Solo un 5% de directivos ve retorno claro de la IA pese a tener estrategia definida

La mayoría de directivos ve la IA como estratégica, pero muy pocos logran aún retornos claros ni resuelven la brecha de habilidades y formación en sus plantillas.

5 minutos

Encuentro 'Change Makers: Liderazgo Transformador, Inteligencia Artificial y Personas', OLIVER WYMAN

Encuentro 'Change Makers: Liderazgo Transformador, Inteligencia Artificial y Personas', OLIVER WYMAN

Comenta

Publicado

5 minutos

Más leídas

El 97% de los altos cargos admite el papel estratégico de la inteligencia artificial (IA). Sin embargo, únicamente el 35% sostiene que su organización dispone de una visión de IA bien articulada y que mantiene a sus equipos al día de los avances, y apenas un 5% declara estar logrando un retorno relevante de las inversiones realizadas.

Estas conclusiones proceden del informe “300,000 voices”, elaborado por Oliver Wyman Forum a partir de una encuesta a consumidores de más de 16 países. El documento examina la denominada “curva J” de la productividad asociada a la IA, una fase inicial en la que se concentran fuertes desembolsos antes de que se materialicen beneficios significativos y en la que la productividad aparenta estancarse o incluso retroceder.

El estudio ha servido de punto de partida para la mesa redonda “IA y productividad: Acelerando la Curva-J”, integrada en el encuentro “Change Makers: Liderazgo Transformador, Inteligencia Artificial y Personas”, impulsado por el club Esade Alumni con el patrocinio de Mercer.

En el debate han participado la socia de Telecomunicaciones, Medios y Tecnología y líder de la plataforma de Performance Transformation de Oliver Wyman, Pilar de Arriba, y el líder de la plataforma de IA y de la industria de Servicios Financieros de Oliver Wyman, Alberto Mateos. También se ha sumado el director Ejecutivo de la división de Refino y Química de Repsol, Jaime Martín-Juez.

“Aún no se observan mejoras de productividad a nivel macro porque el comportamiento humano evoluciona mucho más lento que la tecnología. Capturar el valor de la IA no es cuestión de paciencia ni de multiplicar la inversión: hace falta rediseñar operaciones e incentivos, formar a la plantilla y comunicar con claridad práctica. Las compañías han empezado por definir su estrategia y sólo ahora se enfrentan a estructurar la implementación real”, ha señalado De Arriba.

La intensidad de inversión, el grado de adopción y la existencia de una hoja de ruta clara en IA difieren de un sector a otro, por lo que la prioridad para cada industria pasa por detectar las capacidades que aún no posee y aprender de quienes ya las han desarrollado.

La industria tecnológica se consolida como pionera, concentrando un volumen de inversión superior al del resto de sectores en conjunto. Las telecos sobresalen por haber incorporado la IA en procesos troncales y por su fuerte apuesta en infraestructuras y disciplina en la ejecución, mientras que los servicios financieros destacan por contar con una estrategia, una comunicación y unas políticas internas definidas, aunque no siempre se reflejan en la operativa cotidiana.

En paralelo, se observa en este último sector una menor iniciativa y apertura ante la IA por el temor a la destrucción de empleo, con un 65% de la plantilla inquieta por la posible sustitución de su puesto. En contraste, en la manufactura la disposición de los trabajadores a colaborar con estas tecnologías es especialmente elevada.

“El cambio es ineludible, nosotros seremos la última generación en trabajar sólo con humanos. El verdadero reto ahora es convertir esa productividad adicional de la IA en valor y crecimiento nuevos”, ha apuntado De Arriba.

Europa, a la zaga en adopción de IA

Las diferencias en el despliegue de la IA también se aprecian por regiones. Europa progresa, pero lo hace con más lentitud que otras zonas del mundo, lastrada por una menor confianza y por un esfuerzo público más reducido. Aun así, está recortando distancias y registra el mayor incremento interanual (13%) en uso de IA en el trabajo entre 2024 y 2025.

En el caso de España, la inversión privada en IA se sitúa claramente por debajo de la de otros países europeos, al tiempo que aumenta la preocupación social por el efecto de estas tecnologías sobre el empleo.

