Tres de cada cuatro españoles, un 76 por ciento, han experimentado en algún momento de su vida episodios de caída de cabello. Sin embargo, únicamente el 30 por ciento ha llegado a consultar alguna vez con un profesional sanitario por un problema capilar o del cuero cabelludo, según el “Observatorio Iraltone”, elaborado por Cantabria Labs.
El informe, presentado este lunes, se ha realizado a partir de las respuestas de 1.500 participantes, con una edad media de 50 años, con el objetivo de analizar el estado de la salud capilar en España, el grado de conocimiento existente y los hábitos de cuidado que mantiene la población.
Los datos revelan que la principal inquietud capilar es la caída del cabello, señalada por el 32 por ciento de los encuestados, porcentaje que se eleva al 35 por ciento en el caso de los hombres. A continuación se sitúan problemas como la grasa, la caspa, el picor o la sensibilidad del cuero cabelludo (15%) y, en tercer lugar, las canas y otros cambios vinculados al envejecimiento (14%).
“La caída es un síntoma, no un diagnóstico, y es el síntoma más reconocido”, ha señalado el dermatólogo y director médico de Cantabria Labs, Juan José Andrés Lencina, quien ha precisado que se trata de un signo que la población percibe con facilidad y al que concede una importancia considerable.
El trabajo indica que muchos ciudadanos consideran que saben poco sobre salud capilar: el 26 por ciento califica su conocimiento como “bajo” o “muy bajo”, mientras que solo un 16 por ciento lo define como “alto”. No obstante, esta percepción no encaja del todo con la realidad, ya que, en términos generales, los españoles tienden a infravalorar lo que realmente saben.
En esta línea, el observatorio muestra que la mayoría es consciente del efecto que tienen los tintes, decoloraciones, alisados y otros procedimientos estéticos en la calidad del cabello, con un 50 por ciento “totalmente de acuerdo”. Además, el 49 por ciento reconoce claramente el impacto del uso del secador o la plancha, y el 42 por ciento identifica la influencia del estado del cuero cabelludo.
También se observa un nivel de conocimiento elevado sobre los factores que influyen en la salud del pelo y en la caída capilar. La edad y el estrés son los más señalados, con un 56 y un 54 por ciento, respectivamente, seguidos de la alimentación (37%), los cambios hormonales (33%), la genética (31%) y la rutina de cuidado capilar (27%).
Pese a ello, dos de cada tres personas desconocen cuándo una caída de cabello debe considerarse motivo de consulta médica. Solo el 36 por ciento sabe diferenciar una caída fisiológica de otra que requiere acudir a un especialista, porcentaje que desciende al 30 por ciento en el caso de los hombres.
Preocupación alta, prevención escasa
El estudio subraya que, aunque la población afirma preocuparse por su salud capilar y reconoce numerosos síntomas y factores de riesgo, esto no se traduce en medidas preventivas en la rutina diaria.
Un 74 por ciento considera muy relevante el cuidado capilar preventivo, pero únicamente el 19 por ciento actúa de forma diaria en este sentido. “No lo hacemos y no sabemos ni siquiera si sirve”, ha apuntado Lencina, ya que solo el 23 por ciento cree que es posible prevenir o retrasar ciertos signos del envejecimiento capilar, un concepto del que ha oído hablar menos de la mitad de los encuestados (44%).
A esta falta de prevención se suma la escasa consulta profesional. Solo el 30 por ciento ha acudido alguna vez a un especialista por un problema capilar y un nueve por ciento se lo ha planteado sin llegar a hacerlo. Entre el 61 por ciento que nunca ha pedido cita, el 41 por ciento alega que no lo ve como un problema importante, el 30 por ciento no sabe a qué profesional recurrir y el 19 por ciento menciona motivos económicos o listas de espera.
En relación con ese 41 por ciento que asegura no verlo como algo relevante, Lencina ha cuestionado que esa percepción sea real. Los datos del observatorio muestran que la salud del cabello influye en la calidad de vida y casi la mitad de los participantes afirma que su pelo condiciona bastante o mucho la imagen que tiene de sí mismo y la sensación de verse más envejecido.
Si tuvieran que consultar por un problema serio de caída, pérdida de densidad o alteración del cuero cabelludo, el 46 por ciento acudiría a un dermatólogo o tricólogo, mientras que el 31 por ciento optaría por un médico de Atención Primaria.
El 40 por ciento nunca ha utilizado productos específicos para la caída o el fortalecimiento del cabello. Entre quienes sí lo han hecho, predominan los champús, lociones o cosméticos capilares (41%), seguidos de complementos alimenticios (23%) y medicamentos prescritos por un profesional sanitario (15%). Un nueve por ciento se ha sometido a tratamientos médico-estéticos o a un trasplante capilar.
Solo el 34 por ciento de quienes han recurrido a champús, cosméticos, suplementos o fármacos ha mantenido el uso durante todo el tiempo recomendado. Entre los que abandonaron o redujeron el tratamiento, el 31 por ciento alude a resultados lentos o insuficientes y el 26 por ciento, al coste.
Lencina ha explicado que esta interrupción frecuente guarda relación con el hecho de que, en muchas ocasiones, la decisión de iniciar un tratamiento no viene precedida de un diagnóstico ni de una recomendación profesional, lo que genera desconfianza sobre su eficacia. Hasta un 20 por ciento de los encuestados reconoce haber elegido el producto por iniciativa propia y un 18 por ciento, por consejo de amigos o familiares.
“Si no sabemos qué nos pasa no podemos ponerle remedio”, ha recalcado el dermatólogo, quien ha añadido que el 59 por ciento nunca ha recibido un diagnóstico sobre su cabello o cuero cabelludo.
La caída de cabello como problema médico
El director de la Unidad de Tricología del Hospital Universitario Ramón y Cajal y de la Unidad de Tricología y Trasplante Capilar de la Clínica Grupo Pedro Jaén, Sergio Vañó, ha remarcado que la caída de pelo es un “problema de salud” que afecta a la estética y, a través de ella, repercute en el bienestar general.
En su experiencia clínica, para muchos pacientes que llegan a consulta se trata de “el principal problema de sus vidas” y describen un impacto notable en su calidad de vida. “El 32 por ciento de las mujeres ha llorado alguna vez por algo relacionado con el pelo”, ha indicado, en línea con la literatura científica, para evidenciar la carga emocional asociada y subrayar que se trata de un “problema médico que requiere tratamiento médico”.
El especialista ha insistido en la conveniencia de acudir a un profesional ante cualquier preocupación por la salud capilar, asegurando que los pacientes que reciben información y pautas adecuadas salen de la consulta con mayor tranquilidad.
Por su parte, la dermatóloga experta en tricología y fundadora de la Clínica ABDerma, Claudia Bernárdez, ha resumido en tres las claves para decidir cuándo es necesario pedir cita por una caída de pelo: valorar desde cuándo se produce, cuánta cantidad de cabello se pierde y, sobre todo, si la situación genera preocupación a la persona afectada.
La psicóloga Concha Hidalgo, especializada en el impacto emocional de los cambios de imagen, ha señalado que la respuesta ante un problema de salud capilar debe abordarse desde dos planos, “con ciencia” y con “conciencia”. Así, ha defendido que se debe recurrir “única y exclusivamente” a la investigación y, al mismo tiempo, explorar las emociones que provoca la situación para poder expresarlas y gestionarlas adecuadamente.