Anuncio de la Lotería de Navidad: por qué se protege la identidad de los donantes

El spot de este año, titulado ‘Corazonada’, conecta a un hombre que recibe un trasplante de corazón con la hermana de su donante. Sin embargo, en España la ley impide que las familias de las personas fallecidas que donan órganos conozcan la identidad de quienes los reciben, y viceversa.

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El anuncio de la Lotería de Navidad de 2026, titulado Corazonada y presentado bajo el lema ‘Compartir nos da la vida’, ha elegido la donación de órganos como eje de su historia. El protagonista, Edu, recibe un trasplante de corazón y, tiempo después, conoce a una mujer que buscaba un décimo que había comprado su hermano fallecido. Al descubrir que ella es la hermana de la persona que le ha permitido seguir viviendo, decide compartir el número con ella.

El relato utiliza ese encuentro para transmitir un mensaje de solidaridad, pero plantea una situación que no se corresponde con el funcionamiento habitual del sistema español de trasplantes: la identidad de los donantes fallecidos y de las personas que reciben sus órganos está protegida por ley.

Qué dice la ley sobre el anonimato entre donante y receptor

El artículo 5 del Real Decreto 1723/2012 establece que no puede divulgarse información que permita identificar al donante y al receptor de órganos humanos. La norma también especifica que ni los donantes ni sus familiares pueden conocer la identidad de la persona receptora o de su familia, y viceversa.

Esta confidencialidad busca proteger la intimidad de ambas partes y evitar que se pueda relacionar directamente la obtención de un órgano con el trasplante posterior. Por tanto, en una donación procedente de una persona fallecida, la familia no puede conocer quién ha recibido el órgano de su ser querido, ni el receptor puede averiguar quién fue el donante.

Eso no significa que las familias no reciban información sobre el proceso. La Organización Nacional de Trasplantes (ONT) contempla que puedan conocer datos generales sobre los trasplantes realizados y su evolución, siempre sin revelar la identidad de los receptores.

Cómo funciona la donación de órganos de una persona fallecida

En España, la legislación establece el consentimiento presunto: todas las personas son consideradas donantes potenciales salvo que hayan expresado en vida su oposición. No obstante, el procedimiento contempla mecanismos para respetar la voluntad del fallecido.

La ONT explica que, cuando se produce un posible donante, se consulta el Registro de Instrucciones Previas o Voluntades Anticipadas para comprobar si dejó constancia de su decisión. Si no existe esa declaración, se consulta a su entorno familiar, que puede comunicar cuál era la voluntad de la persona fallecida.

Además, no todas las personas que fallecen pueden donar órganos. Es el equipo médico el que, después de realizar las pruebas necesarias, determina si se cumplen las condiciones clínicas para la donación y qué órganos pueden utilizarse.

Una vez que se confirma la posibilidad de donar, los órganos se asignan a pacientes que los necesitan siguiendo criterios médicos y de distribución establecidos por el sistema de trasplantes. La identidad de las personas implicadas se mantiene protegida durante todo el proceso.

¿Hay excepciones al anonimato?

La normativa contempla algunas diferencias según el tipo de donación. En los trasplantes de donante vivo, por ejemplo, la donación puede realizarse a una persona concreta del entorno familiar, de parentesco o de amistad íntima. En estos casos, ambas partes pueden conocerse, ya que la donación está dirigida a un receptor determinado.

También existe la posibilidad de que una persona se identifique públicamente, de forma libre y voluntaria, como donante o receptora. Sin embargo, esta excepción no permite que las familias de ambas partes conozcan automáticamente la identidad de la otra.

El anonimato, por tanto, es una de las garantías del modelo español de donación y trasplante. Una protección que acompaña al proceso incluso cuando, como en el anuncio de la Lotería de Navidad, la ficción plantea un encuentro entre dos personas unidas por una donación.