El ácido palmítico se vincula con alteraciones en la respuesta del organismo a la insulina, mientras que el ácido oleico podría compensar estos efectos y aportar un papel protector asociado a un menor riesgo de diabetes tipo 2, según concluye un trabajo de revisión dirigido por equipos del área de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBERDEM) en la Universidad de Barcelona.
El estudio, difundido en la revista ‘Trends in Endocrinology & Metabolism’ (‘Cell Press’), ha revisado la influencia del ácido palmítico y del ácido oleico, los principales ácidos grasos presentes en la alimentación, en el origen y evolución de la diabetes mellitus tipo 2. Los autores subrayan que la calidad de la grasa incorporada a la dieta resulta determinante para la salud, por encima de la cantidad total ingerida.
Los investigadores detallan que, a nivel molecular, el ácido palmítico, abundante en el aceite de palma, favorece la acumulación de lípidos bioactivos potencialmente dañinos, impulsa estados de inflamación crónica de bajo grado y contribuye a la disfunción de orgánulos celulares como el retículo endoplásmico y la mitocondria.
Todos estos mecanismos están “estrechamente relacionados” con el empeoramiento de la acción de la insulina y con la progresión de la enfermedad metabólica.
Por el contrario, destacan que el ácido oleico presenta un perfil metabólico más beneficioso y, en particular, facilita el almacenamiento de los lípidos de una forma con escaso impacto sobre los procesos fisiológicos. Este ácido graso, muy presente en el aceite de oliva, contribuye a mantener una correcta señalización de la insulina en órganos clave como el hígado, el músculo o el tejido adiposo.
Los responsables del trabajo añaden que podría neutralizar buena parte de los efectos negativos provocados por el ácido palmítico, lo que ayudaría a entender por qué patrones alimentarios ricos en grasas monoinsaturadas, como la dieta mediterránea, se asocian de forma consistente con una menor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 y otras patologías metabólicas.
No obstante, pese a estas evidencias, insisten en que son necesarias investigaciones más detalladas que tengan en cuenta factores como el origen de los ácidos grasos, el contexto global de la dieta, la interacción con otros nutrientes y los distintos métodos de procesamiento de los alimentos de origen animal, con el fin de aclarar las discrepancias descritas en estudios epidemiológicos.
De esta forma, prevén que se podrá concretar mejor el efecto real de los diferentes tipos de grasa sobre la salud metabólica y, a partir de ahí, plantear estrategias nutricionales más precisas para prevenir y manejar la diabetes tipo 2.
En este proyecto han participado el investigador del CIBERDEM en el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) Ricardo Rodríguez-Calvo, la investigadora del área de Enfermedades Cardiovasculares del CIBER (CIBERCV) en el Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge (IDIBELL) Marta Tajes y el investigador de la Universidad de Lausana (Suiza) Walter Wahli.