La implantación de la IA supone, ante todo, una transformación centrada en las personas. Lo que realmente define la “curva J” es disponer de un sólido motor “de última milla” capaz de traducir los proyectos piloto en adopciones efectivas a gran escala.

“El reto más complejo al que nos enfrentamos es ayudar a los líderes a visualizar cómo serán esas organizaciones y modelos operativos del futuro, que combinan a humanos e IA, cada uno haciendo lo que hace mejor en lugar de hiperautomatizar lo que se viene haciendo desde hace 20 años”, ha explicado el líder de la plataforma de IA y de la industria de Servicios Financieros de Oliver Wyman, Alberto Mateos.

Por su parte, el director ejecutivo de la división de Refino y Química de Repsol, Jaime Martín-Juez, ha subrayado que “el éxito del despliegue de estas tecnologías depende del cuidado en la última milla y de evitar objetivos ambiguos o definiciones confusas”.

Martín-Juez ha añadido que “con estas condiciones, el cambio avanza de forma natural y se crean redes de personas que cumplen los hitos y se atreven a innovar y a desafiarse unos a otros”. “Ya empezamos a ver retornos, y nuestra ambición es más estructural: generar un modelo de híper-rendimiento que, al igual que la tecnología, se optimice a sí mismo”, ha concluido.

Realización profesional y brecha en formación

Durante la sesión también se ha analizado el giro en las expectativas laborales. Según “300,000 voices”, desde 2023 la falta de realización profesional se ha convertido en la segunda queja más frecuente en el trabajo, sólo superada por la relativa a la remuneración.

En Europa, el 52% de los empleados afirma sentirse realizado en su puesto, frente al 56% de media global. En España, el porcentaje asciende al 54%, ligeramente por encima de la media comunitaria.

No obstante, se aprecian diferencias llamativas en el uso de la IA. En Europa, la adopción es mayor entre quienes se sienten realizados que entre quienes no (57% frente al 51%).

En España sucede lo contrario: el uso es más intenso entre los profesionales que no se sienten realizados (62% frente al 59%). Además, se detecta una ambición clara y un entusiasmo creciente por acelerar la incorporación de nuevas tecnologías.

En paralelo, la demanda de formación por parte de las plantillas se ha duplicado en el último lustro, y dos de cada tres trabajadores consideran que no están adquiriendo las capacidades que necesitan.

En los últimos tres años, un tercio de las competencias requeridas para el empleo medio ha cambiado, pero muchas compañías todavía no han encontrado la fórmula para abordar el “reskilling” a gran escala, lo que genera una brecha evidente entre la oferta formativa empresarial y las necesidades de los empleados.

Los profesionales solicitan principalmente “trainings” para reforzar habilidades técnicas y específicas de su función, donde la oferta se aproxima más a la demanda, y competencias interfuncionales y de liderazgo, ámbitos en los que la distancia entre lo que se ofrece y lo que se pide se amplía. En todos los casos, la demanda de formación sigue superando con creces a la oferta.

En Europa, los trabajadores muestran menos confianza que en otras regiones en su capacidad para adquirir las nuevas habilidades, con una brecha especialmente acusada en Italia, Francia y Reino Unido.

España presenta una distancia mayor entre oferta y demanda de formación (6%) que el resto de Europa (2%) y que el promedio mundial (4%), con una petición de habilidades específicas del puesto superior a la de Europa o al resto del mundo (47% frente al 36% y 38%, respectivamente).

“Hoy, ya no basta con que Recursos Humanos sea una función eficiente, sino que debe ser una función capaz de generar ventaja competitiva. Sin embargo, persiste una brecha significativa entre la importancia estratégica atribuida a Recursos Humanos y su nivel real de madurez en ámbitos críticos como digitalización, analítica avanzada y adopción de IA. En este contexto, el mandato para los CHROs es claro: evolucionar de gestores funcionales a protagonistas de la transformación empresarial”, ha sostenido el socio de Mercer España y vocal de la JD Club Dirección de Personas, David Novoa.