Ceuta ha pasado de la saturación a la violencia. Casi un mes después de la entrada masiva de alrededor de 70.000 personas por la frontera con Marruecos, la ciudad ha encadenado en apenas 24 horas la quema de un asentamiento de migrantes, el bloqueo de un convoy de Cruz Roja y un ataque con piedras contra una patrulla militar que dejó cuatro soldados heridos.
Los incidentes trasladan la crisis a una fase más peligrosa. El malestar por la falta de una solución rápida ha salido de las instituciones y ha ocupado las playas y las calles, donde grupos violentos comienzan a mezclarse con las protestas ciudadanas.
La Policía Nacional ha tenido que intervenir para separar a manifestantes y migrantes, proteger el reparto de alimentos y evitar nuevos ataques. El Gobierno de Ceuta, presidido por Juan Vivas, ha llamado a la calma con un mensaje: “Nunca con violencia, unidos somos más fuertes”.
Queman parte del asentamiento de Playa Benítez
El último episodio se produjo durante la tarde del jueves. Un grupo de personas superó el cordón policial que protegía el asentamiento levantado entre las playas de Benítez y El Trampolín y comenzó a destruir tiendas, colchones y pertenencias de los migrantes.
Algunos participantes prendieron fuego a elementos del campamento, lo que provocó una columna de humo visible desde distintos puntos de la zona. Los migrantes abandonaron el asentamiento mientras la Policía trataba de contener a los manifestantes.
Los agentes efectuaron cargas para disolver al grupo y recuperar el control de la playa. No se han comunicado daños personales relacionados con el incendio, aunque sí destrozos en las instalaciones improvisadas en las que dormían los migrantes.
Durante la protesta se escucharon consignas como “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” e “invasores, expulsión”. También fueron increpados periodistas que informaban desde la ciudad. Un reportero tuvo que ser protegido por la Policía después de ser rodeado, insultado y escupido.
El bloqueo al reparto de comida de Cruz Roja
Horas antes, otro grupo había levantado una barrera humana para impedir el paso de un camión de Cruz Roja que transportaba comida y agua hacia El Trampolín. El convoy permaneció bloqueado durante más de dos horas hasta que la intervención policial permitió realizar el reparto.
Los manifestantes consideran que la asistencia humanitaria facilita que los migrantes permanezcan en Ceuta y reclaman que todos aquellos que no tengan derecho a quedarse sean devueltos a Marruecos.
Cruz Roja distribuye diariamente miles de kits de alimentación mientras se tramita la situación de quienes permanecen en la ciudad. El Gobierno sostiene que cualquier devolución debe ajustarse a la ley, especialmente cuando afecta a menores, solicitantes de asilo o personas vulnerables.
La ministra de Sanidad, Mónica García, ha mostrado su apoyo a la organización y ha destacado el trabajo humanitario y sanitario que desarrolla en Ceuta. El bloqueo también ha sido condenado por diferentes partidos y organizaciones sociales.
Cuatro militares heridos y doce detenidos
La violencia ha tenido una segunda dirección. Durante la madrugada del jueves, un grupo de entre 30 y 40 personas rodeó un vehículo militar en la zona de Benzú y comenzó a lanzar piedras de grandes dimensiones.
Cuatro militares resultaron heridos y el vehículo sufrió daños. Los soldados tuvieron que abandonar la zona a pie hasta la llegada de la Policía Nacional y la Guardia Civil.
Doce migrantes de nacionalidad marroquí fueron detenidos por su presunta participación en el ataque. Los militares realizan labores de vigilancia y apoyo a las Fuerzas de Seguridad desde el comienzo de la crisis. Asociaciones profesionales han reclamado que se establezcan instrucciones claras que les permitan protegerse y responder de forma proporcionada cuando sean atacados.
El episodio de Benzú se produjo después de una manifestación multitudinaria que comenzó de manera pacífica, pero acabó alterada por grupos de encapuchados. Algunos participantes denunciaron agresiones, lanzamiento de contenedores y el uso de palos y objetos contundentes.
La Fiscalía registra 16 agresiones sexuales
La fiscal general del Estado, Teresa Peramato, ha aportado otro indicador de la gravedad alcanzada. Desde el comienzo de la crisis se han registrado 16 agresiones sexuales con 17 víctimas.
Dieciséis de las víctimas son mujeres y la mayoría son menores de edad, según los datos trasladados por la Fiscalía de Ceuta. Peramato ha advertido de la especial vulnerabilidad de las menores migrantes en una situación marcada por el hacinamiento y la falta de espacios seguros.
La Fiscalía también ha detectado un incremento de los delitos contra el patrimonio y de los delitos de atentado y resistencia a los agentes de la autoridad.
Estos datos describen procedimientos registrados, pero no permiten atribuir de forma general su autoría ni identificar el origen de los investigados. Cada caso deberá esclarecerse de manera individual.
Un despliegue que no logra recuperar la normalidad
El Gobierno cifra en unos 70.000 los migrantes que accedieron a Ceuta durante los días 30 y 31 de julio. El mando único sostiene que entre el 90% y el 95% ya habría regresado a Marruecos, pero todavía no existe un censo definitivo de las personas que permanecen en la ciudad.
El Ejecutivo ha movilizado alrededor de 1.700 policías y guardias civiles, además del apoyo de las unidades militares desplegadas en Ceuta. También ha anunciado una ampliación de 400 plazas en el CETI y la habilitación de otros emplazamientos para alojar temporalmente a los adultos.
Ángel Víctor Torres mantiene que la prioridad es devolver o repatriar a quienes puedan serlo legalmente, tramitar las solicitudes de asilo y proteger a los menores no acompañados. El responsable del mando único admite, sin embargo, que la recuperación de la normalidad no será inmediata.
Las explicaciones continuarán este viernes en el Congreso con las comparecencias de Fernando Grande-Marlaska, José Manuel Albares y Elma Saiz. Pedro Sánchez comparecerá el 3 de septiembre.
Hasta entonces, la crisis ya ha traspasado otra frontera. La presión migratoria ha desembocado en enfrentamientos entre grupos de vecinos, migrantes y fuerzas desplegadas sobre el terreno. Ceuta no afronta únicamente una emergencia humanitaria y fronteriza: también trata de impedir que la ira termine ocupando las calles.