Un especialista alerta: la estenosis de las carótidas puede progresar sin avisar hasta desencadenar un ictus

Un especialista avisa de que la estenosis carotídea puede progresar sin síntomas hasta causar un ictus y subraya la importancia de la prevención.

3 minutos

Añadir DEMÓCRATA en Google

Publicado

3 minutos

El jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Ruber Internacional, Pablo Gallo, ha advertido de que la estenosis en las arterias carótidas puede avanzar de forma silenciosa hasta desembocar en un ictus, por lo que remarca la necesidad de vigilar de cerca los factores de riesgo cardiovascular.

La estenosis carotídea, originada sobre todo por la acumulación de placas de ateroma en las arterias carótidas, es una de las causas de ictus, de modo que su diagnóstico precoz y un abordaje temprano son claves para evitar daños neurológicos y secuelas permanentes.

“El problema no es únicamente que la arteria se vaya estrechando y disminuya el flujo sanguíneo. Una placa de ateroma también puede volverse inestable, desprender pequeños fragmentos y provocar la obstrucción de alguna arteria cerebral”, ha explicado Gallo.

Esta patología puede evolucionar durante años sin dar señales claras. Sin embargo, la edad avanzada, la hipertensión arterial, el consumo de tabaco, la diabetes, el colesterol elevado, la obesidad, la falta de ejercicio y los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular incrementan la probabilidad de desarrollar aterosclerosis y, en consecuencia, enfermedad carotídea.

“La aterosclerosis no es una enfermedad exclusiva de las carótidas, sino un proceso que puede afectar a diferentes territorios arteriales de todo el cuerpo. Por eso, ante un paciente con dichos factores de riesgo o con enfermedad cardiovascular conocida, debemos realizar una valoración global de su situación vascular”, indica el especialista.

Cuando la estenosis carotídea empieza a manifestarse, los síntomas suelen aparecer de manera brusca. La pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en la cara, un brazo o una pierna —sobre todo en un solo lado—, las dificultades para articular palabras o entender el lenguaje y la pérdida súbita de visión en un ojo son signos que deben hacer pensar en un posible evento cerebrovascular.

En determinados casos, estas señales neurológicas se resuelven solas al cabo de unos minutos u horas, lo que se denomina accidente isquémico transitorio (AIT). “Que los síntomas desaparezcan no significa que el problema haya desaparecido. Un AIT debe considerarse una señal de alarma y requiere una valoración médica urgente, porque puede advertir de un riesgo posterior de ictus”, subraya Gallo.

Por ello, ante la aparición repentina de síntomas compatibles con ictus o AIT, no se debe demorar la consulta ni esperar a que remitan espontáneamente, sino acudir de inmediato a los servicios de urgencias.

Según el experto, una de las ventajas del estudio vascular es que incorpora pruebas no invasivas como el ‘Eco-Doppler’, que permite identificar placas de ateroma y valorar el grado de estrechamiento de la arteria. Este análisis puede ampliarse con técnicas de imagen como el ‘Angio-TAC’, la ‘Angio-RM’ y la arteriografía para obtener una valoración más completa.

“Lo importante no es únicamente saber si existe una placa, sino determinar qué grado de estenosis produce, cómo es esa lesión, si el paciente ha presentado síntomas y cuál es su riesgo individual. Todos estos elementos son los que nos permiten decidir la estrategia más adecuada”, explica Gallo.

NO TODAS LAS ESTENOSIS CAROTÍDEAS NECESITAN CIRUGÍA

El especialista aclara que el hallazgo de una estenosis carotídea no implica de forma automática recurrir a una intervención quirúrgica. El manejo debe adaptarse a cada caso, con un control estricto de los factores de riesgo cardiovascular y la introducción de fármacos que ayuden a estabilizar la placa y evitar que el estrechamiento avance, lo que constituye un pilar básico del tratamiento.

En los pacientes con una estenosis avanzada, presencia de síntomas y un riesgo elevado de ictus, se recomienda la cirugía, que consiste en retirar la placa responsable de la obstrucción y restablecer el flujo sanguíneo adecuado en la arteria afectada.

Además, la prevención sigue siendo esencial: abandonar el tabaco, mantener la tensión arterial, el colesterol y la diabetes bajo control, practicar ejercicio físico de forma regular, conservar un peso adecuado y seguir una dieta equilibrada son medidas fundamentales tanto para evitar la aparición de enfermedad cardiovascular como para frenar su evolución.