Y el cielo hizo magia otra vez. La noche del 28 al 29 de agosto ha dejado un nuevo espectáculo astronómico. El eclipse lunar parcial ha permitido observar cómo la sombra de la Tierra avanzaba sobre el disco de la Luna, en un fenómeno que ha sido visible desde España y desde amplias zonas de Europa, África, América y parte de Asia.
Según la información del Instituto Geográfico Nacional, la Luna llegó a entrar profundamente en la umbra terrestre, aunque el eclipse no alcanzó la totalidad. El máximo del fenómeno se produjo durante la madrugada, mientras las condiciones de observación variaron según la posición geográfica y la hora de salida o puesta de la Luna.
Un eclipse parcial visible desde España
El Instituto Geográfico Nacional situó este fenómeno entre los principales acontecimientos astronómicos visibles desde España durante 2026. La Luna atravesó la sombra de la Tierra y llegó a quedar cubierta en gran parte de su superficie, aunque una pequeña zona permaneció fuera de la umbra.
La observación dependió, como ocurre en todos los eclipses lunares, de la posición del satélite en el cielo en cada punto. En algunas zonas de España fue posible seguir el fenómeno durante más tiempo, mientras que en otras la posición de la Luna respecto al horizonte limitó la observación de algunas de sus fases.
Los datos de la NASA sitúan el máximo del eclipse cuando el 96,3% del diámetro de la Luna se encontraba dentro de la umbra terrestre. Esa profundidad de la entrada en la sombra explica el aspecto especialmente llamativo que presentó el disco lunar durante la parte central del fenómeno.
Durante un eclipse lunar, la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna. La sombra proyectada por nuestro planeta avanza entonces sobre la superficie lunar, modificando progresivamente su aspecto hasta alcanzar el momento de máxima ocultación.
Por qué la Luna puede adquirir tonos rojizos
La entrada de la Luna en la sombra terrestre no significa que desaparezca completamente de la vista. La atmósfera de la Tierra filtra y desvía parte de la luz solar, permitiendo que algunas longitudes de onda alcancen todavía la superficie lunar.
Los tonos rojizos y anaranjados pueden hacerse especialmente visibles durante las fases más profundas del eclipse. Por ese motivo, las imágenes captadas durante la noche han mostrado una Luna muy diferente a su aspecto habitual, con variaciones de color e intensidad según el momento del fenómeno y las condiciones atmosféricas.
Visible desde Europa, África y amplias zonas del mundo
El eclipse lunar del 28 de agosto no se limitó a España. La configuración del fenómeno permitió seguirlo, al menos parcialmente, desde diferentes regiones de Europa, África, América y Asia occidental, aunque el grado de visibilidad y las fases observables cambiaron según cada zona.
La diferencia horaria y la posición de la Luna en el cielo determinaron que mientras en algunos lugares el eclipse pudo contemplarse durante buena parte de su desarrollo, en otros coincidiera con la salida o la puesta del satélite.