una unidad de cuidados intensivos (UCI) logran el alta con vida y, en su mayoría, vuelven a integrarse en la sociedad, según ha explicado el doctor y presidente de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Cuidados Críticos y Unidades Coronarias (Semicyuc), José Garnacho Montero.
Los especialistas subrayan que los cuidados intensivos han cambiado de forma radical el pronóstico de muchas patologías graves desde que se consolidaron durante la pandemia de COVID-19. Garnacho Montero, también intensivista en el Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, ha recalcado que la ciudadanía debe conocer mejor estas unidades "más allá de aquella crisis".
Con este propósito, la Fundación Ramón Areces y la Semicyuc han celebrado una jornada para repasar la situación actual, los avances y los desafíos de la Medicina Intensiva en España.
En la apertura del acto, el presidente del Consejo Científico de la Fundación Ramón Areces, Emilio Bouza, ha destacado que esta especialidad dispone de una "visión global del enfermo, una vigilancia continua y una capacidad de intervención rápida y compleja".
"Las unidades de cuidados intensivos son hoy lugares donde confluyen múltiples disciplinas, entre otras, medicina interna, anestesia, cirugía, neumología, cardiología, enfermedades infecciosas, microbiología, enfermería especializada y fisioterapia", ha señalado. En estos servicios se ha ofrecido "respuesta adecuada" a situaciones como el gran traumatismo, el shock, el trasplante de órganos, las enfermedades coronarias y la infección más grave.
UCIs más humanas, seguras y centradas en la persona
El doctor del Hospital 12 de Octubre de Madrid, Mario Chico Fernández, ha reivindicado la importancia de la comunicación para desmontar tópicos en torno a las UCIs.
"La UCI ofrece una vigilancia durante 24 horas los 365 días del año, y la tecnología es una herramienta, pero el trabajo humano es básico", ha indicado. Además, ha insistido en que la UCI es un entorno "mucho más humano "de lo esperado", de seguridad y confianza, con protocolos para acompañar el alta y mitigar la ansiedad.
La intensivista y máster en bioética del Hospital Universitario del Henares, Beatriz Lobo Valbuena, ha profundizado en el proceso de humanización de las UCIs. "Una UCI del siglo XXI tiene que combinar un cuidado puntero intentando mejorar la atención del paciente y también un cuidado de la persona en sí", ha resumido.
Durante su intervención, Lobo Valbuena ha mostrado propuestas arquitectónicas para estas unidades que incorporan luz natural, sistemas de iluminación circadiana y vistas a patios o jardines. Cuando la situación clínica lo permite, incluso se contempla la posibilidad de sacar a los pacientes al exterior.
En cuanto a las terapias, ha remarcado el "necesario ajuste equilibrado" de analgesia y sedación, la movilización temprana, la implicación de la familia y otras medidas de confort orientadas a la autonomía y al bienestar del paciente. También ha defendido la comunicación como "eje transversal" y ha señalado la apertura gradual de los horarios de visita de los familiares como un "reto y posibilidad de mejora".
Contra el edadismo: decisiones basadas en criterios clínicos
La última ponencia ha corrido a cargo del doctor del Hospital Universitario de Jerez de la Frontera, Ángel Estella García, que ha abogado por una medicina intensiva individualizada que integre "evidencia científica, tecnología y valores".
"Existe la creencia de que el paciente anciano tiene las puertas cerradas de la UCI. Ni mucho menos es así. La decisión no depende de la edad, sino de la reserva biológica y fisiológica previa", ha recalcado.
Estella ha rememorado lo ocurrido durante la pandemia de Covid-19, etapa en la que se asumieron decisiones "muy duras y muy complejas" que, a su juicio, pudieron distorsionar la percepción social de estas unidades.
"Se adoptó una actitud paternalista quizá equivocada, pues se debía haber tenido más en cuenta la opinión de los pacientes. Se llegó a interpretar que las unidades de cuidados intensivos españolas no iban a ingresar a pacientes mayores de determinada edad, algo totalmente erróneo", ha puntualizado.
Frente al edadismo, ha defendido aplicar criterios de proporcionalidad apoyados en razones clínicas, epidemiológicas, organizativas o de seguridad, y ha advertido de que excluir a los enfermos solo por su edad sería "discriminatorio".
Por ello, ha pedido una "evaluación integral" que tenga en cuenta la fragilidad, la comorbilidad, la reversibilidad del proceso agudo y los objetivos del tratamiento, junto con la planificación anticipada de cuidados y la colaboración de equipos geriátricos, de rehabilitación y de apoyo psicológico.