Tubacex ha registrado un beneficio neto de 1,3 millones de euros en el primer trimestre del ejercicio, lo que supone un retroceso del 84% frente al mismo periodo de 2025. La compañía atribuye este fuerte descenso a la menor actividad y a la imposición de aranceles al acero por parte de Estados Unidos, “que han retrasado y condicionado las decisiones de compra e inversión de los clientes de Tubacex a nivel general”, según señaló este viernes en un comunicado.
A este contexto se añadió la irrupción de la guerra en Irán a finales de febrero. Este conflicto provocó en marzo paradas de producción en la planta de Tubacex en Abu Dabi, así como disrupciones en la cadena de suministro, “con un impacto directo en el ritmo de actividad y la facturación del trimestre”.
Como consecuencia, el grupo cerró el primer trimestre con una cifra de negocio de 154,2 millones de euros, un 15,4% menos que en los tres primeros meses de 2025.
Entre enero y marzo, el resultado bruto de explotación (Ebitda) alcanzó los 20 millones de euros, lo que representa una caída del 35,4% frente al mismo periodo del año anterior. No obstante, la empresa logró mantener su margen Ebitda “en un nivel razonable del 13%”, apoyado “a la disciplina operativa, diversificación geográfica e industrial, y al destacado peso de soluciones de mayor valor añadido dentro del mix de negocio del Grupo”.
El resultado neto de explotación (Ebit) se situó en 7,4 millones de euros, un 61,2% menos que en el primer trimestre del año pasado. Por su parte, el beneficio antes de impuestos fue de 1,8 millones de euros, claramente por debajo de los 11,2 millones de euros contabilizados entre enero y marzo de 2025.
La compañía mantiene como ejes de gestión la protección de la rentabilidad, el control del capital circulante y la mejora de la conversión en caja. Esta estrategia le ha permitido generar 6 millones de euros de caja en el trimestre y cerrar marzo con una deuda financiera neta de 338,8 millones de euros.
De cara al segundo trimestre, el grupo conserva una visión “prudente”, ante la persistencia del conflicto en Oriente Próximo y de un entorno comercial “todavía inestable, que seguirán condicionando la evolución de los resultados”.